La Junta publica un libro que se adentra en el pasado y el presente de los diez teatros romanos andaluces
SEVILLA 26 Abr. –
El Servicio de Publicaciones de la Consejería de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía ha publicado el volumen ‘Pasado y presente de los teatros romanos en Andalucía’, firmado por la catedrática de Arqueología de la Universidad de Sevilla Oliva Rodríguez Gutiérrez.
Según ha informado la Junta en una nota, se trata de una obra, con un enfoque innovador, dirigida al público no especialista, que aborda el conocimiento actual de los teatros conservados en suelo andaluz desde una doble perspectiva: como espacios culturales, de acuerdo con la historiografía clásica, y como lugares de un fuerte componente político y simbólico, vinculados a la expansión de la ideología imperial, en consonancia con los nuevos marcos conceptuales y últimos avances en la investigación histórica.
En palabras de la consejera de Cultura y Deporte, Patricia del Pozo, «este cuaderno divulgativo, recoge, de una manera clara y sintética, los nuevos conocimientos científicos en torno a estos importantes espacios patrimoniales andaluces. Unos estudios que resultan fundamentales para trazar las estrategias que implementen su salvaguarda, preservación, restauración y difusión».
Los diez teatros romanos localizados en suelo andaluz, concretamente en las provincias de Málaga, Sevilla, Cádiz, Córdoba y Granada, «son Bienes de Interés Cultural (BIC) o forman parte de conjuntos arqueológicos englobados en esta categoría de protección cultural y, por tanto, se encuentran inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, instrumento administrativo y jurídico que vela por su tutela, conocimiento y divulgación», señala Del Pozo.
Esta nueva publicación relaciona a los teatros andaluces con el resto de escenarios de la península Ibérica y del Imperio y los enmarca, en palabras de la autora, «dentro de unas prácticas sociopolíticas muy concretas, propias del Imperio romano, que trascienden, con mucho, meras representaciones teatrales al uso».
En este sentido, la catedrática de Arqueología detalla que las actividades que se llevaban a cabo en ellos -antes que ser puramente de ocio tal y como lo entendemos en la actualidad- «formaban parte de las obligaciones cívicas, administrativas y religiosas de la población local, cumpliendo una función esencial en la transmisión de los valores romanos en los territorios conquistados».
Unos usos ceremoniales, de fuerte valor simbólico y político, que explicarían, en buena medida, las grandes dimensiones y aforo de estos espacios, que a menudo excedían ampliamente al de la población circundante, al ser diseñados para convocar también a los habitantes de los entornos rurales a este calendario de celebraciones que buscaba reafirmar el poder y la autoridad de las élites imperiales.
TEATROS CONSERVADOS Y DOCUMENTADOS
El grupo de teatros conservados y conocidos hasta el momento en territorio andaluz está compuesto por diez inmuebles: los de Corduba (Córdoba), Gades (Cádiz), Carteia (San Roque, Cádiz), Baelo Claudia (Tarifa, Cádiz), Itálica (Santiponce, Sevilla), Urso (Osuna, Sevilla), Malaca (Málaga), Acinipo (Ronda, Málaga), Singilia Barba (Antequera, Málaga) y Acci (Guadix, Granada).
También se ha hallado una estructura más compatible con un teatro en Carmo (Carmona, Sevilla), mientras que la excavada en Ategua (Córdoba) se ha confirmado que corresponde a un anfiteatro. Asimismo, las fuentes literarias o epigráficas han llevado a proponer la existencia de hasta otros siete teatros, de los que en la actualidad no se dispone de restos materiales, en Cástulo (Linares, Jaén), Aurgi (Jaén), Canama (Alcolea del Río, Sevilla), Licurgentum (Morón de la Frontera, Sevilla), Osset (Salteras, Sevilla), Tucci (Martos, Jaén) e Isturgi (Los Villares, Andújar, Jaén).
No obstante, estos testimonios, que recogen referencias a celebraciones, pueden no coincidir con la evidencia de un teatro en piedra al uso, pudiendo tratarse de eventos desarrollados en construcciones efímeras.
En todo caso, como insiste la autora, teniendo en cuenta todo lo que se conoce del desarrollo administrativo y la organización urbanística de la provincia Bética, es muy probable que también contaran con un teatro otras ciudades importantes, como Astigi (Écija), Híspalis (Sevilla), Torreparedones (Baena, Córdoba) o Ategua (Córdoba), «espacios que, quizá, en un futuro, puedan ser localizados», avanza Rodríguez.
Los diez teatros conocidos y excavados en suelo andaluz fueron levantados en época imperial, a partir del reinado del emperador Augusto, coincidiendo con los momentos de mayor consolidación de la política romana en Hispania.
Unos años en los que los teatros, inexistentes hasta entonces en las provincias occidentales del Imperio, cobraron un fuerte protagonismo como instrumentos de asimilación cultural. No parecen contar con un patrón común a la hora de elegir su emplazamiento, ni tampoco un estilo artístico privativo propio.
Sí poseen, no obstante, elementos comunes a todos los espacios escénicos romanos del Imperio, como su organización en torno a un graderío semicircular o cavea dividido en tres tramos (ima, media y summa cavea); escaleras radiales o vomitorios que dan acceso a los distintos niveles; un edifico escénico en su frontal (scenae frons y proscaenium) decorado con columnas y esculturas; un área inferior semicircular u orchestra, así como con eficientes sistemas de evacuación y recogida de aguas pluviales.
«Todos los teatros son iguales, al tiempo que todos ellos son distintos», sentencia la autora, quien hace hincapié en que, si bien todos sirvieron de referente simbólico de la política cultural y cívica romana, los teatros romanos andaluces adoptaron soluciones arquitectónicas distintas, tanto para adecuarse a la topografía, como para rentabilizar el transporte de los materiales y la logística de su construcción.
El libro ofrece, asimismo, un recorrido por las principales características de los teatros romanos conservados en territorio andaluz, detallando cómo fue su hallazgo y proceso de excavación, desde el primero que fue descubierto, el de Málaga, en 1951, con ocasión de las obras de reacondicionamiento de la Casa de la Cultura; hasta el último en sumarse a este elenco, el de Guadix, cuyos restos fueron identificados en 2007 durante los trabajos para la construcción de un aparcamiento público subterráneo.
El volumen se adentra también en el ocaso de estos teatros, cuya falta de uso llevó a su abandono, expolio y olvido durante centurias.
«De forma general, puede decirse que los teatros dejaron de ser lugar de celebraciones a lo largo de los siglos III y IV», señala la investigadora, al tiempo que apunta que, más tarde, «buena parte de ellos se convirtieron en canteras de materiales» (Córdoba e Itálica), mientas que otros, situados en zonas elevadas, «fueron aprovechados para instalar torres y puntos de avistamiento» (Baelo Claudia y Acinipo).
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