3 septiembre 2026

Cáncer de próstata: cambiar grasas animales por aceite de oliva y frutos secos se asocia a menor mortalidad

Cáncer de próstata: cambiar grasas animales por aceite de oliva y frutos secos se asocia a menor mortalidad
Compartir esto:

   MADRID, 3 Sep. –

   No se trata de eliminar por completo la grasa, sino de elegir mejor de dónde procede. Sustituir parte de las grasas saturadas y de origen animal por grasas insaturadas y vegetales —presentes, por ejemplo, en el aceite de oliva, los frutos secos, las semillas o el aguacate— se asocia con un menor riesgo de muerte en hombres con cáncer de próstata no metastásico, según una investigación codirigida por el Instituto de Investigación del Centro de Salud de la Universidad McGill (Canadá) y la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard (Estados Unidos).

El trabajo, publicado en ‘JAMA Network Open’, analizó los datos de 4.884 hombres diagnosticados con cáncer de próstata no metastásico y seguidos durante una mediana de 12,8 años. Los investigadores concluyen que el tipo y la fuente de grasa consumida después del diagnóstico podrían influir en la salud a largo plazo, especialmente por su relación con el riesgo cardiovascular.

Los hombres diagnosticados con cáncer de próstata no metastásico suelen vivir muchos años después del diagnóstico. Sin embargo, las enfermedades cardiovasculares y otros tipos de cáncer siguen suponiendo una amenaza relevante para su salud a largo plazo, incluso cuando el tumor de próstata está controlado.

Durante el seguimiento fallecieron 3.040 participantes. De esas muertes, 803 se debieron a enfermedades cardiovasculares, 499 a cánceres distintos al de próstata y 441 al propio cáncer de próstata.

LA GRASA IMPORTA, Y SU ORIGEN TAMBIÉN

Los investigadores observaron que una mayor ingesta de grasas saturadas y grasas de origen animal se asociaba con una mayor mortalidad por cualquier causa. Esta relación se explicó sobre todo por las muertes cardiovasculares y, en menor medida, por otros tipos de cáncer, no por un aumento de la mortalidad atribuible directamente al cáncer de próstata.

En concreto, los hombres con un mayor consumo de grasas saturadas presentaron una tasa de mortalidad un 24 por ciento superior durante el seguimiento frente a quienes consumían menos. Su riesgo estimado de muerte a diez años fue del 26,4 por ciento, frente al 23,4 por ciento del grupo con menor ingesta: una diferencia aproximada de tres muertes por cada 100 hombres en una década.

“Los hallazgos sugieren que la dieta después del diagnóstico puede ser un componente modificable de la atención a los supervivientes, ampliando el enfoque más allá del control del tumor original”, apunta la coautora principal Lorelei Mucci, profesora de Epidemiología en la Escuela de Salud Pública Harvard Chan.

“Proteger la salud cardiovascular y general es una parte esencial del tratamiento del cáncer de próstata, sobre todo porque algunos tratamientos pueden afectar a la salud metabólica y cardiovascular”, añade.

CAMBIOS SENCILLOS EN EL PLATO

Los autores utilizaron modelos estadísticos para estimar qué ocurriría si se mantuviera una ingesta total de calorías similar, pero se sustituyeran determinadas grasas por otras alternativas. Reemplazar alrededor del 10 por ciento de las calorías diarias procedentes de grasas animales por grasas vegetales se asoció con una mortalidad un 16 por ciento menor por cualquier causa.

De forma similar, sustituir aproximadamente el 5 por ciento de las calorías procedentes de grasas saturadas por grasas monoinsaturadas se vinculó con una tasa de mortalidad un 20 por ciento inferior.

“El mensaje central no es simplemente ‘comer menos grasa’”, subraya el coautor principal David P. Labbé, científico del Programa de Investigación del Cáncer del Instituto de Investigación del Centro de Salud de la Universidad McGill y profesor asociado del Departamento de Cirugía de esta universidad. “El tipo y la fuente de grasa parecen ser importantes. Reemplazar algunas grasas animales y saturadas con grasas vegetales e insaturadas puede contribuir a la salud a largo plazo después de un diagnóstico de cáncer de próstata”.

El estudio apunta a sustituciones sencillas, no a dietas restrictivas. “Hay que priorizar cambios como elegir con más frecuencia aceite de oliva, frutos secos, semillas, aguacates y otros alimentos vegetales en lugar de productos ricos en grasas animales o saturadas”, señala Edward Giovannucci, coautor principal y profesor de Nutrición y Epidemiología en la Escuela de Salud Pública Harvard Chan.

SIN RELACIÓN DE CAUSA Y EFECTO

Los investigadores advierten de que sus resultados muestran una asociación, pero no demuestran que cambiar las grasas de la dieta sea la causa directa de una menor mortalidad. Por tanto, no deben interpretarse como una recomendación de eliminar completamente los productos de origen animal ni de seguir una dieta extrema.

El análisis utilizó datos del Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud, una investigación prospectiva iniciada en 1986 que ha seguido a más de 50.000 profesionales sanitarios varones en Estados Unidos. Los participantes incluidos en este análisis fueron diagnosticados con cáncer de próstata no metastásico entre 1986 y enero de 2019, tenían una edad aproximada de 70 años en el momento del diagnóstico y completaron cuestionarios alimentarios detallados cada cuatro años.

El equipo tuvo en cuenta otros factores que también pueden influir en la supervivencia, como edad, estadio y grado del tumor, tratamiento, tabaquismo, actividad física, peso corporal y otras enfermedades. No obstante, reconoce como limitación que la mayoría de los participantes eran hombres blancos de Estados Unidos, por lo que será necesario repetir los resultados en poblaciones más diversas.

Los investigadores planean ahora analizar alimentos concretos, ácidos grasos individuales y patrones dietéticos completos, así como estudiar si el efecto de las grasas sobre la salud cambia según el tratamiento que reciba cada paciente.

CL11