El ‘Gran Hermano’ de los tribunales: cuando las cámaras de seguridad llevan a los acusados al banquillo
MADRID 12 Oct. –
Las grabaciones de las cámaras de seguridad constituyen en muchos juicios la principal prueba de cargo. Portales, garajes, comercios, gasolineras, calles y carreteras acumulan registros audiovisuales que, horas, días o incluso meses después de ser obtenidos, pueden resultar decisivos para reconstruir un crimen, situar a un sospechoso en el lugar de los hechos o desmontar su versión ante un juez.
En entornos urbanos cada vez más vigilados, el rastro de un vehículo, una silueta, una determinada vestimenta o simplemente el recorrido de una persona puede acabar convirtiéndose en una pieza clave de una investigación penal.
Los procedimientos judiciales dejan numerosos ejemplos de cómo esas imágenes han permitido reconstruir los movimientos de acusados y víctimas, identificar vehículos o incluso demostrar qué ocurrió en los minutos previos y posteriores a un delito.
También de cómo los investigadores cruzan las grabaciones de distintos puntos de la ciudad para completar un auténtico puzle audiovisual que puede terminar llevando a un sospechoso hasta el banquillo.
La Audiencia Provincial de Madrid celebra estos días el juicio por el asesinato a tiros de Natalia Silva, la tía del alunicero Francisco Maya Silva, alias ‘Gordo Maya’, ocurrido en enero de 2024. En este caso, los investigadores dieron con los principales sospechosos a través de las grabaciones obtenidas de cámaras de videovigilancia instaladas en un centro juvenil, una parroquia, una gasolinera y las inmediaciones de la estación de Atocha.
Este medio de prueba audiovisual también fue primordial en el caso del asesinato de un joven de 21 años en una discoteca de Fuenlabrada, que tuvo lugar el 3 de octubre de 2022. Las imágenes captaron a varios de ellos el día anterior al asesinato, cuando supuestamente estaban planificando el ataque, y llevaron a condenar a los autores intelectuales.
Las imágenes obtenidas de las calles, locales y de varios cajeros automáticos permitieron reconstruir también el recorrido de los tres acusados del asesinato de Gabril Kraus después del crimen, ocurrido en agosto de 2021 en el barrio de Prosperidad de la capital. Como llevaban mascarillas por la pandemia, los investigadores los identificaron fundamentalmente por la ropa y su recorrido.
Otro ejemplo se encuentra en el juicio por la muerte de un médico en la M-30 en julio de 2021. Las cámaras de seguridad de los túneles permitieron reconstruir durante unos cinco kilómetros el recorrido previo al accidente y mostrar la conducción de los dos acusados, con maniobras en zigzag, adelantamientos agresivos y cambios bruscos de carril a gran velocidad.
Las imágenes fueron exhibidas ante el jurado de la Audiencia Provincial de Madrid junto a los testimonios de los agentes que acudieron al lugar del siniestro y resultaron clave para determinar cómo se produjo la colisión en la que murió Juan Alfredo López cuando regresaba a casa después de trabajar en el Hospital Fundación Jiménez Díaz.
También las cámaras de seguridad fueron determinantes para esclarecer el asesinato de Isaac López, el joven de 18 años que murió apuñalado en julio de 2021 en un túnel del barrio de Pacífico. Las grabaciones permitieron a los investigadores reconstruir la persecución del joven por la calle Méndez Álvaro hasta el momento en que fue alcanzado por sus agresores en el interior del túnel.
Las imágenes se cruzaron con la geolocalización de los patinetes eléctricos utilizados por los acusados y con el posicionamiento del teléfono del principal procesado, lo que permitió reconstruir sus movimientos y seguir el recorrido de los autores tanto antes como después del crimen.
Durante el juicio, las grabaciones fueron proyectadas ante el tribunal y mostraron la persecución que terminó con Isaac en el suelo, donde recibió las cuatro puñaladas mortales.
Pero no toda grabación se convierte automáticamente en una prueba válida. Los tribunales analizan el contexto en el que fueron obtenidas las imágenes, su autenticidad, la calidad de la grabación y si permiten identificar con suficiente claridad a las personas o vehículos que aparecen en ellas.
En ocasiones, además, las imágenes no son concluyentes por sí solas, sino que adquieren valor cuando los investigadores las cruzan con otras pruebas, como la geolocalización de un teléfono, los datos de una matrícula, movimientos bancarios o testimonios.
CL11
