Síndrome de ovario poliquístico o SOP: por qué ya no se considera sólo un problema ginecológico

Síndrome de ovario poliquístico o SOP: por qué ya no se considera sólo un problema ginecológico
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   MADRID, 26 May. –

   Durante años, el síndrome de ovario poliquístico (SOP) se ha asociado casi exclusivamente a problemas ginecológicos y de fertilidad. Sin embargo, los especialistas advierten de que esta enfermedad hormonal va mucho más allá de los ovarios.

   Alteraciones metabólicas, resistencia a la insulina, aumento del riesgo cardiovascular, acné, caída de cabello, o impacto psicológico forman parte de un trastorno complejo que afecta a millones de mujeres en todo el mundo.

   Ahora, una propuesta científica publicada en ‘The Lancet’ plantea incluso cambiar su denominación por ‘síndrome metabólico ovárico poliquístico’ – O ‘PMOS’ en inglés (polyendocrine metabolic ovarian síndrome)–, un giro que busca reflejar mejor la verdadera dimensión de una patología frecuentemente infradiagnosticada.

   Montse Prados es especialista en Endocrinología y doctora en Medicina (UAB), y trabaja en el Hospital de Martorell en Barcelona. Justifica durante una entrevista con Agencias Salud Infosalus que este cambio de nombre responde a «una necesidad científica y clínica»: «El término ‘síndrome de ovario poliquístico’ ha sido útil durante décadas, pero hoy sabemos que es impreciso y que puede inducir a error. Muchas pacientes interpretan que tienen ‘quistes en los ovarios’, cuando en realidad no hablamos de quistes patológicos, sino de una alteración del desarrollo folicular asociada a una disfunción hormonal más amplia».

MEJORAR EL INFRADIAGNÓSTICO Y SU ABORDAJE

   Es más, defiende esta doctora que este cambio de nombre puede ayudar a mejorar el diagnóstico precoz y el abordaje multidisciplinar de estas pacientes: «El nuevo nombre intenta cambiar la mirada: no estamos ante un problema limitado al ovario, sino ante una condición endocrina y metabólica frecuente, con expresión ovárica, cutánea, reproductiva, y psicológica. Nombrarla mejor puede ayudarnos a diagnosticar antes, a acompañar mejor, y a prevenir complicaciones a largo plazo».

   De hecho, apunta que este trabajo científico pone en valor que hasta un 70% de las mujeres afectadas pueden permanecer sin diagnosticar, lo que muestra la magnitud del infradiagnóstico. «La OMS también estima que el SOP afecta aproximadamente al 10-13% de las mujeres en edad reproductiva, y que hasta el 70% de las mujeres con SOP en el mundo no sabe que lo tiene. En España, los datos disponibles informan de una prevalencia del 6,5% según criterios diagnósticos», agrega.

   Con el nuevo nombre, según prosigue esta endocrinóloga, «queda muy claro» que se trata de mucho más que un problema únicamente ovárico, sino que tiene un componente hormonal y metabólico trascendental. «Además apoya un abordaje terapéutico integral. No hablamos sólo de anticonceptivos o de fertilidad, sino de estilo de vida, de nutrición, de ejercicio, de manejo del peso, del tratamiento del hiperandrogenismo, de prevención metabólica, de salud emocional y, en casos seleccionados, de fármacos dirigidos al control metabólico o del peso», apunta la doctora Prados.

CARACTERÍSTICAS DEL ‘PMOS’

   Así, nos cuenta esta experta del Hospital de Martorell en Barcelona que esta propuesta publicada en The Lancet plantea el nombre de ‘PMOS’, o ampliar su calificación como un ‘síndrome metabólico ovárico poliquístico’ porque refleja mejor lo que realmente ocurre:

   ·Una condición poliendocrina, donde intervienen varios ejes hormonales.

   ·Una condición metabólica, por su relación con la resistencia a la insulina y el riesgo cardiometabólico.

   ·Una condición ovárica porque existe una disfunción en la función ovárica.

   De hecho, aclara que, desde el punto de vista endocrino, una de las características principales es el hiperandrogenismo, es decir, niveles elevados o una mayor acción de andrógenos, que pueden manifestarse con acné, hirsutismo, o con caída de cabello.

   Desde el punto de vista metabólico, tal y como añade Monste Prados, muchas pacientes presentan resistencia a la insulina, incluso aunque no tengan obesidad: «Esta resistencia a la insulina puede favorecer el aumento de andrógenos, alterar la ovulación, e incrementar el riesgo de complicaciones metabólicas a largo plazo».

Este artículo científico, precisamente, destaca la asociación con la obesidad central, con la disglucemia, con la diabetes tipo 2, con la hipertensión, la dislipemia, con la enfermedad hepática metabólica, así como con la apnea del sueño, aparte de presentarse un mayor riesgo cardiovascular.

   Además, señala que, en la consulta se ve con frecuencia ciclos menstruales irregulares, acné persistente, hirsutismo, o exceso de vello en zonas dependientes de andrógenos -como mentón, labio superior, abdomen, o tórax-, caída de cabello de patrón androgénico, y tendencia al aumento de peso, o dificultad para perderlo. «En el plano metabólico debemos vigilar la alteración de la glucosa, de colesterol, y la tensión arterial», apunta.

EL IMPACTO PSICOLÓGICO DE ESTA ENFERMEDAD

   Por último, pone en valor que las mujeres con síndrome de ovario poliquístico presentan con más frecuencia ansiedad, depresión, una peor calidad de vida, y trastornos de la conducta alimentaria: «El impacto psicológico puede ser muy importante. El SOP afecta a aspectos muy visibles e íntimos de la vida de una mujer: el peso, la piel, el vello, el cabello, la regularidad menstrual, la fertilidad, y la percepción del propio cuerpo».

   Es más, sostiene que muchas pacientes llegan a consulta después de años de sentirse culpables por no poder perder peso, por tener acné en la edad adulta, por presentar hirsutismo, o por tener ciclos irregulares. «A veces han recibido mensajes simplistas como ‘adelgaza y se solucionará’, cuando en realidad existe una base endocrina y metabólica que dificulta ese proceso. Esto puede generar frustración, ansiedad, baja autoestima, y sensación de falta de control sobre el propio cuerpo», afirma esta doctora.

   De hecho, mantiene que el artículo también subraya que el nombre anterior podía contribuir al estigma, especialmente en contextos donde la fertilidad tiene un peso social importante. «Por eso, uno de los principios del cambio de nombre ha sido evitar términos que aumenten la carga emocional o social de la enfermedad», resalta esta especialista.

   Finalmente, recuerda que el SOP no termina cuando termina la etapa reproductiva, a pesar de que durante años se ha hablado mucho del SOP en relación con la regla, con el acné, o con la fertilidad; y menos de lo que ocurre después, en la transición a la menopausia y en etapas posteriores.

   «Necesitamos seguir investigando qué mujeres tienen más riesgo metabólico y cardiovascular a largo plazo, cómo evoluciona la enfermedad con la edad, y qué estrategias previenen mejor las complicaciones futuras. También es fundamental que el mensaje llegue a las pacientes jóvenes: tener SOP no significa necesariamente infertilidad, ni obesidad, ni diabetes segura en el futuro. Significa que conviene hacer un seguimiento adecuado, personalizado, y preventivo», concluye Monste Prados.

CL11