Fatiga, frío, y problemas de concentración: así puede manifestarse la tiroiditis de Hashimoto

MADRID, 27 May. –
El cansancio persistente, la caída del cabello, la sensación continua de frío, o la dificultad para concentrarse pueden esconder algo más que estrés o falta de descanso. Detrás de muchos de estos síntomas se encuentra la tiroiditis de Hashimoto, una enfermedad autoinmune cada vez más frecuente en la que el propio sistema inmunitario ataca la glándula tiroides.
Aunque afecta especialmente a mujeres de entre 30 y 60 años, miles de personas conviven con ella sin diagnóstico durante años. Los expertos alertan de la importancia de reconocer sus señales, y de entender cómo esta patología puede alterar el metabolismo, las hormonas, y la calidad de vida.
Para comprender un poco mejor esta patología entrevistamos en Agencias Salud Infosalus a Rosa Casañ Fernández, vocal del Área de Tiroides de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), quien destaca que la incidencia de esta patología ha aumentado significativamente en las últimas décadas, convirtiéndose en un problema de salud pública global: «Hace una década la prevalencia estimada era de sólo el 2%. Actualmente, La prevalencia mundial de la TH se sitúa entre el 5% y el 10% de la población adulta. Algunas estimaciones más específicas sitúan la cifra en un 7,5% global, aunque en regiones como China se han registrado tasas de hasta el 14,19%».
También conocida como ‘tiroiditis linfocítica crónica’, dice esta doctora que es una enfermedad inflamatoria de la glándula tiroides «sumamente frecuente», que fue descrita originalmente por Hakaru Hashimoto en 1912, y que se identifica por ser «el trastorno autoinmune más común en el mundo», y «la causa principal de hipotiroidismo en regiones con suficiencia de yodo».
Se considera una enfermedad autoinmune, según prosigue Casañ, porque es el resultado de un fallo en la tolerancia inmunológica, donde el sistema inmunitario deja de reconocer a la glándula tiroides como propia y comienza a atacarla. Se producen anticuerpos específicos que atacan antígenos tiroideos clave. «Los más importantes para el diagnóstico son los anticuerpos contra la peroxidasa tiroidea (TPOAb), presentes en aproximadamente el 90-95% de los casos, y los anticuerpos contra la tiroglobulina (TgAb)», precisa.
MÁS FRECUENTE EN MUJERES, Y A PARTIR DE LOS 30
Manifiesta esta portavoz de la SEEN, además, que el perfil más habitual de tiroiditis de Hashimoto es el de una mujer, dado que las féminas presentan un riesgo entre 4 y 10 veces mayor que los hombres de padece esta patología. «Algunas fuentes incluso elevan esta proporción hasta 20 mujeres por cada hombre afectado», advierte.
Apunta igualmente que, aunque puede aparecer a cualquier edad (incluso en niños), la mayor incidencia se observa en adultos de entre 30 y 60 años. «En países como el Reino Unido, la edad media al momento del diagnóstico suele concentrarse alrededor de los 54 años», remarca
LA HISTORIA FAMILIA INFLUYE EN SU DESARROLLO
Además, advierte esta endocrinóloga de que el riesgo es significativamente mayor en personas con historia familiar de enfermedades autoinmunes, o que ya padecen otros trastornos de este tipo, como diabetes tipo 1, enfermedad celíaca, vitíligo, o artritis reumatoide. «Las investigaciones indican que la susceptibilidad genética es responsable de entre el 70% y el 80% del riesgo de padecer enfermedades tiroideas autoinmunes», precisa.
No obstante, sí destaca que poseer estos genes que facilitan su heredabilidad no garantiza el desarrollo de la enfermedad por sí solo: «La patogénesis de la tiroiditis de Hashimoto es un proceso complejo, donde la susceptibilidad genética interactúa con factores ambientales para romper la tolerancia inmunológica y desencadenar el ataque a la glándula».
¿POR QUÉ PUEDE PASAR DESAPERCIBIDA?
Pero sin duda, comentamos con esta representante de la SEEN que esta patología en sus inicios es ‘silenciosa’, y puede pasar años sin ser diagnosticada. ¿Por qué sucede esto? Explica Rosa Casañ Fernández que esto se debe a que, en su fase inicial, la destrucción de la glándula es lenta y progresiva, y el organismo es capaz de compensar durante bastante tiempo la disminución funcional de la tiroides. «En esta etapa, muchos pacientes tienen analíticas aún dentro de rango, o con alteraciones muy sutiles, sin una traducción clínica clara», afirma.
Sostiene a su vez que «sus síntomas son inespecíficos y de instauración muy gradual», lo que favorece que se atribuyan al estrés, al envejecimiento, o a otros factores del estilo de vida: «No existe un síntoma único que la haga evidente de forma inmediata, lo que explica parte del retraso diagnóstico».
Eso sí, la vocal del Área de Tiroides de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición cree que es «relativamente frecuente» que el hallazgo de esta patología sea incidental, a partir de una analítica solicitada por otro motivo, y donde se detecta elevación de TSH, o la presencia de anticuerpos antitiroideos, incluso antes de que el paciente note síntomas.
«Cuando aparecen manifestaciones clínicas, las más frecuentes son el cansancio persistente, la somnolencia, la sensación de enlentecimiento físico y mental, la intolerancia al frío, el aumento de peso no explicado, el estreñimiento, la piel seca, la caída de cabello y, en algunos casos, alteraciones del estado de ánimo como apatía o síntomas depresivos», concluye esta doctora.
CL11
