9 abril 2026
Las mujeres viven más tiempo, pero no vidas más saludables
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NACIONES UNIDAS – Las mujeres viven más que nunca, pero no gozan de una mejor salud, campo en el que siguen con menos probabilidades de ser tomadas en serio y diagnosticadas o tratadas adecuadamente, indicó un nuevo reporte de ONU Mujeres, la agencia de las Naciones Unidas para la igualdad de género.

Así, desde diagnósticos erróneos hasta prejuicios médicos profundamente arraigados, las deficiencias en los sistemas de salud continúan afectando la salud de las mujeres, su seguridad y calidad de vida.

Si bien la salud es un derecho humano fundamental, aún no está garantizada para todos, y las desigualdades persisten en uno de los ámbitos más esenciales de la vida cotidiana.

Las mujeres tienen más probabilidades de que se minimice su dolor, se malinterpreten sus síntomas y se les diagnostiquen sus enfermedades tardíamente, debido a un sistema médico diseñado históricamente sin tener en cuenta su realidad.

ONU Mujeres señala en su reporte que se han logrado avances cuantificables. Entre 2000 y 2023, la mortalidad materna disminuyó 40 %, pasando de 328 a 197 muertes por cada 100 000 nacidos vivos en todo el mundo.

La tasa de fecundidad adolescente disminuyó de 66,3 a 38,3 nacimientos por cada 1000 niñas de entre 15 y 19 años, entre los años 000 y 2024.

La proporción de partos atendidos por personal cualificado aumentó de 60,9 % a 86,6 %, y la proporción de mujeres que utilizaron métodos modernos de planificación familiar aumentó de 73,7 % a 77,1 %.

Sin embargo, estos avances siguen siendo desiguales. En los países menos desarrollados, el número de nacimientos entre adolescentes aumentó de 4,7 millones en 2000 a 5,6 millones en 2024.

Las mujeres también viven más que los hombres -con una esperanza de vida 3,8 años mayor-, pero pasan más años con mala salud. En 2021 vivieron un promedio de 10,9 años con mala salud, en comparación con los ocho años de los hombres.

Esa mala salud incluye afecciones crónicas como trastornos musculoesqueléticos, enfermedades ginecológicas, migrañas y depresión.

El reporte de ONU Mujeres expuso que, a pesar de los avances en medicina, muchas herramientas de diagnóstico no se han modernizado para priorizar la comodidad, la dignidad y la seguridad de las mujeres.

Por ejemplo, el espéculo, ampliamente utilizado durante los exámenes pélvicos, ha cambiado muy poco desde su invención en el siglo XIX.

Están surgiendo iniciativas para replantear estos instrumentos, en particular a través de innovaciones lideradas por mujeres, pero su adopción en los sistemas de salud pública sigue siendo limitada.

Las afecciones que afectan a las mujeres a menudo siguen estando poco estudiadas y reciben escasa financiación. El síndrome premenstrual (SPM), que afecta a la mayoría de las mujeres y niñas, recibe menos atención, por ejemplo, que trastornos como la disfunción eréctil.

Durante décadas, este desequilibrio ha condicionado la forma en que se entiende -o se malinterpreta- el dolor de las mujeres, minimizándolo, trivializándolo y, con demasiada frecuencia, dejándolo sin respuesta.

Aunque surgen novedades políticas; en 2023, España introdujo la baja menstrual remunerada, sumándose a otros países como Japón, Indonesia y Zambia. Sin embargo, el estigma y la falta de información siguen limitando su uso.

La endometriosis (un tejido similar al revestimiento uterino crece fuera del útero, causando dolor pélvico intenso, infertilidad y fatiga) afecta a una de cada 10 mujeres y niñas en todo el mundo, casi 190 millones de personas. Sin embargo, el diagnóstico puede tardar entre cuatro y 12 años.

Estas demoras reflejan una tendencia más amplia: el dolor de las mujeres a menudo se normaliza o se ignora, lo que conlleva un sufrimiento prolongado y un retraso en el tratamiento.

Hasta 1993, las mujeres estuvieron en gran medida excluidas de los ensayos clínicos. Por lo tanto, muchos tratamientos se desarrollaron utilizando datos basados en la biología masculina.

Eso tiene consecuencias duraderas: las mujeres son más propensas a sufrir reacciones adversas a los medicamentos y sus síntomas pueden malinterpretarse. Las enfermedades que afectan principalmente a las mujeres, en particular las autoinmunes, siguen estando poco estudiadas.

Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte entre las mujeres. Sin embargo, los síntomas más conocidos se basan en gran medida en modelos masculinos.

Las mujeres pueden experimentar síntomas diferentes, como fatiga, náuseas, dificultad para respirar o dolor de mandíbula o espalda. Estas diferencias pueden retrasar el diagnóstico y el tratamiento, aumentando el riesgo de muerte.

Debido a que estos síntomas no se identifican con tanta claridad, a veces algunas mujeres son enviadas a casa sin la atención médica adecuada.

Otro problema radica en la escasa representación de las mujeres en puestos de liderazgo en el sector sanitario. Sin embargo, las médicas y líderes tienden a priorizar la atención centrada en el paciente, las prácticas basadas en la evidencia y las políticas que mejoran los resultados de salud de las mujeres.

El informe indica que, para reducir estas desigualdades, es necesario implementar sistemas de salud que reflejen la realidad de las mujeres. Eso implica una investigación más inclusiva, mejores datos, herramientas de diagnóstico más eficaces y un mayor reconocimiento de los síntomas y las experiencias de las mujeres.

Los datos demuestran que una mayor inclusión puede mejorar los resultados de los pacientes y reducir las tasas de mortalidad, por lo que el informe sostiene que también es fundamental aumentar la presencia de mujeres en puestos de liderazgo.

A-E/HM

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