Los minerales críticos son el nuevo petróleo del siglo XXI
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GINEBRA – Mientras el mundo acelera hacia las energías limpias, los minerales críticos -litio, cobalto, grafito, níquel y cobre- se han convertido en el nuevo petróleo del siglo XXI y transforman el comercio global, afirma un nuevo informe de la entidad ONU Comercio y Desarrollo (Unctad).

La demanda de litio crecerá más de 350 % para 2040, mientras que la de grafito superará 130 %. Y, en este contexto de fiebre extractiva, se ha desatado una auténtica carrera diplomática: 73 acuerdos y asociaciones internacionales han surgido en materia de minerales críticos, de los cuales 58 se firmaron después de 2022.

Los minerales críticos se emplean en la producción de baterías y almacenamiento eléctrico -fundamental con el auge de los vehículos eléctricos-, aceros especiales, superaleaciones, electrodos y piezas de electrónica, computadoras y teléfonos.

Solo en 2023 el comercio mundial de esos minerales críticos superó los 2,5 billones (millones de millones) de dólares, y la demanda sigue siendo creciente.

El su informe de Actualización sobre el Comercio Mundial, de este junio, la Unctad (antes denominada Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) dibuja un panorama de oportunidades históricas y a la vez de riesgos profundos para los países en desarrollo.

“No podemos repetir los errores del pasado con una explotación sistemática de los países en desarrollo reducidos a la producción de materias primas básicas”: Rebeca Grynspan.

Estos países poseen la mayor parte de las reservas mundiales de minerales críticos -África concentra 25 % del total-, pero la historia se repite: la gran mayoría siguen atrapados en el papel de meros extractores de materia prima, mientras la riqueza real se genera en las plantas de procesamiento de unos pocos países.

El informe señala que la oferta de minerales críticos sigue estando altamente concentrada. En 2025, la República Democrática del Congo acaparó 74 % de la producción mundial de cobalto. China produjo 78 % del grafito natural. Y Australia, Chile y China, juntos, produjeron más de 70 % del litio.

Pero la asimetría más abrumadora se da en el refinado y el procesamiento, que es donde realmente se crea el valor. Aquí, China juega un papel dominante en el refinado de varios minerales críticos, e Indonesia ya representa 43 % de la capacidad mundial de refinado de níquel.

El desafío, subraya el informe, es que los países en desarrollo ricos en minerales siguen exportando materias primas, mientras que el procesamiento y la fabricación de mayor valor ocurren en otras latitudes.

Así, el auge de los minerales críticos puede ser una bendición para el desarrollo o una maldición más. Los países con grandes reservas se enfrentan al mismo dilema histórico: cómo evitar ser meros exportadores de piedras, apunta la Unctad.

El documento expone una cita de la secretaria general de la Unctad, Rebeca Grynspan, quien en la 16 conferencia de la entidad el pasado octubre planteó que “No podemos repetir los errores del pasado con una explotación sistemática de los países en desarrollo reducidos a la producción de materias primas básicas”.

Al respecto, la Unctad expone que un camino posible está en su “Informe de Madagascar”, en el que analiza las posibilidades de agregar valor y diversificar la cadena de valor en los minerales críticos que produce ese país africano.

Madagascar -la cuarta isla más grande del mundo- podría crear al menos 20 000 empleos y desbloquear nuevas oportunidades industriales expandiendo el valor añadido y diversificándose más allá de la exportación de minerales en bruto.

Las mujeres, por cierto, representarían 52 % del empleo directo en los sectores prioritarios, especialmente en la confección textil y la industria alimentaria.

Frente a este escenario de alta concentración y riesgo geopolítico, muchos gobiernos han pasado de la retórica a la acción, indicó la Unctad tras identificar 73 acuerdos y asociaciones internacionales en materia de minerales críticos, una cifra que evidencia que el tablero está en movimiento.

Estas alianzas, que abarcan desde la exploración hasta el reciclaje, son el síntoma de una nueva realidad: la transición energética no es solo un imperativo climático, sino un campo de batalla comercial y de poder.

El informe concluye con una pregunta inquietante: ¿serán los minerales críticos otra fuente de fragmentación global o la base de una cooperación internacional más resiliente e inclusiva?

A-E/HM

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