Biocombustibles mitigan ahora los impactos de las guerras fósiles
RÍO DE JANEIRO – Los biocombustibles, alimentados primero por alzas abruptas de los precios petroleros en 1973 y 1979, luego impulsados como mitigadores de la contaminación urbana y del cambio climático, se destacan ahora como protección contra azares de las guerras y de la energía fósil.
Un amplio desarrollo de la agricultura energética es un “arma secreta” de que dispone Brasil ante la nueva crisis del petróleo, desatada por los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán el 28 de febrero, según publicó la revista británica The Economist del 26 de marzo.
El etanol, producido principalmente de la caña de azúcar, equivale a casi el mismo volumen de gasolina consumida en el país, cuyos automóviles de fabricación nacional son casi todos flexibles, es decir, usan tanto gasolina como etanol puros o mezclados en cualquier proporción. Son “total flex”, una tecnología nacional dominante desde 2003.
Además, la legislación de incentivo a los biocombustibles exige 30 % de etanol anhidrido adicionado en la gasolina y 15 % de biodiesel en el diésel fósil, desde agosto de 2025.
“Diversificar, no depender de un solo producto, es prioritario. La crisis actual no es solo energética, involucra también los fertilizantes. Muchos insumos esenciales para la agricultura provienen del petróleo”: Suzana Kahn.
La Ley Combustible del Futuro, aprobada en 2024, autoriza adiciones a la mezcla de hasta 35 % y 25 %, respectivamente. El aumento gradual de esas mezclas tiende a acelerarse si se prolonga la guerra en Medio Oriente, que ya provocó un alza de cerca de 50 % en el precio internacional del petróleo.
Esa realidad, construida en los últimos 40 años, permite a Brasil atenuar los efectos inflacionarios de la nueva crisis del petróleo. Los precios de la gasolina subieron poco más de 7 % desde el comienzo de la guerra y los del diésel cerca de 23 %, alzas limitadas a una cuarta parte y la mitad, respectivamente, de las de Estados Unidos.
Ambos países son exportadores netos de petróleo y Estados Unidos produce más etanol que Brasil en términos absolutos, 62 430 millones de litros frente a 32 740 millones en 2025, según la estadounidense Asociación de Combustibles Renovables, pero menos en proporción al consumo nacional.
Ambos países concentran 79 % de la producción mundial del biocombustible.

¿Los biocombustibles neutralizan el alza del petróleo?
Los biocombustibles limitan pero no logran evitar alzas de precios porque Brasil, aunque autosuficiente en petróleo desde 2006 y luego exportador neto, aún importa diésel y gasolina. Sus refinerías no atienden toda la demanda.
“Brasil es menos vulnerable, pero sigue vulnerable”, reconoció Felipe Barcellos e Silva, ingeniero eléctrico e investigador del no gubernamental Instituto de Energía y Medio Ambiente.
“Los biocombustibles ejercen un papel saludable, ofrecen seguridad energética, pero no estabilizan precios, tienden a seguir las alzas de los fósiles, aunque de forma limitada”, explicó a IPS desde São Paulo.
Es “una decisión de mercado”, los productores de etanol pueden contener sus precios para hacerse más competitivos y aumentar sus vendas, acotó. O ampliar sus utilidades por otra vía: el alza de precios.
Brasil creó en 1975 el Programa Nacional del Alcohol (Proalcohol) como reacción al shock del petróleo de dos años antes, cuando la Organización de los Países Productores de Petróleo (Opep) decidió reducir la producción para aumentar sus precios, que más que triplicaron enseguida.
La crisis golpeó duramente la economía brasileña y puso fin a su período de “milagro”, de cinco años con crecimiento superior a 10 %. Brasil importaba entonces más de 80 % del petróleo consumido y su auge se basaba en la industria automotriz.
La crisis debilitó la dictadura militar iniciada en 1964 y de creciente impopularidad hasta su final en 1985, en medio a una elevada inflación y deuda externa.
El Proalcohol tuvo sus altibajos, con momentos de pérdida de credibilidad por escasez de oferta y desastres ambientales, pero creció y se consolidó a partir de 2003 con el automóvil “total flex”, que generó seguridad a productores y consumidores.

¿Por qué se rechazó el etanol?
En esa época las polémicas sobre la validez del etanol, antes concentradas en las cuestiones ambientales, se incorporó de forma aguda la seguridad alimentaria. Ganó fuerza en los años siguientes las denuncias de que los biocombustibles estarían quitando tierras a la producción de alimentos y encareciéndolos.
Las acusaciones más dramáticas se dirigían al uso del maíz para hacer etanol en Estados Unidos, con impacto directo en México, país de gran consumo del cereal. /
Ese argumento fue decisivo para que Cuba no se sumara a la producción del etanol carburante, pese a sus sucesivos planes para diversificar sus fuentes energéticas y los intentos brasileños de atraer países productores de caña de azúcar a la actividad.
Brasil, especialmente durante los gobiernos del presidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010 y 2023-2026), desplegó un gran esfuerzo para fomentar el etanol en otros países en desarrollo, ofreciendo cooperación y el conocimiento acumulado en su país.
Buscaba convertir el combustible alternativo en un producto libremente comercializado en el mundo, un objetivo imposible con su producción prácticamente monopolizada por Brasil y Estados Unidos.

