8 julio 2026

Parkinson: descubren las diferencias cerebrales que podrían explicar por qué afecta más a los hombres

Parkinson: descubren las diferencias cerebrales que podrían explicar por qué afecta más a los hombres
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   MADRID, 8 Jul. Diario Dia –

   La enfermedad de Parkinson (EP) es una afección en la que partes del cerebro se dañan progresivamente a lo largo de los años. Afecta a aproximadamente 9,4 millones de personas en todo el mundo y su prevalencia está aumentando, especialmente con el envejecimiento de la población. Se cree que alrededor del 90% de los casos se deben a una combinación de variaciones genéticas y factores ambientales y de estilo de vida.

    Esta enfermedad es entre 1,5 y 2 veces más frecuente en hombres que en mujeres, pero las razones de esta diferencia no están claras. Los hombres también experimentan un deterioro más rápido de sus capacidades cognitivas y una progresión más acelerada de las dificultades en las actividades de la vida diaria.

    «La mayor prevalencia de la enfermedad de Parkinson en hombres sugiere que la biología dependiente del sexo puede influir en la vulnerabilidad. Por lo tanto, el estudio de las diferencias de sexo puede ayudar a identificar mecanismos de la enfermedad que quedarían ocultos en análisis que agrupan a hombres y mujeres», señala la doctora Julia Schulze-Hentrich, catedrática del departamento de Genética y Epigenética y miembro del Centro de Biología y Medicina Específicas de Género (CGMB) de la Universidad de Saarland.

EL CEREBRO MASCULINO Y FEMENINO NO RESPONDE IGUAL AL PARKINSON

Una nueva investigación de la Universidad de Saarland, Alemania, presentada en el Foro 2026 de la Federación de Sociedades Europeas de Neurociencia (FENS) que se celebra en Barcelona, España, ha descubierto algunos de los cambios genéticos en las células cerebrales que pueden ayudar a explicar por qué más hombres que mujeres desarrollan la enfermedad de Parkinson.

   En un trabajo anterior, el profesor Schulze-Hentrich y sus colaboradores estudiaron muestras de sangre de trabajadores agrícolas, incluyendo 71 personas con EP temprana y 147 controles sanos. Descubrieron que las mujeres con EP presentaban cambios en la metilación del ADN en 69 regiones del genoma, en comparación con solo dos en los hombres. La metilación del ADN no altera los genes, sino que actúa como un regulador de intensidad para aumentar o disminuir la actividad génica.

   «Estos hallazgos sugieren que la composición genética de una persona influye en estos cambios de metilación del ADN, y que la interacción con la exposición a factores ambientales, como los pesticidas, también puede contribuir al desarrollo de la enfermedad de Parkinson», reflexiona.

   En su nueva investigación, la profesora Schulze-Hentrich se propuso comprender los mecanismos que podrían influir en los diferentes patrones de metilación del ADN que había observado en hombres y mujeres, y su relación con la enfermedad de Parkinson (EP). Los investigadores analizaron muestras cerebrales post mortem de 73 personas con EP (28 mujeres y 45 hombres) y las compararon con muestras de un grupo de control de 24 personas sin EP (9 mujeres y 15 hombres).

   Analizarón las diferencias en la expresión génica de forma individual en todas las células del cerebro (neuronas, astrocitos, oligodendrocitos y microglía) tanto en cerebros sanos como en cerebros con enfermedad de Parkinson (EP) en hombres y mujeres. Estudiaron cinco regiones cerebrales y descubrieron que la EP provoca cambios comunes en el cerebro, independientemente del sexo.

Todas estas células en las cinco regiones mostraron signos de estrés. Activaron proteínas que ayudan a que las proteínas dañadas se plieguen correctamente, llamadas chaperonas. Sin embargo, también encontraron diferencias importantes entre hombres y mujeres en la actividad génica de algunas células y algunas regiones cerebrales.

   Las neuronas son las células nerviosas encargadas de la comunicación en el cerebro, mientras que los astrocitos, los oligodendrocitos y la microglía son células nerviosas gliales que proporcionan soporte y mantenimiento a las neuronas.

   Los investigadores descubrieron que, en los astrocitos, la actividad de los genes relacionados con las mitocondrias (las células productoras de energía) era diferente entre sexos. En los oligodendrocitos, la actividad de los genes implicados en la formación y el mantenimiento de la capa protectora que recubre las fibras nerviosas (mielina) también difería entre sexos. Estas diferencias se observaron independientemente de la región del cerebro en la que se encontraran.

LAS CÉLULAS DE SOPORTE DEL CEREBRO ESCONDEN UNA DE LAS CLAVES DE LA ENFERMEDAD

   «Esto demuestra que la enfermedad de Parkinson desencadena ciertas ‘respuestas de estrés’ comunes en las células cerebrales de todas las personas, pero también existen diferencias entre hombres y mujeres a nivel celular, especialmente en la forma en que las células de ‘soporte’ del cerebro gestionan la energía y protegen las conexiones nerviosas. Nuestros hallazgos ayudan a explicar por qué los síntomas y la progresión de la enfermedad de Parkinson difieren entre hombres y mujeres. En última instancia, podrían conducir a tratamientos más personalizados en lugar de tratar a todos los pacientes con Parkinson como si fueran biológicamente idénticos», destaca la profesora Schulze-Hentrich.

   Lo más importante es que nuestros resultados indican que es crucial reconocer que la biología varía entre los sexos en la investigación sobre la enfermedad de Parkinson y que, siempre que sea posible, los investigadores deberían analizar los datos por separado para hombres y mujeres en lugar de agruparlos a todos. Esto es fundamental para determinar si una asociación, un efecto o un resultado difiere según el sexo. También ayuda a identificar lagunas en la evidencia, ya que muchos estudios aún no informan o agrupan los resultados específicos de cada sexo.

   «Para los pacientes, el principal beneficio es una atención más personalizada, ya que el análisis específico por sexo puede ayudar a los médicos a predecir qué síntomas son más probables, a detectar problemas con mayor antelación y a elegir tratamientos que se ajusten mejor al perfil de riesgo de cada paciente.»

   El descubrimiento de cómo las distintas células cerebrales funcionan de manera diferente entre sexos, tanto en personas sanas como enfermas, constituye una fortaleza del estudio y cubre una laguna dejada por estudios que se han centrado únicamente en neuronas y hombres. Una limitación es el reducido número de muestras analizadas. Schulze-Hentrich señala que se necesita un esfuerzo coordinado para mejorar esta situación e investigar un mayor número de muestras, estratificadas por sexo.

   «Investigar cómo las respuestas gliales específicas de hombres y mujeres influyen en la vulnerabilidad, la progresión y la respuesta al tratamiento rara vez se realiza de forma sistemática y coordinada. Por lo tanto, el programa prioritario «SEXO y GLIA» de la Fundación Alemana de Investigación (DFG), que comenzará en otoño de 2026, reunirá a fisiólogos con genetistas funcionales y biólogos computacionales para descubrir una capa de biología con sesgo de género que, en gran medida, ha permanecido oculta y que los estudios anteriores a menudo han ignorado», concluye.

CL11