Las dudas de una afectada por el caso ataúdes: «¿En un palé, en una caja de cartón o incinerada con otra persona»
VALLADOLID 15 Abr. Agencias –
Última jornada esta semana con nuevos testimonios de afectados por el ‘caso ataúdes’ en la que los testigos han vuelto a compartir sentimientos de «rabia», «impotencia», «dolor», «indignación» e «incredulidad» tras enterarse por los medios de comunicación de que los féretros y flores para las exequias de sus seres queridos habían sido reutilizados por el grupo funerario El Salvador.
Pero además, los perjudicados continúan exponiendo al tribunal las dudas que aún les atormentan al pensar no sólo el trato dispensado a sus difuntos sino también de que las urnas con las cenizas recogidas tras la cremación pertenezcan a sus familiares, como Nuria P, cuya madre, Heliodora, fallecida el 16 de julio de 2015, fue velada en el tanatorio de El Salvador y posteriormente incinerada en Santovenia dos días después.
«Yo pensé, pobre, dos días sola. Les pregunté que por lo menos tendrían una cámara frigorífica», ha indicado la testigo, quien, en declaraciones recogidas por Europa Press, ha recordado también que al llegar dos días después al cementerio a por la urna los empleados les echaron «la bronca» por llegar tarde.
Años después se enteró por los medios de comunicación de que su madre figuraba entre los posibles afectados por la estafa investigada, consistente en el «reciclado» de ataúdes y ornamentos florales para sucesivos sepelios. «¿En un palé, en una caja de cartón o incinerada con otra persona?», es la pregunta que Nuria se sigue haciendo a fecha de hoy.
Idéntica incógnita no resuelta es la que ha expuesto Ana María O.E, hija de Manuel y María Dolores, fallecidos en 2011 y 2014, respectivamente, y Ana María D.C, cuya madre murió en junio de 2014.
La primera ha asistido al juicio con pesar por «reabrir una herida que ya pensaba cerrada» y persistir en ella la duda de que conserve las cenizas de sus progenitores, mientras que la segunda ha denunciado que el féretro contratado no era el que albergaba el cuerpo de su madre al llegar al tanatorio e incluso que a los empleados «se les olvidaron las flores». Esta última duda también: «Yo quiero a mi madre y no sé lo que tengo».
«TERRIBLE, LAS CENIZAS AÚN CALIENTES» Otros dos de los perjudicados, Diego T.G. y María Isabel M. de la F, afectados por los casos de sus padres, fallecidos en febrero de 2008 y marzo de 2013, respectivamente, han relatado lo desagradable que fue para ellos recoger las urnas con las cenizas aún calientes de sus seres queridos.
El primero de ellos ha recordado que a la familia «le costaba seguir por la carretera al coche fúnebre» camino del cementerio y que tras la cremación del féretro, que no pudieron ver por la negativa de los empleados, fueron emplazados para que volvieran dos horas después con el fin de recoger la urna.
«La cogió mi hermana, a la que llevaba en el coche, y no paró de llorar durante todo el trayecto porque las cenizas estaban muy calientes. No quiso ni siquiera dejar la urna en el suelo», ha precisado Diego, quien ha añadido que tras la muerte de su padre acostumbraba a despedirse de él cada vez que pasaba con el coche por el cementerio, aunque este hábito lo perdió a raíz de enterarse de los hechos hoy enjuiciados a través de los medios de comunicación.
María Isabel M. vivió igualmente la desagrade sensación de recoger aún calientes las cenizas de su padre Julián, algo que no ha dudado al calificar de «terrible». De la supuesta estafa se enteró cuando la policía les llamó para que acudiera a la Comisaría de Las Delicias y una vez allí una agente le comunicó que su padre figuraba entre los afectados.
«La mujer nos enseñó una foto de él y nos dijo que era de los pocos que estaba bastante bien», ha apostillado la testigo, quien asegura que es imposible describir la «poca humanidad» de los acusados y su voracidad al intentar «ganar más y más y más…es algo increíble».
«A MATACABALLO» Otra de las damnificadas, María Laura T, guarda como recuerdo, al igual que otros, la sensación de «premura desmedida, a matacaballo» con la que se desarrollaron el velatorio y la cremación de su padre Paulino, fallecido en noviembre de 2014.
La mujer trasladó a los empleados que en el último momento quería que le abrieran la caja para dar el último adiós a su padre, algo que finalmente no pudo hacer. «Llegó un señor, cogió el féretro y ya se lo llevaba. Le enganché y le pedí que lo abriera pero dijo que no se podía», ha lamentado la testigo, quien de toda esta triste experiencia le queda la certeza de que su padre «era un señor, la bonhomía personificada» y que nada puede empañar su imagen, «ni siquiera lo realizado por gente de esta calaña», en referencia a los encausados.
Ana Isabel A, hija de Nicolás, fallecido el 11 de marzo de 2013, confiesa que «cada dos por tres» tiene en mente la foto de su padre que le enseñó la policía tras destaparse la operación policial ‘Ignis’; Carmen M.M, quien concertó los servicios funerarios para sus padres y un tío, se siente doblemente engañada por el hecho de que mantuviera una cierta amistad y cercanía con la familia Morchón desde que nació, como así ha indicado para, acto seguido, reprochar a sus miembros el «engaño» sufrido.
También ha testificado, entre otros, Yolanda de la C.S, afectada por el caso de su madre, muerta el 2 de abril de 2006, quien incluso se echa en cara que ha podido ser la responsable de la supuesta estafa sufrida: «De haber comprado una caja más barata, quizá no estaría aquí», se ha recriminado con pesar.
Completada la fase de testificales de las personas perjudicadas, el próximo lunes, 20 de abril, llega el turno para el testimonio de los ocho testigos propuestos por las defensas de las veintitrés personas encausados, entre ellos trabajadores y exempleados del grupo funerario El Salvador.
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