21 marzo 2026

Las Fiestas de San Roque de Calatayud, diversión en una «marea de color» sin perder su esencia religiosa

Las Fiestas de San Roque de Calatayud, diversión en una "marea de color" sin perder su esencia religiosa
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La ciudad bilbilitana triplica su población en unos días con un gran peso emocional

CALATAYUD (ZARAGOZA), 21 Diario Dia

Más de media España está de fiestas patronales en torno al 16 de agosto, día de San Roque, pero muy pocas están declaradas de Interés Turístico Regional. Es el caso de las fiestas que la ciudad zaragozana de Calatayud celebra en torno a este santo, en las que sus calles se convierten en una «marea de color», adaptándose a las nuevas formas de divertirse, pero sin perder su esencia ni olvidar su origen religioso. Este año, además, estarán precedidas de un acontecimiento histórico: el eclipse de sol total del 12 de agosto, que se verá especialmente bien desde este punto de Aragón.

Las Fiestas de San Roque son las más esperadas y populares de las cuatro que la antigua ‘Bilbilis’, ciudad bimilenaria, tiene reconocidas como de Interés Turístico Regional, de las más de cien que hay en todo Aragón, una tierra con historia en la que el visitante conecta con las tradiciones y con quienes las sienten y las conservan.

La Semana Santa, las Alfonsadas, el Rosario de Cristal y el San Roque son las cuatro fiestas con las que la cuarta ciudad de Aragón sella la antigüedad y el valor de lo local frente a la uniformidad de lo global.

El conocido como ‘San Roque bilbilitano’ es una celebración de la ciudadanía organizada en diez peñas multitudinarias y en una respetada cofradía, a las que el Ayuntamiento de la localidad y la Iglesia apoyan y acompañan.

ORIGEN MEDIEVAL

Curiosamente, San Roque –abogado y protector de la peste– no es patrón de este municipio zaragozano –lo es San Íñigo–, pero en su honor son las celebraciones más populares, las que levantan pasiones, que hace siete décadas experimentaron una profunda transformación, crecieron y se enriquecieron manteniendo su raíz. Tampoco hay que olvidar a la patrona, la Virgen de la Peña.

La devoción a este santo, originario de la ciudad francesa de Montpellier, data probablemente de la Edad Media. De hecho, hay documentos de 1520 en los que queda constancia de que el municipio contaba con una reliquia, por lo que se cree que en aquel momento nacería la cofradía sin la que no se entenderían estos festejos y se levantaría una modesta construcción popular que domina la ciudad y a la que se acude en romería la madrugada del 16 de agosto.

Al menos desde el año 1600, hay referencias escritas de la existencia de la ermita, que se abre a partir del 1 de agosto para que los feligreses puedan acudir por la mañana o al atardecer. Tocan el ‘campanico’ o cantan los gozos al santo en un ambiente general de espera nerviosa por lo que empieza el día 13.

UNAS FIESTAS «ASENTADAS»

«Son unas fiestas que ya están muy asentadas dentro de ese puente que no deja de ser fiesta en toda España», pero que en Calatayud tienen «una serie de particularidades» que hacen que prácticamente de duplique o casi se triplique la población en esos días, ha indicado a los medios el alcalde, José Manuel Aranda.

Por supuesto, comercio, hoteles y restaurantes están «llenos» en esos días y la plaza de España se abarrota con «siete u ocho mil personas» para el chupinazo que da inicio a las fiestas.

Aranda destaca sobre todo el «colorido» que inunda las calles bilbilitanas y el «componente emocional» que tienen las fiestas, con un santo al que se le tiene «muchísima tradición», que cuenta con más de mil cofrades, que esperan anualmente el sorteo que determina quién de ellos podrá tenerlo en su domicilio todo el año, donde será visitado por todos los devotos.

Otro acto «importantísimo» y especialmente emotivo para el alcalde es la subida a San Roque, que tiene lugar en la madrugada del 15 al 16 de agosto: «Desde las cinco menos cuarto de la mañana, la corporación está esperando a la cofradía, junto con las peñas y, al son de las charangas, se va subiendo a la ermita, donde se celebra una ceremonia religiosa».

