Enorme aumento de gasto bélico de EEUU multiplica la deuda, los impuestos… y las dudas
KUALA LUMPUR – A medida que el presidente estadounidense Donald Trump empuja al mundo hacia la guerra, el gasto en armamento ha ido aumentando en todo el mundo. Las guerras garantizan más asignaciones presupuestarias, lo que beneficia principalmente al complejo militar-industrial dominado por Estados Unidos.
Más y más gasto militar de Estados Unidos
Tras bombardear Venezuela el 3 de enero, la administración Trump aumentó su presupuesto de guerra de 1,0 billones (millones de millones) de dólares, cuando representaba 47 % del gasto discrecional del gobierno en 2024, a 1,5 billones de dólares.
En 2024, Estados Unidos representó más de 36 % del gasto militar mundial, que ascendió a 2,7 billones de dólares. Esto superó el gasto total de los nueve países que más gastan después de Estados Unidos: China, Rusia, Alemania, India, Reino Unido, Arabia Saudita, Ucrania, Francia y Japón.

El presupuesto militar de China para 2025 era de entre 250 000 y 300 000 millones de dólares. La mayoría de los demás son aliados de Estados Unidos que se han comprometido a aumentar el gasto bélico de menos de 2 % del producto interno bruto (PIB) a nada menos que 5 %.
Estados Unidos y sus aliados estarán aún más por delante a pesar de empujar a amigos y enemigos a gastar más. La revista Fortune prevé que el gasto de Estados Unidos superará al de los siguientes 35 países con mayor gasto combinado.
A pesar de sus enormes costes económicos, el aumento se justifica como una ayuda para lograr la «paz a través de la fuerza». Al fin y al cabo, bombardear diez naciones en el primer año de Trump 2.0 no supuso ninguna baja militar significativa para Estados Unidos.
Pedir préstamos para la guerra
A principios de este año, el destacado economista estadounidense Den Baker, cofundador del Centro de Investigación Económica y Política de Washington, advirtió que el presidente Trump tenía previsto aumentar el gasto militar anual a un ritmo de 600 000 millones de dólares. Con algo menos de 2 % del PIB, el aumento del gasto sería enorme.
Dado que Trump está más comprometido con la reducción de impuestos que con la deuda pública federal de Estados Unidos, el «aumento de 600 000 millones de dólares en impuestos anuales ascendería a seis billones de dólares, aproximadamente 45 000 dólares por hogar» durante la próxima década.
El Comité Independiente para un Presupuesto Federal Responsable prevé que la deuda federal para gastos militares aumentará en 5,8 billones de dólares durante la próxima década.

Trump lleva mucho tiempo prometiendo reducir la deuda pública estadounidense, que ya equivale a 120 % de la producción anual, y no aumentar el déficit. Pero esto requeriría enormes aumentos de impuestos, imposibles de recaudar solo con aranceles.
Peor aún, la deuda del gobierno federal, que Trump prometió reducir, aumentará. Mientras tanto, 94 % de los recortes fiscales de su Big Beautiful Bill (BBB, la Ley de un Gran y Hermoso Proyecto, promulgada por Trump en julio de 2025) benefician al 60 % más rico, y solo el 1 % llega al 20 % más pobre.
El 20 % más rico obtiene nominalmente 69 %, ¡pero solo el 5 % más rico pagará realmente menos! El 95 % más pobre pagará más impuestos, y los hogares con bajos ingresos pagarán relativamente más por los aranceles.
El Departamento de Eficiencia Gubernamental de Trump, dirigido inicialmente por el milmillonario Elon Musk, se suponía que iba a reducir el fraude, el despilfarro y la deuda del gobierno federal, pero en su lugar redujo el crecimiento de Estados Unidos en el último trimestre de 2025.
Mientras que el BBB recortó 186 000 millones de dólares en ayuda alimentaria para los estadounidenses más pobres, el aumento del gasto en guerra beneficiará principalmente a los compinches del complejo militar-industrial estadounidense.
Los consumidores estadounidenses pagarán más
El aumento de los aranceles tendría que ser imposiblemente alto. Y estos tendrían que ser aún más altos si se conceden exenciones. Las importaciones caerían drásticamente con aranceles tan altos, pero este escenario es imposible con el fallo contra la política de aranceles instituida por Trump en abril del año pasado.
Trump afirmó que los ingresos adicionales por aranceles cubrirían medio billón de dólares de gasto militar adicional. Lleva mucho tiempo afirmando que otros países pagan los aranceles.
Con la desindustrialización de los últimos cincuenta años, los consumidores han estado comprando más importaciones, pagando la mayor parte de los ingresos por aranceles.
Las importaciones caerían drásticamente con unos aranceles tan altos. Dado que muchas importaciones son bienes intermedios utilizados en la fabricación, los aranceles elevados perjudicarían a las industrias que Trump afirma promover.
Los aranceles elevados aumentarán drásticamente los precios al consumo. El aumento del coste de la vida sería inasequible para muchos, incluso para la base política de Trump.
Antes de la decisión del Tribunal Supremo del 20 de febrero que los declaró inconstitucionales, se esperaba que los aranceles solo recaudaran 300 000 millones de dólares en el primer año.
Adicionalmente se prevía que los ingresos disminuyeran, ya que los consumidores comprarían más productos nacionales en lugar de importados.
Dado que muchos bienes intermedios para la fabricación son importados, unos aranceles más elevados perjudicarían precisamente a las industrias que Trump afirma estar ayudando. Por lo tanto, unos aranceles elevados aumentarán considerablemente los precios al consumo tanto de los productos importados como de los sustitutos fabricados en Estados Unidos.
Además, el aumento masivo del gasto militar desviará recursos, incluida la mano de obra, de usos más productivos.
Los compinches de la industria militar
Los contratos militares estadounidenses se adjudicaban principalmente a cinco grupos empresariales incluso antes de Trump 2.0, como se llama a su segundo mandato para distinguirlo se su primera administración (2017-2021). Aunque los proyectos tienen más valor, los beneficiarios son menos, lo que refleja los esfuerzos de los grupos de presión.
Es poco probable que un mayor gasto militar del gobierno aumente el empleo a largo plazo, ya que los puestos de trabajo han disminuido drásticamente desde la década de 1980 debido a una mayor automatización.
Los contratistas militares transfieren los costes de investigación y desarrollo (I+D) y los gastos de capital a los contribuyentes, liberando ingresos para pagar dividendos en efectivo y recompras de acciones.
En 2024, el principal contratista del Pentágono (Departamento de Defensa), Lockheed Martin, pagó 7000 millones de dólares en recompra de acciones y dividendos.
Aunque Trump ofreció en una ocasión colaborar con China y Rusia para reducir a la mitad el gasto militar del trío, era difícil tomar en serio su oferta, dadas sus otras declaraciones y acciones.
El gasto militar estadounidense seguirá aumentando, impulsado por los mismos intereses e impulsos que han motivado las recientes subidas masivas.
El gasto militar necesita guerras para garantizar aún más asignaciones para la compra de más equipo militar, al ritmo de los tambores de guerra.
Las relaciones políticas y comerciales reales son complejas y cambian constantemente. Como observó el escritor y creador de la novela histórica Walter Scott en 1808: «¡Oh! ¡Qué red tan enmarañada tejemos cuando engañamos por primera vez!».
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