¿Qué países se sumaron al etanol en América Latina?
Por eso en marzo de 2007, Lula firmó con el entonces presidente estadounidense George W. Bush (2001-2009) una alianza para fomentar el etanol en otros países. No resultó y extendió hasta Brasil el rechazo ambientalista al aprovechamiento energético del maíz, más fuerte que en relación a la caña de donde lo generaba el país.
El etanol brasileño era solo de caña hasta 2017, cuando se sumó el maíz, con sus grandes excedentes en la región Centro-oeste, producto de la segunda siembra anual donde antes se cosechó la soja. Hoy el cereal ya responde por cerca de 20 % de ese biocombustible destilado en Brasil.
Cuba, el mayor exportador mundial de azúcar de caña hasta el comienzo de los años 90, hubiera sido un socio obvio, pero se frustró al sumarse el entonces presidente Fidel Castro a la tesis contraria al uso no alimentario.
Pero otros países latinoamericanos, también productores caña, como Argentina y Colombia fueron estimulados y se sumaron más de 25 años después de Brasil, al comenzar este siglo, y siguen sumando etanol a su combustible.
Colombia adoptó una ley en 2001 que mezcla a la gasolina 10 % de etanol, que promovió programas ambiciosos tanto de etanol de caña como de biodiésel de aceite de palma, en un desarrollo que ha enfrentado problemas sociales y ambientales, además de la guerra interna, apaciguada tras el Acuerdo de Paz de 2016 con la guerrilla mayoritaria.
En Argentina una ley de 2006 fijo la mezcla de al menos 5 % de etanol en la gasolina desde 2010.
“La expansión del etanol enfrentó resistencias a causa de incertidumbres en la oferta de gran escala, temas como alimentos versus combustible, el proteccionismo europeo a su etanol de remolacha, mucho más caro, y la falta de una política más agresiva del gobierno y el sector privado de Brasil”, evaluó el economista Jorge Abache, profesor de la Universidad de Brasilia.
Ahora se suman factores geopolíticos, de autonomía energética, sospechas de deforestación para ampliar la producción del etanol, uso de trabajo esclavo, es decir mucho proteccionismo, especialmente en Europa, acotó.
“Pero hechos geopolíticos actuales se imponen y muchos países consideran ahora la adición de etanol a la gasolina, como forma de reducir la dependencia de los fósiles y la contaminación. India es un ejemplo reciente”, matizó a IPS desde Brasilia.

¿Europa aprueba los biocombustibles?
“Muchos países desarrollados, europeos en particular, no reconocen los biocombustibles como verdes. Argumentan la falta de claridad sobre el impacto de la siembra de caña y otras materias primas agrícolas, como la deforestación, o que ocupan tierras que deberían destinarse a alimentos”, corroboró Sandra Rios, directora del brasileño Centro de Estudios de Integración y Desarrollo.
Es lo que se denomina barrera no arancelaria. En el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercado Común del Sur (Mercosur), integrado por Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay, se prevé cotas de los biocombustibles en el libre comercio entre los dos bloque, dijo Rios, en entrevista a IPS en Río de Janeiro.
Pese a todo ha habido avances en los últimos años, con más de 70 países adoptando adiciones variadas a la gasolina. En septiembre de 2023, se firmó en Nueva Delhi, durante la cumbre del Grupo de 20 (G20) de mayores economías industriales y emergentes, la Alianza Global de Biocombustibles, que ya cuenta 33 países y 14 organizaciones internacionales.
Cuadruplicar la producción de combustibles sostenibles para 2035 en el mundo es la meta del “Compromiso de Belém”, lanzado por Brasil, India, Italia y Japón, en la 30 Conferencia de las Partes (COP30) sobre cambio climático, que tuvo lugar en noviembre de 2025 en Belém, en la Amazonia brasileña.
El papel de pionero y liderazgo brasileño se acentúan con el etanol de segunda generación, que ya produce con la paja de la caña y otros residuos celulósicos. Se suman investigaciones que apuntan ventajas en el uso del etanol en la producción del combustible sostenible de aviación (SAF, en inglés) y de hidrógeno verde.

¿Cómo queda Brasil?
Así, Brasil enfrenta la nueva crisis del petróleo como una referencia mundial en energías renovables y biocombustibles. No es pionero en otros frentes, pero como mayor productor y exportador de soja, le sobra el aceite para producir el biodiesel y elevar pronto a más de 15 % su participación en la mezcla al diésel fósil.
“Diversificar, no depender de un solo producto, es prioritario. La crisis actual no es solo energética, involucra también los fertilizantes. Muchos insumos esenciales para la agricultura provienen del petróleo”, advirtió Suzana Kahn, profesora de la Universidad Federal de Río de Janeiro, donde dirige el Instituto de Posgrado e Investigación de Ingeniería.
Esa diversificación se refiere a las fuentes de energía y también a los derivados. “La independencia en relación al petróleo no se limita al biocombustible”, sino mirar la cadena integrada, que involucra el aprovechamiento del bagazo de la caña de azúcar para generar electricidad, su vinaza para hacer biogás y biometano, ejemplificó a IPS.
Además, desarrollar alternativas a la petroquímica, producir plástico, medicamentos y otros derivados del etanol y la biomasa, acotó.
Brasil no está aprovechando sus ventajas, “la flexibilidad y diversidad” de sus alternativas energéticas, al reaccionar al alza de los precios del petróleo con subsidios para evitar la inflación, según Adriano Pires, economista y director del Centro Brasileño de Infraestructura, una empresa de consultoría.
El gobierno brasileño intentó desgravar los derivados como diésel y gasolina para contener el alza de precios luego de estallar la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero. Ante resistencias de los gobiernos de los 26 estados brasileños, optó por subsidiar los combustibles.
“Abaratar los derivados petroleros le quita competitividad a los biocombustibles, puede inviabilizarlos porque ellos necesitan de inversiones privadas a largo plazo que rechazan el control de precios”, argumentó Pires a IPS.
La tendencia, acentuada por la crisis, es de incremento de los biocombustibles, de matrices energéticas más diversificadas, luego de un siglo XX dominado por los fósiles, concluyó.
ED: EG
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