31 marzo 2026
La guerra de Irán amenaza con una crisis alimentaria mundial
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KUALA LUMPUR –  Aunque la cobertura mediática de las restricciones impuestas por Irán al paso por el estrecho de Ormuz se centra en los precios del combustible, el cierre parcial también está interrumpiendo el suministro de fertilizantes y otros productos esenciales, lo que supone un riesgo de catástrofe para miles de millones de personas en todo el mundo.

El cuello de botella de Ormuz

Desde que comenzó la guerra, solo unos pocos de los cientos de buques que antes atravesaban a diario el estrecho de Ormuz siguen haciéndolo.

Ormuz no es solo un cuello de botella en una ruta marítima para el petróleo y el gas; tiene implicaciones estratégicas para los fertilizantes, el helio y otras exportaciones que requieren un uso intensivo de energía, así como para los alimentos y otras importaciones a la región.

Jomo Kwame Sundaram
Jomo Kwame Sundaram

El aumento de los costes energéticos afecta a la mayoría de las necesidades de transporte y agricultura, como la labranza y la cosecha, así como al suministro de fertilizantes.

Las guerras, especialmente las prolongadas, tienen efectos duraderos, incluso para los sistemas agroalimentarios. Sin inversiones previas, no es fácil aumentar la producción en otros lugares.

No se dispone fácilmente de fuentes alternativas de suministro de fertilizantes, especialmente porque rara vez se han explorado seriamente las opciones agroecológicas a pesar de su viabilidad demostrada.

Al igual que ocurre con la generación de energía renovable para reducir la necesidad de importaciones de petróleo, no está claro si la inminente crisis alimentaria acelerará la necesaria y viable transición agroecológica para mejorar la seguridad alimentaria.

Interrupción del suministro de alimentos

Los retrasos en los envíos y la congestión portuaria interrumpen el suministro, el comercio y la disponibilidad de alimentos.

Las poblaciones del Golfo, a las que se suman millones de trabajadores migrantes, han pasado a depender de las importaciones de alimentos como el trigo, el arroz, la soja, el azúcar, el aceite de cocina, la carne, los piensos y otros productos.

Muchos Estados han intentado recientemente mejorar su seguridad alimentaria, ampliando las reservas estratégicas, invirtiendo en la agricultura alimentaria y en rutas de suministro alternativas.

Estas medidas han mejorado la resiliencia, pero no pueden hacer frente a un bloqueo prolongado del Golfo. Alrededor de 70 % de los alimentos destinados a Arabia Saudí, Iraq y los emiratos del Golfo pasan por Ormuz.

K Kuhaneetha Bai

Sustituir las importaciones de alimentos interrumpidas para unos 100 millones de personas requeriría transportar casi 100 millones de kilogramos (kg) de alimentos a la región diariamente por otros medios.

Abastecer de alimentos a la región del Golfo bajo bloqueo requeriría una operación sin precedentes, posiblemente a través de un espacio aéreo disputado.

En 2024, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU distribuyó unos siete millones de kg de alimentos al día a 81 millones de personas en 71 países.

La escasez de alimentos y las subidas de precios provocadas por las condiciones meteorológicas desencadenaron inestabilidad política en 2008 y en el bienio 2010-2011. Dado que los sistemas alimentarios de todo el mundo son cada vez más vulnerables a las crisis climáticas, la inseguridad alimentaria amenaza a los regímenes en todas partes.

Fertilizantes

Los agricultores de todo el mundo necesitan un suministro estable de fertilizantes y combustible.

La guerra de Irán amenaza con interrumpir estos suministros, tan cruciales para la producción agrícola. Los cultivos básicos como el trigo, el arroz y el maíz dependen en gran medida de los fertilizantes.

Irán, Qatar, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Baréin envían productos petrolíferos a través de Ormuz, incluida una quinta parte del gas natural licuado (GNL) del mundo.

Dado que el GNL es clave para la producción de muchos fertilizantes, las exportaciones del Golfo han cobrado mayor importancia, especialmente después de que la guerra redujera las exportaciones de Ucrania y de que China y Rusia también redujeran las suyas.

En 2024, Medio Oriente representó casi 30 % de las principales exportaciones de fertilizantes, incluidos los nitrogenados, los fosfatados y los potásicos.

Unicamente el Golfo exportó 23 % del amoníaco mundial y 34 % de la urea, mientras que entre 30 % y 40 % de las exportaciones mundiales de fertilizantes nitrogenados pasan por Ormuz.

A mediados de 2025, Kpler -una plataforma que maneja en tiempo real el flujo mundial de más de 40 materias primas, en especial el petróleo- estimó que un cierre de Ormuz podría reducir el suministro de fertilizantes en 33 %, con una caída de 44 % en los fertilizantes a base de azufre y de 30 % en la urea.

La reducción de las exportaciones de fertilizantes nitrogenados perjudicaría a los principales exportadores de alimentos, como Brasil, Estados Unidos, Tailandia y la India, todos ellos muy dependientes de las importaciones de fertilizantes. Sin embargo, el impacto de la escasez podría retrasarse hasta que se agoten las existencias importadas.

A medida que la guerra se prolongue, los agricultores podrían reducir el uso de fertilizantes sembrando menos o pasando a cultivos que requieran menos. A su vez, unas cosechas más escasas afectarían negativamente a las inversiones, las siembras y el uso de fertilizantes posteriores.

¿Quién sufre más?

Las consecuencias económicas del ataque no provocado de EE. UU. e Israel contra Irán y las respuestas de Teherán se están extendiendo rápidamente y de forma catastrófica, especialmente para los más vulnerables.

Los nuevos dirigentes de Irán desconfían de Washington y mantendrán cerrado el estrecho de Ormuz -asfixando el flujo de combustible, alimentos y fertilizantes a través de él- para obtener las garantías que necesitan para reducir su vulnerabilidad.

A medida que continuaban los ataques contra Irán, Teherán intensificó los ataques selectivos contra infraestructuras en los reinos del Golfo que albergan instalaciones militares estadounidenses. Las iniciativas lideradas por Estados Unidos han proporcionado escaso alivio a sus aliados.

El impacto mundial es desigual, y los más pobres son los que más sufren. Asia y África se han visto muy afectadas por su gran dependencia de las importaciones de petróleo, gas y fertilizantes.

Los recortes en la ayuda de las naciones ricas para aumentar el gasto militar han agravado la pobreza y el hambre de millones de personas, muchas de las cuales son también víctimas de la guerra y la agresión.

A diferencia de los ricos, muchos trabajadores migrantes en el Golfo que no pueden marcharse tendrán dificultades para llegar a fin de mes y enviar dinero a sus familias.

Y mientras la atención mundial se ha centrado en el Golfo, Israel ha empeorado las condiciones en Gaza al tiempo que se ha apoderado del sur del Líbano y ha agravado el sufrimiento de Yemen.

Preocupada por las represalias en las elecciones de mitad de periodo de noviembre, la Casa Blanca está muy interesada en un alto el fuego.

Pero no ha ofrecido condiciones aceptables para Irán, que sigue desconfiando del compromiso de Estados Unidos con sus propias promesas, por no hablar del Estado de derecho.

Por lo tanto, es poco probable que los dirigentes iraníes acepten un alto el fuego sin garantías creíbles de su seguridad futura frente a una renovada agresión israelí y estadounidense.

La guerra de Irán ha puesto de relieve, una vez más, los daños colaterales de la guerra y la vulnerabilidad del sistema alimentario. Mientras tanto, el sufrimiento de los más vulnerables es ignorado por las grandes potencias, que prestan poca atención a su difícil situación.

T: MF / ED: EG

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