CSW70: Los conflictos están agravando las barreras para la justicia de mujeres y niñas
NACIONES UNIDAS – La 70 sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW70) ha reunido a líderes mundiales, defensores de la igualdad de género y representantes de la juventud en la sede de las Naciones Unidas (ONU) para impulsar los esfuerzos destinados a fortalecer los mecanismos de justicia, igualdad y representación de las mujeres y las niñas en todo el mundo.
Dado que los retos son especialmente pronunciados en las zonas de conflicto, el tema prioritario de este año —»garantizar y fortalecer el acceso a la justicia para todas las mujeres y niñas»— se centra en derogar las leyes discriminatorias y abordar las barreras estructurales persistentes que impiden que las mujeres y las niñas sean plenamente escuchadas, representadas y tratadas en igualdad de condiciones.
En la apertura de la sesión de 10 días, el 9 de marzo, la CSW adoptó sus Conclusiones Acordadas, que hacen hincapié en la necesidad de mejorar el acceso a la justicia para las mujeres y las niñas, tras una semana de animados debates entre los Estados miembros.
Durante esos debates, varios países, entre ellos Estados Unidos, Argentina, Arabia Saudí y Rusia, presentaron objeciones en las que pretendían modificar el lenguaje que apoyaba firmemente estas reformas y revisar disposiciones de acuerdos anteriores.
Estas iniciativas provocaron una fuerte reacción por parte de otros Estados miembros, que argumentaron que tales objeciones socavarían años de avances en las reformas en materia de igualdad de género. La presidenta de la CSW decidió finalmente mantener algunos elementos fundamentales de acuerdos anteriores, al tiempo que incorporaba cambios progresistas.
Cuando la Comisión se reunió para adoptar el documento final, Estados Unidos presentó iniciativas para detener estos cambios, argumentando que las disposiciones incluían cuestiones «controvertidas» e «ideológicas». Estas iniciativas fracasaron finalmente, ya que solo obtuvieron el voto de Estados Unidos. Otros Estados, entre ellos Egipto y Nigeria, pidieron que se aplazara el proceso de votación para dar tiempo a que continuaran las negociaciones.
«En un momento de fuerte retroceso en materia de derechos humanos y multilateralismo, la adopción de Conclusiones Acordadas que salvaguardan las normas de igualdad de género de larga data es una señal poderosa de que los compromisos globales siguen siendo importantes y de que los intentos de dar marcha atrás no quedarán sin respuesta», afirmó Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional.
«Aunque la pérdida del consenso es decepcionante, un texto debilitado —o la ausencia total de resultados— habría enviado una señal especialmente preocupante a las mujeres y las niñas que siguen enfrentándose a barreras para acceder a la justicia, así como a múltiples formas de discriminación que se entrecruzan», añadió.
Por ello, Callamard dijo que «en un clima marcado por la impunidad generalizada, Amnistía reitera su llamamiento a los Estados para que intensifiquen la resistencia frente a los ataques contra la justicia de género».
En la actualidad, las mujeres solo gozan de aproximadamente 64 % de los derechos legales que se conceden a los hombres, y las «leyes discriminatorias y las normas patriarcales» siguen obstaculizando el avance hacia la justicia. Estas disparidades son especialmente pronunciadas en situaciones de conflicto, donde las mujeres y las niñas se enfrentan a un mayor riesgo de sufrir violencia, desplazamiento y exclusión de la justicia, las oportunidades y la toma de decisiones.
«Nos reunimos en un momento de múltiples crisis globales, la paz se nos escapa y el mundo está extremadamente y cada vez más fragmentado. Y la desigualdad de género se ve agravada por los males de la guerra y el conflicto, desde Afganistán hasta Haití, pasando por Irán, Myanmar, Palestina, Sudán del Sur, Sudán, Siria, Ucrania, Yemen y más allá», afirmó la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Sima Bahous, durante la 70 sesión de la CSW, que concluye el jueves 19.
«Cuando se niega justicia a las mujeres y las niñas, el daño va mucho más allá de un solo caso: afecta al tejido mismo de nuestras sociedades y al buen gobierno. La confianza pública se erosiona, las instituciones pierden legitimidad y el propio Estado de derecho se debilita. Un sistema judicial que falla a la mitad de la población no puede pretender defender la justicia en absoluto», añadió.
Las protecciones legales contra la discriminación y la explotación, así como el acceso a los servicios esenciales, se están erosionando rápidamente, mientras que las defensoras de los derechos humanos son objeto de ataques cada vez más frecuentes.
Los derechos de salud sexual y reproductiva también están retrocediendo, y la ONU ha registrado un aumento de 87 % en los casos de violencia sexual relacionada con los conflictos en los últimos dos años. Las mujeres y los niños en las zonas de conflicto siguen soportando la carga más pesada de la violencia y el desplazamiento.
Actualmente, el número de mujeres y niñas que viven a menos de 50 kilómetros de un conflicto mortal se encuentra en su nivel más alto en décadas.
Con motivo de la CSW70, IPS habló con Anna, una activista ucraniana de 20 años y miembro del Grupo Asesor Global de Líderes Jóvenes de Unicef que participó en la 70 sesión de la CSW.
Esta iniciativa reúne a 14 jóvenes líderes de todo el mundo que trabajan para garantizar que las perspectivas de las mujeres y las niñas estén representadas en la toma de decisiones a nivel mundial, y presentan recomendaciones directamente a la Junta Ejecutiva de Unicef.
