Crisis en Cuba aumenta desigualdades y margina a la población negra
LA HABANA – Las políticas sociales de igualdad para todas las personas, promovidas desde la revolución de 1959 en Cuba, minimizaron el racismo y las desigualdades por color de la piel, lo que provocó que dejaran de contabilizarse indicadores de esas expresiones, mientras paulatinamente volvían a crecer.
“Las poblaciones afrodescendientes han enfrentado brechas por las condiciones que enfrentan en el país, y que no han sido superadas, a pesar de todo lo que se ha hecho desde las políticas públicas”, dijo a IPS Yulexis Almeida, decana la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología (FFHS) de la Universidad de La Habana, durante el V Coloquio Mujeres Afrodescendientes que comenzó el miércoles 23 y concluye el sábado 25.
Este espacio de debate ocurrió en el marco de la V Jornada cubana por el Día Internacional de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora, organizado por Articulación Afrofeminista Cubana (AAfroC), un movimiento integrado la FFHS y por proyectos dirigidos por mujeres que trabajan en función de la equidad.
La Jornada, que empezó el 17 de julio y concluye también este sábado 25, busca afrontar desde el activismo los efectos cruzados del racismo y el patriarcado, así como sensibilizar sobre la necesidad de políticas públicas que erradiquen el racismo y la discriminación.
“No se puede avanzar desde la igualdad con grupos sociales que parten de condiciones sociales dispares. Y ese ha sido una de las principales limitaciones para cortar esas brechas que se han mantenido en el tiempo y que, en los contextos de crisis, se amplían”: Yulexis Almeida.
Según Almeida, las políticas públicas de asistencia social impulsadas desde el comienzo de la revolución cubana de 1959, abarcaban a todas las personas por igual, sin distinción del color de piel, por ejemplo, pero lo que necesitaban las personas negras eran políticas de equidad que las sacaran de la desventaja histórica que iban arrastrando desde décadas atrás, con respecto a sus compatriotas blancos
“No se puede avanzar desde la igualdad con grupos sociales que parten de condiciones sociales dispares. Y ese ha sido una de las principales limitaciones para cortar esas brechas que se han mantenido en el tiempo y que, en los contextos de crisis, se amplían”, agregó.
Pese a los logros sociales del nuevo gobierno revolucionario, acotó, “ha permanecido esa brecha racial y ha permanecido también toda esa ideología racista que alimenta de alguna manera todas estas inequidades estructurales”.
Según coincidieron las investigadoras en el Coloquio, durante la policrisis que vive Cuba, la población negra resulta las más perjudicadas y, dentro de ella, las mujeres negras.
“Hay una vulnerabilidad histórica importante dentro de la población afrodescendiente, y en particular en las mujeres”, dijo a IPS Yaniset Núñez, investigadora del Centro de Estudios sobre la Juventud, y panelista en el Coloquio.
Según el estudio “Desigualdades por color de la piel e interseccionalidad. Análisis del contexto cubano 2008-2018”, su condición de género y color de piel refuerza a las mujeres negras y mulatas dificultades en su supervivencia, indicadores de fecundidad adolescente, presencia en el trabajo informal, situaciones de pobreza y vulnerabilidad social y su trasmisión intergeneracional.
El estudio evidencia que las brechas ya existían antes de la actual crisis cubana agudizada en 2020, con el inicio de la pandemia de covid-19.
El estudio referencia que las desigualdades marcadas por el color de la piel se manifestaban en el panorama socioeconómico, fundamentalmente en la estructura socio-laboral, en las formas alternativas de ingreso económico y en la ocupación del espacio urbano y la vivienda.
Personas negras y mestizas tenían, por ejemplo, menos acceso a remesas y vivian en viviendas de peores condiciones con respecto a las blancas.
Asimismo, la transmisión generacional de patrones culturales en esas comunidades contribuye a la reproducción de esas desigualdades y de prejuicios y estereotipos raciales.
“La crisis afecta a las estructuras sociales. Eso es inevitable. Si ya estabas en desventaja histórica, con la crisis esas desventaja se profundiza más”, dijo Núñez.

