¿Jugará la oposición de EEUU a los objetivos de la ONU un papel decisivo en elección de secretario general?

¿Jugará la oposición de EEUU a los objetivos de la ONU un papel decisivo en elección de secretario general?
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NACIONES UNIDAS – A medida que la campaña para elegir al nuevo secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) cobra impulso, la pregunta que se abre pasao es si Estados Unidos ejercera un voto decisivo —o el veto— en la selección final del sucesor o sucesora desde enero de António Guterres.

Estados Unidos ha declarado públicamente su oposición a algunos de los objetivos básicos de la agenda socioeconómica de la ONU, entre ellos el empoderamiento de género y las políticas relacionadas con la diversidad, la equidad y la inclusión (DEI), al mismo tiempo que ha tachado el cambio climático de «bulo» y «estafa gigantesca».

La administración de Donald Trump también ha restado importancia a los derechos humanos y al respeto de las leyes internacionales, dos conceptos neurálgicos en el sistema de la ONU.

Cuando la NASA anunció este mes los nombres de los astronautas que volarían en Artemis III, la próxima misión de regreso a la Luna, The New York Times señaló que la tripulación estaba formada por cuatro hombres y ninguna mujer, lo que llevó al diario a plantear la siguiente pregunta: «¿Formaba esto parte de la campaña de la administración Trump contra las políticas de DEI?»

Si el gobierno estadounidense sigue adoptando una línea dura contra la DEI, ¿qué posibilidades hay de que apoye la candidatura de una mujer para el próximo cargo de secretario general?

En una entrevista con el The New York Times en enero, el presidente Trump afirmó que «no necesita el derecho internacional» para guiar sus acciones, argumentando que solo su propia «moralidad» y su «razón» limitarán sus poderes globales.

Entonces, ¿cuál sería el destino de cualquier candidato —hombre o mujer— que defendiera con vehemencia estos objetivos de la ONU?

James E. Jennings, presidente de Conscience International, dijo a IPS que la razón por la que Estados Unidos ha tenido una influencia desproporcionada en la ONU desde la fundación de la organización se debe a su posición de liderazgo mundial y a su apoyo financiero a largo plazo a muchos de sus programas.

Sin embargo, señaló que las cosas han cambiado mucho en los últimos dos años, ya que la Administración estadounidense ha suprimido los programas de ayuda a gran escala de Estados Unidos y está intentando marginar o sustituir a la ONU con políticas regresivas del gusto del mandatario republicano.

«Las Cuatro Libertades del presidente Franklin Roosevelt encajaban a la perfección con los ideales de la Carta de las Naciones Unidas, pero el régimen atávico de Washington está decidido a dominar el mundo, no a través de la igualdad, sino de la intimidación», explicó.

Y agregó: «Tales acciones supondrán un desastre tanto para la ONU como para Estados Unidos, cuyo poder blando ha sido un factor clave de su fortaleza al atraer a inmigrantes, inversiones y generosos programas de ayuda. Ya no será así».

Es difícil conciliar las políticas de Trump, argumentó Jennings, basadas en el miedo, con las de la Carta de las Naciones Unidas y los objetivos de respeto mutuo entre las naciones.

Una respuesta firme y unificada por parte de la mayoría de los Estados miembros de la ONU, con un apoyo explícito a un liderazgo global independiente y visionario, impulsará la paz y protegerá a las personas vulnerables en todo el mundo.

«Es inimaginable que Estados Unidos, bajo el actual liderazgo republicano de Maga (acrónimo de Hagamos a Estados Unidos grande otra vez), no intente seleccionar directamente al próximo secretario general de la ONU o, si no pudiera hacerlo, que no intente bloquear a cualquier persona considerada inadecuada desde el punto de vista de Trump», planteó Jennings.

A su juicio, para Washington «las cualidades personales de liderazgo y las convicciones políticas importarán menos que el hecho de que el próximo jefe de la ONU se doblegue ante el presidente de Estados Unidos».

Ese hecho por sí solo dificulta la selección de una persona valiente y con principios, en un momento de retos críticos para el organismo mundial.

A juicio del expeerto, «la designación de un liderazgo de la ONU que se dejara intimidar o estuviera bajo el yugo de Washington bien podría suponer la sentencia de muerte de lo que es, sin duda, uno de los esfuerzos más grandiosos y visionarios de la historia en pro de la paz y la prosperidad para todos».

Mientras tanto, cuando llegue el momento de las elecciones, ¿habrá una batalla de vetos, como ocurrió en una época ya pasada?

En 1981, Salim Ahmed Salim, de Tanzania, contó con el respaldo de la Organización de la Unidad Africana, el Movimiento de Países No Alineados y China. Pero su candidatura fue bloqueada por un veto de Estados Unidos, uno de los cinco países con ese poder en el Consejo de Seguridad de la ONU, junto con China, Francia, Reino Unidos y Rusia.

En 1996, Estados Unidos vetó un segundo mandato de cinco años para el egipcio Boutros Boutros-Ghali,  a pesar de que este contaba con el apoyo de 14 de los 15 miembros del Consejo de Seguridad.

En 1981, China ejerció un récord de 16 vetos contra el austriaco Kurt Waldheim para impedir un tercer mandato, lo que provocó su retirada y la elección del peruano Javier Pérez de Cuéllar.

Mandeep Tiwana, secretario general de Civicus, la alianza mundial de la sociedad civil, dijo IPS: «El derecho de veto que ejercen los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU es la característica más antipopular del sistema de la ONU. Los grupos de la sociedad civil llevan años pidiendo que se renuncie voluntariamente a él, pero con escaso o ningún resultado».

«Es hora de replantearse de forma fundamental el derecho de veto. Ningún proceso puede considerarse justo o transparente si un solo Estado, por muy poblado que sea, tiene el poder de bloquearlo», agregó.

Stephen Zunes, catedrático de Política y director del programa de Estudios sobre Medio Oriente de la Universidad de San Francisco, especialista destacado en la política de la ONU, declaró a IPS que, tanto bajo administraciones demócratas como republicanas, Estados Unidos ha bloqueado la elección de candidatos a secretario general, incluso cuando contaban con el apoyo de los otros 14 miembros del Consejo de Seguridad.

«Dado que Trump se ha mostrado aún más propenso a atacar a las Naciones Unidas e intimidar a los Estados miembros, incluidos los supuestos aliados de Estados Unidos, es probable que, en esta ronda, Estados Unidos dificulte aún más a la ONU la elección de su próximo secretario general», afirmó.

Hasta el momento, la lista de candidatos al cargo de secretario general incluye a: Michelle Bachelet  (Chile): expresidenta de Chile y exalta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. María Fernanda Espinosa (Ecuador): expresidenta de la Asamblea General de las Naciones Unidas y exministra de Asuntos Exteriores. Rafael Mariano Grossi (Argentina): actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Rebeca Grynspan (Costa Rica): secretaria general de ONU Comercio y Desarrollo (Unctad). Macky Sall (Senegal): expresidente de Senegal.

El hecho de que predominen candidaturas de América Latina es porque según la tradición de la ONU le correspondería a esa región la Secretaría General para el próximo periodo, y que la mayoría sean mujeres tiene que ver con que en amplios escenarios de la ONU se considera que ha llegado la hora de que una mujer lidere finalmente el foro mundial, surgido en 1945 para impulsar la paz y el desarrollo en el planeta.

Pero esas directrices podrían saltar por los aires con Trump.

T: MF / ED: EG

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