Las novedades y el resto de la programación irán anunciándose en los próximos meses, comenzando con la elección del ‘Peñista del Año’, los artistas que actuarán durante esos días o los festejos taurinos, con un gran arraigo en Calatayud, que este año serán organizados por las peñas, tras un acuerdo para cederles la plaza en estas fechas.

La ciudad aprovechará también este año un hecho «histórico» que «tardará muchos años en volver a verse»: el eclipse solar total, que coincidirá con la víspera del chupinazo, cuando se celebra el tradicional vino de honor. A partir del 28 de abril, que se sabrá exactamente cómo va a poderse ver este fenómeno astronómico, se irá concretando cómo se pueden aunar ambas celebraciones.

EL CHUPINAZO: VERLO PARA SENTIRLO

Cada 13 de agosto, la ciudad de Calatayud es otra, con una marea de colores –tantos como peñas, pues cada una de las diez usa uno distinto– inundando la plaza de España. Un momento en el que es imposible no emocionarse, abrazarse, reírse e incluso llorar por la euforia compartida y por el recuerdo a quienes ya no están y pasaron el legado.

Con este cohete empiezan cuatro días de instantes inolvidables, con el descenso por la Rúa hacia el paseo Cortes de Aragón con las charangas, los cofrades bailando al santo con sus varas adornadas, la romería bajo el cielo estrellado o la vuelta de honor en la Colegiata de Santa María antes de iniciar la subida.

Hay muchos otros momentos entrañables, íntimos, colectivos, todos ellos abiertos y accesibles en el centro de la ciudad, hasta más de un centenar de actos entre conciertos, almuerzos, comidas, cenas, recenas, festejos taurinos, animación y concursos tan peculiares como el de los Muñecos de Capea, promovido por primera vez en 1954.

En este concurso participan figuras construidas con materiales blandos, en las que además de ingenio hay algo de crítica social, que sucumbirán la tarde del día de San Roque en el Coso de Margarita, un edificio de gran belleza que cumplirá 150 años en 2027.

UN PASADO RECIENTE Y ENRIQUECEDOR

El pasado más reciente del ‘San Roque bilbilitano’ hay que buscarlo en los años 50 del siglo pasado, cuando surgen los festejos como se conocen hoy, promovidos por un vecino apodado como ‘Tato’, quien volvió «entusiasmado» en 1957 de las fiestas de la localidad navarra de Cascante convencido de que en Calatayud se podía hacer algo parecido.

En su idea, perfectamente delimitada, eran imprescindibles las charangas y, con la ilusión de aquellos pioneros, se creó la Peña Euqor y, con ella, el modelo de fiestas que ha perdurado hasta la actualidad. A ella se sumaron con los años las ya desaparecidas Peña Bilbilitana, Los Clotaldos o Jarana; o La Bota, El Cachirulo, la infantil Desbarajuste, Garnacha, Los que faltaban, Nogara, Rouna, Solera y La Unión, que permanecen. Todas están representadas en Interpeñas desde 1980.

Los festejos se fueron enriqueciendo con el llamado ‘Vino de Honor’, la tarde anterior al chupinizo, que sirve de inauguración de los locales peñistas. Más recientes son el Gran Premio de Autos Locos, los desfiles de disfraces, el Campeonato de Patinetes Eléctricos o las dulces batallas de merengues.

El fervor y la pasión de los bilbilitanos por sus fiestas se contagian, al igual que la energía que irradian. Quien las conoce vuelve, las cuenta, las hace suyas, gracias en parte a la hospitalidad de sus vecinos, el ambiente respetuoso que se vive entre la multitud y las buenas prácticas inclusivas, que hacen que nadie se sienta fuera de la celebración.

Como recuerda el Cronista Oficial de Calatayud, Carlos de la Fuente, esta Fiesta de Interés Turístico Cultural de Aragón desde 1994 ha dejado también su huella artística en la literatura y la música.

Prueba de ello son la zarzuela ‘Subiremos a San Roque’, compuesta por Ángel Marco en los años 50, o la obra teatral ‘La Dolores’, mito literario y escénico que dio origen a numerosas adaptaciones y que sitúa su escena final en el contexto de estos festejos.

CL11