Alexandra Sowa, experta en obesidad:»Tengo pacientes que esconden que usan Ozempic por miedo a que les acusen de atajos»

MADRID, 25 May. –
Los medicamentos contra la obesidad han dejado de ser vistos únicamente como herramientas para perder peso, y se han convertido en una de las mayores revoluciones recientes de la medicina metabólica. Fármacos como ‘Ozempic’, ‘Wegovy’, o ‘Mounjaro’ no sólo logran pérdidas de peso inéditas hasta ahora sin cirugía, sino que también han demostrado reducir el riesgo cardiovascular, y frenar la progresión hacia la diabetes tipo 2.
Sin embargo, el entusiasmo científico convive con importantes debates sobre el efecto rebote al suspenderlos, la necesidad de tratamientos prolongados, la pérdida de masa muscular, el estigma social, así como el desigual acceso a estos medicamentos. La doctora Alexandra Sowa, autora del libro ‘La revolución Ozempic. Una guía completa sobre los fármacos para adelgazar’ (Grijalbo), defiende en una entrevista con Europa Press Salud Infosalus que la obesidad debe abordarse como una enfermedad crónica con base biológica, y no como un simple problema de voluntad.
«El estigma en torno al consumo de estos medicamentos es un problema de salud pública. Tengo pacientes que han perdido 14 kilos, cuya presión arterial es normal por primera vez en una década, y aun así lo ocultan a sus amigos por miedo a que los acusen de tomar atajos. No existen atajos en la medicina de la obesidad. Existe la biología y existen herramientas para abordarla. Jamás avergonzaríamos a alguien por tomar una estatina o un antidepresivo. Esto no debería ser diferente», denuncia.
Esta médico internista y médico especialista en medicina de la obesidad, así como profesora clínica en la facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York (NYU), en su libro aborda el auge de estos fármacos que han generado una auténtica revolución en torno a la pérdida de peso y al abordaje de la obesidad, resaltando que los datos hasta ahora recabados demuestran que «ya no hablamos de un fármaco que ayuda a la gente a usar pantalones más pequeños, sino de un fármaco que prolonga la vida».
LOS CANDIDATOS A LA TOMA DE ESTOS FÁRMACOS
La también fundadora y directora ejecutiva de la plataforma SoWell Health advierte, eso sí, de que los verdaderos candidatos para estos fármacos agonistas del receptor GLP-1, clínicamente son los pacientes con un IMC de 30 o superior, o de 27 o superior, con una afección relacionada con el peso, como la diabetes o la hipertensión.
«Pero me resisto a esta mentalidad de lista de verificación. La obesidad es una enfermedad crónica y recurrente con una base biológica. La pregunta no es ‘¿mereces este medicamento?’, sino ‘¿es esta la herramienta adecuada para lo que está sucediendo en tu cuerpo ahora mismo?'», afirma la doctora Sowa.
Dicho esto, advierte de que en la actualidad sí existen contraindicaciones reales para la toma de los mismos: antecedentes personales o familiares de cáncer medular de tiroides, antecedentes de pancreatitis, trastornos alimentarios activos, y gastroparesia; además, estos medicamentos no están aprobados para el embarazo y, de hecho, se recomienda suspenderlos antes de un embarazo planificado.
EL TEMIDO EFECTO REBOTE
Uno de los principales debates actuales es el llamado ‘efecto rebote’ al dejar de tomarlos. Le preguntamos sobre qué dice la evidencia científica actual y esa posible recuperación de peso tras el cese del tratamiento, y nos el ensayo de extensión ‘STEP 1’, donde se constató que los participantes que dejaron de tomar semaglutida recuperaron aproximadamente dos tercios del peso perdido en un año. «La mayor parte de sus mejoras metabólicas también se revirtieron. Esto no sorprendió a los médicos especialistas en obesidad -confirmó lo que ya sabíamos sobre biología-, pero sí fue un shock para el resto», admite esta experta.
Pero tal y como lo explica, «la razón es sencilla»: «Estos fármacos actúan principalmente en el cerebro, en el hipotálamo, que regula el hambre y la homeostasis energética. Al suspender la medicación, la señalización cerebral se revierte. El hambre regresa. La necesidad de comer vuelve. Y el cuerpo -que está programado para protegerse de lo que percibe como inanición- trabaja activamente para recuperar el peso perdido. No se trata de una falta de fuerza de voluntad. Es el hipotálamo haciendo exactamente lo que la evolución le diseñó para hacer».
Así, y a la hora de prevenir este efecto rebote, habla de que para la mayor parte de los pacientes candidatos a estos tratamientos es probable que se trate de medicamentos crónicos: «Sé que no es lo que todos quieren oír. Pero no les preguntamos a las personas con hipertensión por qué necesitan seguir tomando su medicación para la presión arterial indefinidamente. La obesidad merece el mismo enfoque».
Además, defiende que lo que los pacientes pueden hacer es aprovechar sabiamente el tiempo que les proporciona la medicación: desarrollar hábitos nutricionales saludables, priorizar las proteínas para proteger la masa muscular, fomentar prácticas de ejercicio sostenibles, y abordar el sueño y el estrés. «El objetivo es sacar el máximo partido a la reducción del apetito, en lugar de simplemente comer menos de lo mismo. Y para los pacientes que quieran probar la reducción gradual de la dosis, la conversación se centra en la dosis de mantenimiento efectiva más baja, con un seguimiento honesto y la disposición a corregir el rumbo», agrega.
FACTORES CLAVE PARA EL ÉXITO EN EL LARGO PLAZO
Con todo ello, Alexandra Sowa, especialista en Medicina interna y en medicina de la obesidad, confiesa que los factores clave para el éxito a largo plazo con los agonistas del receptor GLP-1 se basan en mantener unas «expectativas realistas» con estos tratamientos, así como un buen médico que preste atención, y la preservación de la masa muscular. «Esto último suele sorprender. La pérdida de peso rápida, sea cual sea la causa, conlleva el riesgo de perder masa muscular magra junto con la grasa. El músculo es metabólicamente activo y perderlo dificulta el mantenimiento. Les digo a todos mis pacientes: una ingesta adecuada de proteínas y el entrenamiento de resistencia no son complementos opcionales. Son fundamentales para el protocolo», asevera.
En este contexto, Sowa resalta que sí existen perfiles de pacientes que logran mantener los beneficios después de suspender Ozempic, apuntando a pacientes que realizaron cambios de comportamiento sustanciales durante el tratamiento, no como un efecto secundario de comer menos, sino de forma intencional: «Reestructuraron su alimentación, desarrollaron una relación real con el ejercicio, abordaron el sueño y el estrés, y a menudo trabajaron significativamente en su relación con la comida».
También dice que ha observado un mejor mantenimiento en pacientes que abordaron el tratamiento de forma gradual y deliberada, en lugar de buscar la máxima pérdida de peso. «Pero quiero ser honesta: estos son casos excepcionales», tal y como afianza, explicando que la mayor parte de los pacientes que dejan de consumir por completo experimentan cierta recuperación.
«La conversación que mantengo gira en torno a lo que realmente significa el éxito: incluso el mantenimiento parcial de las mejoras metabólicas tiene relevancia clínica. Por eso, no hay que olvidar que el estilo de vida y la medicación no compiten entre sí, sino que se complementan. El fármaco crea las condiciones para que un cambio de comportamiento real sea posible. Cuando disminuye la presión por la comida, los pacientes tienen la capacidad de tomar decisiones diferentes. El objetivo es aprovechar ese tiempo sabiamente», concluye.
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