El ‘efecto aperitivo’: Por qué beber alcohol hace que te apetezcan patatas fritas y pizza

El 'efecto aperitivo': Por qué beber alcohol hace que te apetezcan patatas fritas y pizza
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   MADRID, 6 Jun. Diario Dia –

   El consumo de alcohol puede llevar a las personas a consumir en exceso alimentos salados ultraprocesados, lo que puede contribuir a una ingesta excesiva de calorías y al consiguiente aumento de peso, según una nueva investigación del Centro Charles Perkins de la Universidad de Sídney (Australia).

   El estudio, publicado en la revista ‘Obesity Reviews’, ha revelado que el alcohol puede activar vías biológicas que aumentan los niveles de la hormona FGF21, la cual está relacionada con el apetito por las proteínas y se asocia con la preferencia por los sabores salados. Al activarse, este sistema puede desviar los antojos hacia alimentos salados con sabor umami.

   Tradicionalmente, el cuerpo asociaba estos sabores con alimentos ricos en proteínas, como la carne. Sin embargo, los entornos alimentarios modernos pueden alterar estas señales sensoriales, y ahora los sabores umami también se encuentran en alimentos con bajo contenido proteico.

   El estudio reveló que estos alimentos salados, de fácil acceso y con saborizantes artificiales, pueden actuar como «señuelos proteicos», engañando al sistema de hambre de proteínas para que busque alimentos con sabor a proteína pero que no la aporten. Como resultado, las personas pueden consumir más de estos alimentos para satisfacer la señal, lo que conlleva una mayor ingesta total de grasas, carbohidratos y energía.

   “Muchas personas reconocerán la experiencia de tomar unas copas y de repente sentir antojo de algo salado, como patatas fritas, pizza u otros alimentos sabrosos. Ahora comprendemos mejor la dinámica hormonal que entra en juego y que podría estar impulsando el consumo excesivo de alimentos ultraprocesados”, señala la doctora Amanda Grech, autora principal del estudio.

    “Los antojos de una bolsa de patatas fritas con una bebida (a veces denominados ‘efecto aperitivo’), una pizza al final de una noche de fiesta o un desayuno inglés completo a la mañana siguiente pueden estar motivados por la forma en que el alcohol altera la regulación del apetito del cuerpo, en particular en lo que respecta a las proteínas”, añade el autor principal, el profesor David Raubenheimer, del Centro Charles Perkins.

    «Nuestro estudio sugiere que cuando la proteína de la dieta se diluye, las personas compensan comiendo más en general para satisfacer el aumento del apetito proteico inducido por el alcohol –prosigue–. De esta manera, el alcohol puede contribuir a comer en exceso, especialmente cuando hay alimentos salados ultraprocesados y bajos en proteínas fácilmente disponibles».

MENOS DULCES

   En lo que respecta a los dulces, el consumo de alcohol tuvo el efecto contrario, reduciendo la ingesta de alimentos azucarados, otro efecto conocido de la hormona FGF21.

    Los investigadores afirman que estos hallazgos ayudan a explicar por qué los efectos del alcohol en el aumento de peso parecen variar según el entorno alimentario.

   «Un hallazgo importante es que el alcohol tiene efectos diferentes sobre la ingesta total de energía según el entorno alimentario, en particular si la dieta se basa principalmente en alimentos mínimamente procesados ​​o en alimentos salados ultraprocesados. No se trata simplemente de las calorías del alcohol en sí», subraya el coautor, el profesor Stephen Simpson.

¿QUÉ HACER?

    Para ayudar a controlar estos antojos, los investigadores recomiendan tener a mano refrigerios saciantes elaborados con alimentos integrales.

   «Si decides beber alcohol, conviene tener en cuenta esta interacción hormonal –recomienda el profesor Raubenheimer–. Tener a mano alimentos integrales ricos en proteínas puede ayudarte a evitar los alimentos ultraprocesados. Piensa en garbanzos tostados, salmón ahumado, embutidos magros, gambas u ostras«.

   Los investigadores analizaron datos de la encuesta dietética nacional australiana para examinar los patrones de ingesta de alimentos en relación con el consumo de alcohol.

   Descubrieron que las personas consumían más alimentos salados los días que bebían que los días que no lo hacían. Cada bebida estándar se asoció con un mayor consumo de alimentos salados y un menor consumo de alimentos dulces, y el efecto sobre la ingesta de energía fue especialmente pronunciado en los alimentos ultraprocesados bajos en proteínas.

   Si bien estudios anteriores han mostrado resultados contradictorios sobre la relación entre el alcohol y el aumento de peso, los autores afirman que su enfoque mecanicista ayuda a conciliar estas inconsistencias al explicar cómo el contexto dietético modifica los efectos del alcohol, mediados por la acción de la hormona proteica del hambre, FGF21.

CL11