Anna era una adolescente que estudiaba en el extranjero cuando Ucranía sufrió la invasión a gran escala de Rusia, en febrero de 2022, y no pudo regresar a casa con su familia, cerca de la frontera.
Desde entonces, ha tenido que hacer frente a importantes dificultades como consecuencia de la guerra, agravadas por el acceso limitado a servicios esenciales, como la educación y el apoyo psicosocial, muchos de los cuales se han visto interrumpidos o sometidos a una gran presión por la guerra.
«Cuando comienza la guerra, los cambios en la sociedad son inmediatos y visibles», dijo Anna. «Las líneas del frente se desplazan, las ciudades quedan destruidas y millones de personas se ven obligadas a abandonar sus hogares. Cuando muchos hombres se van al frente, las mujeres suelen convertirse en los pilares que mantienen unidas a las comunidades: dirigen iniciativas locales, lideran redes de voluntariado, gestionan negocios y sostienen a las familias», añadió.
Estos cambios también traen consigo dificultades estructurales, ya que muchas mujeres se ven obligadas a abandonar sus hogares y desplazarse con sus hijos o familiares mayores. Este desplazamiento puede provocar soledad e incertidumbre, explicó Anna.
Aunque las mujeres asumen más responsabilidades, la desigualdad no desaparece.
«Las mujeres siguen enfrentándose a brechas salariales, estereotipos sobre el liderazgo y la expectativa de que deben reconstruir la sociedad y, al mismo tiempo, asumir en silencio la carga emocional de cuidar de todos los demás. Pararse a asimilarlo todo puede parecer imposible, porque inmediatamente surge otra responsabilidad, otra tarea u otra crisis», dijo Anna.

En la Ucrania actual, que sigue sumida en la guerra, aproximadamente 32 % de las mujeres de entre 20 y 24 años y casi 49 % de las mujeres de entre 25 y 29 años se quedan sin acceso a la educación, el empleo o la formación, en comparación con alrededor de 16,4 % y 12,2 % de los hombres de los mismos grupos de edad, respectivamente.
En tiempos de conflicto, las mujeres suelen ser las primeras en perder estas oportunidades y las últimas en recuperarlas. La educación de las niñas suele ser la más afectada, ya que las familias se ven desplazadas y los conflictos hacen que las niñas tengan que asumir responsabilidades adicionales para sus familias y contribuir a los ingresos del hogar. Muchas se ven obligadas a abandonar la escuela para mantener a flote a sus familias.
«Mi propia trayectoria educativa ha estado profundamente marcada por la guerra. Primero fui desplazada a Polonia y, cuando regresé a Járkov para cursar mi último año, continuar con mis estudios no fue nada fácil», dijo Anna. «Me considero increíblemente privilegiada. Contaba con una familia que me apoyaba, que creía en mí y me ayudó a seguir adelante. Pero no todas las niñas tienen ese tipo de sistema de apoyo: alguien que las sostenga cuando empiezan a quedarse atrás», agregó.
Además, la tensión psicosocial derivada del conflicto y la violencia a menudo deja a las niñas mal preparadas para participar en estudios o programas de formación. Con los mecanismos de justicia, sanación y empoderamiento para las mujeres y las niñas bajo ataque, estos desafíos a menudo pasan desapercibidos, y persiste la impunidad ante la violencia y el abuso sexuales, lo que deja a las niñas cargando con una carga significativa de trauma, ansiedad, depresión y miedo.
«Las niñas en situaciones de crisis suelen cargar con una especie de peso psicológico que es a la vez invisible y personal: no es solo la exposición directa a la violencia, sino la forma en que la guerra se instala silenciosamente en la vida cotidiana y en el cuerpo», planteó Anna.
«Para muchas mujeres y niñas que viven cerca de zonas de conflicto, la salud mental se ve marcada por la proximidad constante a la violencia. Te despiertas, miras las noticias, oyes otra sirena y sientes lo que en ucraniano llamamos un ‘ком в горлі’, o un nudo en la garganta», agregó.
La violencia sexual es especialmente rampante cerca de las zonas de conflicto, y Anna señala un persistente «clima de miedo que afecta a todas las mujeres que escuchan la historia».
Añadió que muchas niñas en Ucrania crecen sabiendo que sus cuerpos pueden convertirse en blanco de la violencia. Mientras las niñas están en la escuela, estudiando para los exámenes o haciendo voluntariado, muchas son conscientes de que las mujeres de su entorno han sufrido «una violencia inimaginable».
Según un informe de la ONU para la CSW70, casi 54 % de los países encuestados indicaron tener leyes que no vinculan la violación con el consentimiento, y aproximadamente 75 % de los países encuestados cuentan con leyes que permiten el matrimonio forzado de niñas. Además, 44 % de los países carecen de leyes que garanticen la igualdad salarial para las mujeres y las niñas.
Se estima que podrían hacer falta 286 años para eliminar estas brechas.
«La justicia que las mujeres y las niñas merecen, y que les corresponde por derecho, no puede esperar. Debemos perseguirla colectivamente, aquí en las Naciones Unidas, en nuestras leyes y políticas nacionales, en sus tribunales y en los mecanismos tradicionales de justicia», afirmó Bahous.
Con ese fin, planteó la directora ejecutivo de ONU Mujeres, «debemos involucrar a toda la sociedad, incluidos los hombres, los niños y los jóvenes, para que contribuyan a nuestro esfuerzo colectivo en pro de la igualdad».
T: MF / ED: EG
CL14
