23 julio 2026
Los trastornos neurológicos atan a la población de América
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WASHINGTON – Cerca de 470 millones de personas, dos de cada cinco habitantes del hemisferio americano, viven con al menos una afección neurológica o relacionada con lesiones del sistema nervioso, indicó un informe divulgado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Según un análisis publicado en The Lancet Regional Health–Americas, se enfrenta una transición epidemiológica crítica: aunque la mortalidad por estos trastornos ha disminuido desde 1990, la carga se está desplazando hacia la discapacidad crónica, exigiendo una reconfiguración urgente de los sistemas de salud.

Ramón Martínez, especialista en métricas de salud de la OPS y autor principal del estudio, dijo que “hoy más personas sobreviven a los trastornos neurológicos, pero también viven más tiempo con sus consecuencias”.

“Esto exige que los sistemas de salud se adapten para ofrecer más rehabilitación, cuidados de largo plazo y apoyo a las personas que viven con discapacidad”, agregó Martínez.

El análisis, basado en el Estudio de la Carga Mundial de Enfermedad 2023, revela que en ese año estas patologías causaron aproximadamente 1,1 millones de muertes y fueron responsables de 37,5 millones de años de vida ajustados por discapacidad.

En conjunto, representan 12 % de la carga total de enfermedades no transmisibles y lesiones en la región.

La investigación, que analizó 19 trastornos en 38 países y territorios entre 1990 y 2023, destaca que la migraña y la cefalea tensional concentran el mayor número de casos, impactando severamente la calidad de vida y la productividad laboral.

Sin embargo, en términos de pérdida de salud medida en años de vida ajustados por discapacidad, la enfermedad de Alzheimer y otras demencias, junto con los accidentes cerebrovasculares (ACV), lideran la carga.

El impacto varía según la etapa vital: en menores de cinco años predominan los defectos del tubo neural, los trastornos del espectro autista y la epilepsia; y en jóvenes y adultos jóvenes, la migraña es una causa principal de discapacidad.

En adultos mayores, el Alzheimer y los ACV concentran la mayor presión sobre los sistemas sanitarios.

Los expertos subrayan que una proporción significativa de esta carga es prevenible. La hipertensión arterial se identifica como el principal factor de riesgo para los distintos tipos de accidentes vasculares, mientras que los niveles elevados de glucosa impulsan la carga asociada al Alzheimer y otras demencias.

Factores ambientales como la contaminación del aire y la exposición al plomo también agravan la situación.

El médico Anselm Hennis, director del Departamento de Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental de la OPS, señaló que “muchos de estos trastornos comparten factores de riesgo con otras enfermedades no transmisibles”.

“Una mejor prevención de la hipertensión, la diabetes, la obesidad y el tabaquismo generaría beneficios directos para la salud neurológica”, afirmó Hennis.

El estudio encuentra diferencias de casi cuatro veces entre los países con mayor y menor impacto. Las tasas más altas se registran en Haití, Guyana, Surinam, San Cristóbal y Nieves, República Dominicana y Paraguay, mientras que las más bajas corresponden a Puerto Rico y varias naciones sudamericanas.

Estas disparidades reflejan brechas estructurales en la exposición a riesgos y, sobre todo, en el acceso a servicios de diagnóstico, tratamiento y rehabilitación.

La escasez crónica de especialistas, y la limitada disponibilidad de medicamentos y tecnologías esenciales, sigue dejando a millones sin la atención que requieren.

Frente a este escenario, los autores proponen tres líneas de acción prioritarias, comenzando por integrar la atención neurológica en la atención primaria de salud.

Se requiere ampliar drásticamente el acceso a servicios de rehabilitación y cuidados de largo plazo, y reforzar las políticas de prevención de factores de riesgo modificables.

Con una población que envejece rápidamente en toda América, los investigadores advierten que invertir en prevención y fortalecer las redes de apoyo no es solo una cuestión de salud pública, sino un imperativo para garantizar la calidad de vida de cientos de millones de personas en las décadas venideras.

A-E/HM

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