Redes rezagadas frenan la transición energética renovable en América Latina

Desde República Dominicana, el presidente de la Asociación Dominicana de Sistemas Aislados (Adosea), Eduard Vasquez, advirtió que, a medida que se integra más generación a la red, también aumenta la necesidad de incorporar mayor “inteligencia” al sistema eléctrico, lo que implica inversiones significativas en redes y operación. En ese sentido, afirmó que, “en la medida que se agregan fuentes renovables se introduce más intermitencia a la red”.
De hecho, la intermitencia de las energías renovables (con picos de generación y momentos de baja producción, dependiendo del sol y del viento) vuelve la situación aún más compleja. Eso hace que la cantidad de electricidad circulando por la red cambie constantemente, aumentando la necesidad de una infraestructura capaz de absorber y distribuir de acuerdo con esas variaciones.
“Para poder solventar eso se requiere una inversión grande, fuerte y enorme en redes y en operación”, agregó Vasquez, al reiterar que dichas inversiones solo pueden realizarse si existen los recursos financieros.
El experto en energía Augusto Bello señaló que República Dominicana enfrenta un crecimiento acelerado del vertimiento de energía renovable, una situación que podría llevar al país a desperdiciar más de 578 gigavatios hora (GWh) de energía limpia en este 2026, superando los 200 GWh del año pasado.
De acuerdo con la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olade), el concepto de vertimiento proviene originalmente de la generación hidroeléctrica, donde describe el agua que llega a una central pero no se utiliza para generar electricidad. P
or analogía, en centrales eólicas y solares se define como la cantidad de energía que se desperdicia debido a que, aunque la planta tenga capacidad instalada y cuente con el recurso, no puede inyectarla a la red por restricciones en la transmisión o insuficiente demanda.
El vertimiento es realizado por el operador del sistema para evitar que el exceso de electricidad sobrecargue la red y provoque fallas, inestabilidad y apagones.
Bello señaló que a medida que el sistema eléctrico dominicano se “acerca a una capacidad renovable cercana a los 2000 megavatios (MW), los niveles de energía vertida aumentan de forma acelerada”.
Entre los principales factores que explican este comportamiento, el experto identificó las limitaciones de transmisión en zonas con alta concentración de proyectos renovables, la falta de sistemas de almacenamiento de energía a gran escala, la necesidad de una mayor flexibilidad operativa del sistema eléctrico y el crecimiento de la generación solar durante horas de baja demanda.
El experto considera que el fenómeno también puede interpretarse como una señal del avance de la transición energética nacional. A su juicio, el aumento del curtailment evidencia que República Dominicana “está entrando en una nueva etapa de madurez renovable, un proceso que ya han experimentado otros mercados con alta penetración de energías limpias, como Chile, California, España y Australia”.
El gerente comercial del Organismo Coordinador del Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (Seni), René Báez Santana, aseguró que el vertimiento de energía renovable se ha convertido en una señal de alerta sobre los riesgos operativos.
“Cuando vemos que se toma el vertimiento como una medida de seguridad es la señal principal de que hay riesgo”, expresó, al indicar que estas decisiones no responden necesariamente a criterios de eficiencia o de mejores precios de generación, sino a la necesidad de preservar la estabilidad del sistema eléctrico.
La situación es una paradoja para la transición energética. Mientras la energía renovable se desperdicia porque el sistema es incapaz de aprovecharla, se mantienen en funcionamiento centrales térmicas alimentadas por combustibles fósiles.
En el caso de Chile, desde el Coordinador Eléctrico Nacional explicaron que esto es para mantener los estándares de seguridad y confiabilidad que exige la normativa eléctrica.
Ana Lía Rojas, directora ejecutiva de la Asociación Chilena de Energías Renovables y Almacenamiento (Acera), explicó que estas centrales térmicas poseen máquinas rotatorias que entregan inercia, un giro mecánico pesado que actúa como una red de seguridad física que estabiliza el sistema ante fallas, independiente del costo de operación.
Al reemplazar esta flota por paneles solares y eólicos, los que funcionan con inversores electrónicos sin piezas móviles, la red pierde ese atributo. “El vertimiento no es que mida un exceso de energía renovable más bien mide los déficit que tenemos heredados de inflexibilidad sistémica a propósito de depender de máquinas térmicas para proveer la seguridad del sistema”, dijo Rojas.
Desde el gremio, también afirmaron que hay que ver el fenómeno del vertimiento en perspectiva, ya que no todo vertimiento es necesariamente ineficiente.
“Por eso, más que ver este fenómeno sólo como un problema, hay que entenderlo como una señal de ajuste de la siguiente etapa de la transición energética para la cual nuestras empresas asociadas ya están preparadas. La lección es que Chile debe seguir acelerando infraestructura y almacenamiento, pero también recuperar señales de largo plazo que orienten mejor la ubicación y el perfil de los nuevos proyectos”, sostuvo Camilo Charme, director ejecutivo de Generadoras de Chile.
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