Los colegios, un «espacio seguro» en el que los menores denuncian las agresiones que sufren en su entorno familiar
PALMA, 6 Sep. Diario Dia –
Los centros educativos, gracias a la conexión que se desarrolla entre los docentes y sus alumnos, pueden convertirse en un «espacio seguro» en el que los menores denuncian las agresiones, tanto físicas como sexuales, de las que son víctimas en su entorno familiar.
Solo durante el pasado curso en Palma, de acuerdo con el recuento elaborado en base a la información de la Policía Nacional, al menos seis menores confesaron a sus profesores que estaban siendo víctimas de este tipo de delitos a manos de sus allegados.
Con estos casos y tal vez alguno más se ha topado Eduardo Pérez, quien lleva un año y medio al frente de la Unidad de Atención a la Familia y la Mujer (UFAM) de la Jefatura Superior de la Policía Nacional de Baleares.
«En los últimos años, aunque con ligeras variaciones, en Palma las cifras se mantienen», ha explicado el inspector jefe en una entrevista concedida a Agencias a las puertas de un nuevo curso escolar.
Todos estos casos tienen una raíz común, y es que quienes se supone que deberían proteger a los menores –padres, tíos, amigos de la familia– son precisamente quienes ejercen la violencia contra ellos.
Es ahí cuando los centros educativos cobran una especial relevancia. Son el lugar en el que los menores pasan más tiempo fuera de casa y, en muchos casos, el único entorno en el que pueden desarrollar una relación de confianza con personas adultas que no sean de su entorno más cercano.
Esa «conexión» especial que pueden llegar a desarrollar con sus docentes, ha señalado el policía, hace que los colegios se conviertan en el espacio «más favorable para sentirse seguro y contar lo que les ha pasado».
La denuncia verbal, que puede ser espontánea o venir precedida de algunas de las charlas que organizan tanto los colegios como la propia Policía Nacional, desencadena toda una serie de protocolos que varían en función del contexto y de la gravedad de la situación.
Si el menor ha sido víctima de una agresión sexual a manos de una persona con la que convive, lo más «urgente» es adoptar medidas que eviten que pueda volver a quedar expuesto. En cambio, si el agresor es un familiar más lejano o un vecino, primero se da aviso a los padres y posteriormente se valora la necesidad de que reciba atención médica.
Las dos vías confluyen en la interposición de una denuncia formal en comisaría, en la que deben explicar lo sucedido a los agentes de la UFAM para que se pueda iniciar la correspondiente investigación policial y judicial. Hay casos, principalmente cuando las víctimas son de muy corta edad, en los que pueden ser sus familiares o sus docentes quienes presten declaración ante los agentes para evitarles el mal trago.
Todo este procedimiento, en cualquier caso, cambiará cuando Baleares implante el modelo Barnahus, que permitirá crear espacios específicamente pensados para que los menores presten testimonio, se sometan a una exploración forense o reciban atención psicológica y médica de forma segura. «Cuando el proyecto eche a andar la idea es que no tengan que acudir a la comisaría o al juzgado«, ha subrayado Pérez, quien está involucrado en la puesta en marcha de la iniciativa.
EL PAPEL DE LOS DOCENTES
Esa conexión de los menores con sus profesores de la que habla el inspector jefe de la Policía Nacional es muchas veces la clave para destapar este tipo de casos. «Los docentes son los primeros que detectan patrones y las pautas de los menores. Y sobre todo con los más pequeños, aunque con los adolescentes también, tienen una habilidad para detectar cuando se encuentran mal o tienen un problema«, ha destacado.
De los trabajadores de los centros educativos con los que ha tratado para resolver este tipo de casos, ha subrayado, «solo se puede hablar bien». También de medidas como la implantación de los psicólogos educativos, una figura de la que ya se benefician los alumnos de primaria y de secundaria.
«Todo lo que sean facilidades para que los menores puedan externalizar lo que viven es bienvenido, siempre que sea gente profesional es de valorar», ha subrayado el jefe policial.
SEIS CASOS EN MENOS DE UN AÑO
Este tipo de situaciones no se puede decir que sean frecuentes, pero sí que ocurren con cierta recurrencia, ha señalado Pérez. Desde el pasado noviembre, según la información difundida por la Policía Nacional, se han dado al menos seis casos.
Las denuncias que se iniciaron a raíz de un aviso en el colegio suman ocho víctimas y seis detenidos por agresiones tanto sexuales como física. Entre los perjudicados predominan las chicas y las edades van desde los tres hasta los 16 años.
El primero de los casos recopilados ocurrió a finales del pasado mes de noviembre. Los agentes de la UFAM detuvieron a un hombre acusado de agredir sexualmente a su sobrina, quien entonces tenía nueve años.
La menor encontró el coraje de confesar lo que estaba sufriendo después de asistir a una charla que dieron en su colegio con motivo del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (25N).
En otras ocasiones, como ocurrió unos días después, es la víctima quien, de forma espontánea, acude a sus profesores para pedir auxilio. Una chica alertó que un amigo de la familia, bajo coacciones y amenazas, la había estado agrediendo sexualmente durante dos años.
Hay veces en las que el agresor es alguien todavía más cercano. El pasado mes de abril un hombre fue detenido en Manacor por agredir sexualmente a su hija de 16 años. Fue ella quien un día, a la salida de clase, acudió a sus profesores para tratar de encontrar una salida a esa situación.
La menor acababa de regresar de un periodo de absentismo escolar prolongado y cuando los orientadores del centro empezaron a indagar y a realizar preguntas, la menor explicó lo que ocurría. Las agresiones sexuales, según su relato, se venían repitiendo desde hacía tres años en su propia casa, pero nunca se lo llegó a comunicar a su madre.
Hubo un caso en el que la víctima era tan pequeña que ni siquiera tenía la edad suficiente para ir al colegio. Un joven de 20 años fue detenido el pasado mes de junio por agredir sexualmente a su hermano de tres años, quien verbalizó lo sucedido a las educadoras de su ‘escoleta’.
TAMBIÉN SE DENUNCIA EN LOS CENTROS SANITARIOS
Hay casos en los que el lugar de la denuncia no es un centro educativo, sino sanitario. En el caso de los menores es menos habitual, dado que es más difícil que establezcan una relación de confianza con un médico que con un profesor.
«La situación tiene que ser muy extrema y muy límite para que a un médico, al que normalmente ha visto pocas veces, le quiera contar todo lo que le está pasando», ha explicado Pérez.
Pese a ello, el pasado mayo se conoció un caso de este tipo en Palma. Un hombre y una mujer fueron detenidos por supuestamente maltratar a sus dos hijos menores después de que uno advirtiera de ello en un centro hospitalario.
En el sistema sanitario, los protocolos de colaboración con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado están más estandarizados que en los colegios, lo que permite a los agentes ganar en agilidad.
«Cuando alguien va al hospital para hacer un parte de lesiones porque ha sido agredido se activa el protocolo automáticamente. Aunque esa persona no quiera denunciar, se manda el parte al juzgado y si corresponde nos lo envía para que investiguemos los hechos«, ha explicado el inspector jefe.
Es un procedimiento diferente al de los centros educativos, aunque en ocasiones pueden ser complementarios. La conjunción del rápido aviso de un pediatra y de los detallados informes de un centro educativo, cuyos docentes observaron comportamientos correspondientes con un cuidado deficiente, permitió salvar a tres menores que estaban siendo maltratados por su madre, a quien el pasado junio se le retiró la custodia.
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