Censo obsoleto
De acuerdo a un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), entre los países latinoamericanos Cuba es el segundo con más habitantes afrodescendientes. Solo lo supera Brasil y le siguen Colombia, Costa Rica, Panamá, Ecuador, México, Venezuela y Perú, en un listado que no incluye a las naciones caribeñas que no son hispanohablantes.
Según el último Censo de Población y Viviendas de este país insular caribeño, realizado en 2012, de los entonces 11,2 millones de habitantes (al cierre de 2025, la población efectiva es de 9,4 millones), 26,6 % se reconocieron como personas mulatas, y 9,3 %, negras.
Esta estructura de la población por color de la piel varía según se trate de territorios urbanos y rurales, siendo superior la proporción de población negra que reside en zonas urbanas (85,1 %).
El censo estableció en su metodología que la persona encuestada es quien se adscribe a algún grupo étnico, siguiendo la práctica estándar internacional.
Según Rosaida Ochoa, coordinadora de la AAfroC, este último censo fue el primero en Cuba que usó el método de clasificar el color de la piel por la autopercepción de los encuestados, a diferencia de los anteriores, cuya clasificación dependía de los sesgos o prejuicios del encuestador.
Más allá de que el método de autopercepción tiene sus propios sesgos, el censo de 2012 está, en palabras de Ochoa, “obsoletísimo”, tanto en la metodología como en que la población ha disminuido considerablemente desde entonces.
En general, la ausencia o poca divulgación de indicadores relacionados con color de la piel, vitales para identificar y afrontar las desigualdades y la discriminación racial, es una de las principales exigencias de la academia.

Políticas ciegas
“Como primero en Cuba dijimos que todos éramos iguales, aquí nadie marcaba el color de la piel. Entonces, ahora es como un descubrimiento cada vez que presentas una investigación donde las personas negras son las más desaventajadas. Eso viene arrastrándose”, dijo Ochoa
La falta de estadísticas que “tomen en cuenta el elemento racial y de género, limita mucho la percepción de la gravedad del problema y quiénes son las poblaciones más afectadas”, acotó la decana Almeida.
En noviembre de 2019, el gobierno aprobó el “Programa nacional contra el racismo y la discriminación racial”, el cual fue concebido como una política pública de superación de desventajas asociadas al color de la piel y que propone actuar sobre las causas del racismo de manera multidimensional.
Junto con el Programa, se creó el Observatorio Social “Color Cubano”, para recopilar los datos con manifestaciones de estigma y discriminación por color de piel y luego trabajar para resolver dicha situación, dijo Ochoa, quien apuntó que le principal desafío del observatorio recae en la divulgación de sus resultados.
“El hecho de que no existan estadísticas, o de que muchas veces no exista acceso a estas estadísticas, no permite visibilizar en qué área se encuentran las brechas”, apuntó Nuñez.
De acuerdo a Almeida, en el Observatorio “no encuentras indicadores que expliquen de manera detallada el comportamiento de estos problemas” de racialidad.
Para la decana, debe avanzarse más en la construcción de indicadores interseccionales que contemplen las dimensiones de raza, clase social, género y sexualidad, porque cada una está configurando grupos que experimentarán situaciones de vulnerabilidad de manera diferente.
“Mientras que no las tengamos visibilizadas, nuestras políticas seguirán siendo ciegas a las necesidades de un grupo social”, agregó.

Augurio de mayores brechas
El paquete de 176 transformaciones económicas y sociales, aprobado por la Asamblea Nacional del Poder Popular (el parlamento cubano) en junio, augura un aumento de la desigualdad económica y de las brechas por el color de piel.
Con un giro hacia una mayor desregularización financiera y el mercantilismo, hasta ahora inusuales en el sistema socialista y centralizado de Cuba, y las arcas vacías de las instituciones públicas, la reforma económica podría marginalizar aun más a las poblaciones racializadas bajo el nuevo pacto social.
“Hay una necesidad del capital, pero estos grupos no pueden seguir esperando que haya una redistribución que no se ha dado con la efectividad que se espera, para que entonces puedan resolverse sus problemas”, dijo Almeida.
De acuerdo a la nueva reforma, los subsidios a productos se eliminarán y serán sustituidos por una política de subsidios a personas y familias, los cuales se actualizarán en tiempo real a través de una plataforma del gobierno, de manera que se sistematice públicamente su trazabilidad.
Pero sin suficientes datos desagregados, el mayor cuestionamiento de los académicos reside en si habrá justicia —equidad y no igualitarismo— con quienes verdaderamente necesiten esas ayudas del gobierno, muchos de los cuales se encontrarán entre la población negra.
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Almeida reconoce la complejidad de implementar políticas públicas sin recursos, pero dijo tener claro que no se puede esperar a que la reforma económica empiece dar frutos para atender las desigualdades y los prejuicios raciales.
“Si lo postergamos para que sea el efecto residual de estas medidas económicas, pues las personas negras estarán más empobrecidas y al margen, y este proceso de transformación será mucho más lento y peligroso en el contexto en el que estamos viviendo.”, dijo.
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