¿Madera o plástico? El error con tu tabla de cortar que abre la puerta a salmonela y E.coli

MADRID, 16 Mar. –
Las tablas de cortar son uno de los utensilios más utilizados en la cocina, pero también pueden convertirse en una fuente de contaminación alimentaria si no se usan correctamente.
La dietista-nutricionista Beatriz González (@bea_gonfer) advierte de que muchas personas cometen errores habituales al elegir o al utilizar sus tablas, desde usar una sola para todos los alimentos, hasta optar por materiales que pueden liberar microplásticos.
La experta explica en una entrevista con Europa Press Salud Infosalus por qué recomienda apostar por las tablas de madera, qué tipos son los más seguros, y cuál es la regla básica que debería seguir cualquier cocina para evitar bacterias como la salmonela o el E.coli.
«Con las tablas siempre recomiendo como mínimo tener dos tablas: una para los alimentos que se consumen en crudo y otra para los que se consumen cocinados; y si, además, quieres tener una para verduras, otra para carnes, y otra para pescados, mejor, pero estrictamente, y como mínimo, se deben tener dos para los crudos y los cocinados», detalla.
Es común verlas de plástico, pero lo mejor es huir de ellas y recomienda las de madera, que es un material natural, renovable, biodegradable, e incluso hay algunas que están fabricadas a partir de compuestos antibacterianos.
«No recomiendo las tablas de plástico porque se ha visto que es un disruptor endocrino y libera microplásticos; aparte de que el plástico es potencialmente cancerígeno, tiene bisfenoles y ftalatos, que no son buenos para la salud. Cada vez en el menaje de cocina, en general, el plástico se está reduciendo cada vez más. Siempre se ha utilizado mucho porque es ligero, con poco peso, muy moldeable y resiste a golpes y a químicos, pero también tiene sus consecuencias para la salud», sostiene González.
LA MADERA, CIERTA CAPACIDAD ANTIBACTERIANA
Aparte, en ‘Si comes este libro es para ti’ (Grou), motivo por el que la entrevistamos, subraya que la madera tiene cierta capacidad antibacteriana natural, aunque también es porosa y se puede rajar, con lo que se acumulan los restos.
«Si la limpias bien y la mantienes seca puede funcionar. Pero, si tiene más cortes que una película de Tarantino es hora de cambiarla. (…) Es segura si la cuidas bien. Pero, si no lo haces, puede convertirse en un ‘airbnb’ de lujo para microorganismos», recomienda.
Por otro lado, resalta que la madera absorbe la humedad, lo que impide que proliferen bacterias como el E.coli, o la salmonela en condiciones controladas. Asimismo, apunta que la madera no desgasta el filo de los cuchillos, y apenas transmite calor, por lo que es agradable de manejar, incluso con alimentos calientes.
PAUTAS PARA EL CUIDADO DE LAS TABLAS DE MADERA
Eso sí, advierte de que las tablas de madera requieren cariño y dedicación, y hay que limpiarlas a mano, no meterlas en el lavavajillas porque los detergentes y las altas temperaturas las deterioran. A su vez, subraya que hay que secarlas a mano y en vertical para que no se acumule agua.
También aconseja esta experta que una vez cada dos meses estaría bien untarla con un poco de aceite para mantenerla bien hidratada y que no se agriete. «Si no quieres dedicarle estos cuidados a la madera recomiendo el acero inoxidable y el vidrio, aunque estos pueden gastar el filo de los cuchillos y, además, el vidrio puede incluso romper algunos cuchillos delicados», avisa Beatriz González.
QUÉ TABLAS DE MADERA ESTÁN DESACONSEJADAS
También avisa de que no todas las maderas valen, y que se deben elegir una de grano fino y compacto, de dureza media-alta, con propiedades antibacterianas propias (como las de olivo, haya y roble), y que no tengan tratamientos, ni barnices, y sí cuenten con un acabado suave, para que no haya astillas, ni fisuras profundas.
Tal y como destaca, en su opinión, las mejores tablas de madera suelen ser haya, de roble, de nogal, o de olivo. «Desaconsejo las de pino, una madera blanda; y también las de bambú porque, en muchas ocasiones, se hace un falseado de bambú y se le ponen barnices, así como las de abeto, las de cedro blanco, ya que suelen ser muy blandas y porosas. Tampoco me gustan los contrachapados y conglomerados porque suelen llevar colas y barnices», alerta esta dietista-nutricionista.
CL11
