16 abril 2026

La contaminación del aire podría aumentar el riesgo de migraña hasta un 41%, según un estudio

La contaminación del aire podría aumentar el riesgo de migraña hasta un 41%, según un estudio
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    MADRID, 16 Abr. –

   La contaminación del aire está relacionada con un aumento de la actividad migrañosa, según un estudio de la Universidad Ben-Gurion del Negev en Be’er Sheva, Israel, publicado en ‘Neurology’, la revista médica de la Academia Estadounidense de Neurología.

    Tanto la exposición a corto plazo como la acumulativa a la contaminación del aire, así como factores climáticos como el calor y la humedad, se asociaron con un aumento de la actividad migrañosa. El estudio no prueba que la contaminación del aire cause ataques de migraña; solo muestra una asociación.

   «Estos resultados nos ayudan a comprender mejor cómo y cuándo se producen los ataques de migraña», apunta el doctor Ido Peles, autor del estudio y profesor de la Universidad Ben-Gurion del Negev en Be’er Sheva.

   «Sugieren que, en personas con predisposición a la migraña, los factores ambientales pueden desempeñar dos funciones: factores a medio plazo, como el calor y la humedad, pueden modificar el riesgo de sufrir ataques, mientras que factores a corto plazo, como los picos en los niveles de contaminación, pueden desencadenarlos».

    El estudio incluyó a 7.032 personas con migraña que vivían en Be’er Sheva, en el desierto del Néguev, y a quienes se les dio seguimiento durante un promedio de 10 años. Los investigadores analizaron la exposición diaria a la contaminación del aire proveniente del tráfico, la industria y las tormentas de polvo, así como las condiciones climáticas.

    Posteriormente, examinaron la frecuencia y el momento en que las personas debían acudir al hospital o a un centro de atención primaria por una migraña aguda, y compararon estos datos con la contaminación y las condiciones climáticas de ese día y de hasta siete días antes, dado que los efectos de la contaminación pueden tardar algunos días en manifestarse en el organismo.

   También analizaron la exposición acumulada a la contaminación del aire y las migrañas. Como otra medida de la actividad migrañosa, los investigadores revisaron los registros de farmacia para ver cuántas dosis de los medicamentos para la migraña llamados triptanes necesitaban los participantes.

   Durante el estudio, 2.215 personas, o el 32%, acudieron al menos una vez al hospital o clínica por migraña aguda. Un total del 47% de las personas adquirieron medicamentos triptanes durante el estudio, con un consumo promedio de dos comprimidos al mes y un 2,3% que consumió 10 o más comprimidos al mes.

    Los investigadores encontraron una asociación entre la contaminación del aire y las visitas al hospital o clínica por migraña. El día con el mayor número de visitas al hospital o clínica, los niveles de contaminación del aire fueron elevados en comparación con la cantidad promedio durante el período de estudio. Ese día, el nivel de material particulado 10, o PM 10, que incluye polvo, fue de 119,9 micras por metro cuadrado (*m/m 3), en comparación con un promedio de 57,9 durante el estudio. Para PM 2,5, que incluye partículas de escape de vehículos motorizados y la quema de combustibles de centrales eléctricas y otras industrias, el nivel ese día fue de 27,3 2m/m 3, en comparación con un promedio de 22,3 durante el estudio. Para dióxido de nitrógeno, o NO 2, un gas proveniente principalmente de las emisiones del tráfico, el nivel ese día fue de 11,2 partes por mil millones, en comparación con un promedio de 8,7.

   El día con menor número de visitas al hospital o a la clínica también registró niveles de contaminación inferiores a la media.

   Tras ajustar los datos para tener en cuenta otros factores que podrían influir en el riesgo de sufrir migrañas, como el sexo y el nivel socioeconómico, los investigadores descubrieron que las personas expuestas a corto plazo a altos niveles de NO2 tenían un 41% más de probabilidades de acudir al hospital o a la clínica por migraña que las personas no expuestas a dichos niveles. Asimismo, las personas expuestas a altos niveles de radiación solar, o rayos ultravioleta (UV), tenían un 23% más de probabilidades de buscar ayuda para la migraña que aquellas no expuestas a altos niveles.

   Las personas con exposición acumulada a altos niveles de NO2 tenían un 10% más de probabilidades de consumir grandes cantidades de medicamentos para la migraña que las personas sin dicha exposición. Asimismo, las personas con exposición acumulada a altos niveles de PM2.5 tenían un 9% más de probabilidades de consumir grandes cantidades de estos medicamentos.

   Los investigadores descubrieron que las condiciones climáticas influyen en los efectos de la contaminación. Las altas temperaturas y la baja humedad amplifican el efecto del NO2, mientras que las condiciones frías y húmedas intensifican el efecto de las partículas PM2.5.

   «Estos hallazgos resaltan las oportunidades para anticipar la atención necesaria», expone Peles. «A medida que el cambio climático intensifica la frecuencia de las olas de calor, las tormentas de polvo y los episodios de contaminación, tendremos que integrar estos factores de riesgo ambiental en nuestras recomendaciones para las personas con migraña. Cuando se pronostican períodos de exposición de alto riesgo, los médicos pueden aconsejar a las personas que limiten su actividad al aire libre y usen filtros de aire, tomen medicamentos preventivos a corto plazo y comiencen a usar sus medicamentos para la migraña ante el primer síntoma para prevenir los ataques».

   Una limitación del estudio es que la exposición a la contaminación del aire se midió mediante estaciones de monitoreo y no se tuvieron en cuenta comportamientos individuales como la cantidad de tiempo que se pasa en interiores, el uso de aire acondicionado o filtros de aire, el tipo de trabajo y las actividades diarias.

   Además, dado que la información sobre la actividad de la migraña se recopiló a través de visitas a hospitales y clínicas, así como de datos de farmacias, los resultados reflejan principalmente a personas con migraña severa y pueden no ser aplicables a personas con episodios más leves de migraña o a aquellas que controlan por sí mismas.

CL11