La recuperación forestal tras el incendio de Niebla (Huelva): prevención, alcornoques y dos años de espera
HUELVA 22 Ago. –
El catedrático de Botánica de la Universidad de Huelva (UHU) y director del Máster Oficial en Conservación de la Biodiversidad, Pablo Hidalgo, ha afirmado que tras el incendio originado el pasado 6 de agosto en paraje Rabocojonejo de Niebla (Huelva) –que se encuentra controlado y que ha calcinado unas 33.000 hectáreas– existe una «oportunidad de oro» para elaborar un plan de restauración que integre la prevención de incendios «desde el primer momento», factor que, a su juicio, ha fallado en desastres anteriores registrados en la zona.
En este sentido, en declaraciones a Agencias, el experto ha abogado por articular un plan basado en el uso de especies autóctonas y nativas, citando el alcornoque como la especie principal para reforestar. Para Hidalgo, los montes públicos –competencia de la Junta de Andalucía y de los ayuntamientos– representan el escenario «idóneo» para «recuperar ese patrimonio natural sin la presión de obtener un aprovechamiento económico rápido», a diferencia de la gestión en explotaciones privadas.
Asimismo, Hidalgo ha subrayado que el primer paso es frenar la erosión y sostiene que no se debe intervenir de forma agresiva en el terreno durante al menos dos años «para no alterar ni pisotear el suelo», permitiendo que la masa vegetal «inicie su regeneración natural».
En estos espacios protegidos e integrados en la Red Natura, ha remarcado la importancia de priorizar el uso recreativo, la educación ambiental y la conservación para generaciones futuras.
Asimismo, el catedrático ha hecho hincapié en la necesidad de incluir dentro del diseño preventivo a todos los actores, tales como la Junta de Andalucía, ganaderos, cazadores, centros de investigación, universidades y ayuntamientos. Según ha advertido, en esta planificación global radica la clave para evitar que las áreas calcinadas –muchas de las cuales ya se habían recuperado de sucesos anteriores– vuelvan a arder en las próximas décadas.
Respecto a las propiedades privadas, Hidalgo ha sugerido buscar alternativas con los propietarios para sumarlos a la prevención, planteando incluso fórmulas como la permuta por montes en otras ubicaciones con menor valor ambiental o menor riesgo de incendio forestal.
ZONAS CASTIGADAS Y EL VALOR DE LOS «ISLEOS»
Al analizar la superficie calcinada, el experto en botánica ha señalado que, además del entorno de Berrocal –que ha visto afectado cerca del 90% de su espacio forestal–, el fuego ha impactado severamente en el paraje de la Pata del Caballo –entre Escacena del Campo y municipios limítrofes–, la zona forestal de Paterna del Campo y áreas forestales de Aznalcóllar, donde, ha señalado, «afortunadamente» el fuego empezó a parar y no continuó por otras zonas más al este «donde hubiera podido afectar incluso al Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla».
En el término de Niebla, ha destacado la afección en el paraje de El Manzanito, una masa mixta de encina, eucalipto y pino que ha sido de las áreas «peor paradas».
El catedrático ha analizado que en este incendio se ha dado la circunstancia de que mucho del territorio afectado se encontraba «bajo distintas figuras de protección ambiental como espacio natural protegido o como elementos de la Red Natura 2000», de forma que «el más afectado es el Paisaje Protegido de Río Tinto», así como que «también han resultado afectados dos elementos de la Red Natura 2000 como los Corredores Ecológicos de los Ríos Tinto (Huelva) y Guadiamar (Sevilla).
«La zona estaba salpicada de numerosas especies de flora amenazada o de interés. Destacan Erica andevalensis, Erica lusitanica, Cynara algarbiense, Lavandula viridis, Osmunda regalis, Asplenium billotii o Blechnum spicant», apunta.
No obstante, Hidalgo ha puesto en valor la presencia de «isleos» o fragmentos de vegetación que han quedado indemnes en mitad de la quema. Estos reductos actúan como «pequeños testigos» o «mosaicos incompletos» cuya biodiversidad servirá como modelo e impulso natural para la regeneración del entorno en cuanto concluyan las fases de emergencia.
FRENAR LA EROSIÓN ANTES DE ACTUAR
El profesor ha enfatizado que las labores de reforestación constituyen planes a «muy largo plazo» que pueden tardar «décadas o siglos» en consolidar un bosque mediterráneo maduro. Por ello, ha marcado una hoja de ruta dividida en fases claras, primando las actuaciones de emergencia inmediatas.
Por ello, ha subrayado que ante la llegada de las lluvias otoñales, la «prioridad absoluta» debe ser «evitar la pérdida de suelo por erosión», especialmente en las zonas con fuertes pendientes. Para ello ha mencionado técnicas que usan los expertos, los ingenieros de Monte, como la colocación transversal de la propia madera quemada (faginas y albarradas).
Asimismo, tras frenar la erosión, Hidalgo sostiene que no se debe intervenir de forma agresiva en el terreno durante al menos dos años «para no alterar ni pisotear el suelo», permitiendo que la masa vegetal «inicie su regeneración natural».
Finalmente, Hidalgo ha subrayado que también sería relevante realizar una gestión integral del paisaje con el fin de generar discontinuidades «que permitan controlar los incendios», pero «manteniendo la conectividad ecológica». «Esto ya ocurre en la naturaleza, donde la vegetación se dispone a modo de mosaico de distintas formaciones vegetales que además están interrumpidas por roquedos, arroyos, zonas de distintos suelos, etc. Imitar este modelo puede ayudar para detener grandes catástrofes», ha remarcado.
A pesar de la gravedad del desastre, el catedrático se ha mostrado optimista sobre la capacidad de recuperación de la naturaleza si se le brinda el auxilio técnico «adecuado» ya que es «muy agradecida», lo que podría permitir que las próximas generaciones «vuelvan a disfrutar de estos espacios recuperados».
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