El impacto de la guerra en Medio Oriente se extiende por Asia

NACIONES UNIDAS – La guerra que afecta a una docena de países del Medio Oriente, tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y la réplica iraní, extiende sus impactos sobre el transporte, el comercio, la producción y la vida cotidiana en las economías vulnerables de Asia y el Pacífico.
“El impacto económico más inmediato son aumentos considerables en los costos de flete y en los precios del petróleo, el gas y los fertilizantes”, declaró Hamza Ali Malik, director de la División de Política Macroeconómica en la Comisión Económica y Social de la ONU para Asia y el Pacífico (Cespap).
En varias de las economías más vulnerables de la región ya se aprecian los impactos en aumentos de precios, en suministros de energía, transporte y fertilizantes; volatilidad en los mercados financieros; racionamientos de bienes, restricción del comercio marítimo, y riesgos para los empleos y las remesas de los migrantes.
En el centro de la perturbación se encuentra el estrecho de Ormuz, entre Irán y la península Arábiga, que comunica el golfo Pérsico con el de Omán y el océano Índico, y es escenario marítimo de la confrontación entre Irán y la alianza conformada por Israel y Estados Unidos.
Es uno de los puntos de estrangulamiento marítimo más críticos del mundo, porque por él transita una cuarta parte del comercio mundial de petróleo por vía marítima, e importantes volúmenes de gas natural licuado y fertilizantes, y la escalada de hostilidades ha paralizado casi por completo el tránsito de buques.
Los precios internacionales del crudo han subido entre un tercio y 50 % durante las tres semanas de conflicto, con reacciones en los mercados energéticos globales y la situación se agrava con aumentos en los costos de transporte y seguros.
En Pakistán los precios del combustible y los alimentos se dispararon de la noche a la mañana, y se registraron largas colas en las gasolineras. Las autoridades han implementado medidas de ahorro de combustible, como una semana laboral de cuatro días, el cierre de escuelas y el teletrabajo.
En Myanmar la escasez de combustible ha provocado un racionamiento estricto, interrumpiendo el transporte, los negocios y también las operaciones humanitarias en ese país (también conocido por su antiguo nombre de Birmania) donde el gobierno militar enfrenta a comunidades regionales que se han alzado en armas.
En Sri Lanka, donde el petróleo representa una cuarta parte de las importaciones, las autoridades han implementado el racionamiento de combustible, reducido los eventos y actividades del sector público, y reducido a cuatro días por semana el horario de las escuelas.
En Nepal la crisis se siente no solo en términos económicos, sino también en la vida cotidiana. Al menos un trabajador migrante ha muerto en el Golfo, decenas han resultado heridos y miles se encuentran varados, sin poder regresar a sus hogares ni desplazarse a sus lugares de trabajo.
Más de 1,7 millones de migrantes nepalíes trabajan en el golfo Pérsico. Las remesas de esos trabajadores constituyen más de una cuarta parte del producto bruto de Nepal y sustentan a casi seis de cada 10 hogares.
Y el impacto se siente en todas las rutas marítimas: las principales navieras han suspendido sus servicios a Medio Oriente y los contenedores se encuentran varados en puertos congestionados. Se afectan de esa manera el trabajo y los ingresos de unos 20 000 marineros que laboran en la región.
La escasez de helio y gases especializados procedentes del Golfo está creando una crisis para la producción de semiconductores y electrónica avanzada, en las economías asiáticas que destacan en el sector- y las interrupciones en el suministro de materias primas petroquímicas amenazan a la industria manufacturera.
Y la escasez de fertilizantes también está generando preocupación sobre el rendimiento futuro de los cultivos en todo el sur de Asia, donde viven cerca de 2000 millones de personas.
La Cespap advierte que el crecimiento del conjunto de las economías en desarrollo de Asia y el Pacífico podría desacelerarse este año si la crisis persiste, hasta cuatro por ciento o menos frente al 4,6 % de crecimiento registrado en 2015.
Con la pérdida de empleos y el posible desplazamiento de trabajadores migrantes, probablemente empeorarán la inseguridad alimentaria, la desigualdad y la pobreza, concluyen los análisis de la entidad.
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