14 abril 2026
Trump se quita el guante de terciopelo del puño que escondía
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KUALA LUMPUR – El segundo mandato de Donald Trump se ha caracterizado por un ejercicio descaradamente agresivo del poder para garantizar los intereses estadounidenses tal y como él los define. Aunque muchas de las tendencias recientes son anteriores incluso a su primera administración,  su menor uso del «poder blando» ha puesto al descubierto su uso intimidatorio y extorsionador del poder.

¿Estado de derecho?

La liberalización comercial lleva al menos dos décadas en retroceso. Casi todos los países industralizados del Grupo de los 20 (G20) levantaron barreras comerciales tras la crisis financiera mundial —en realidad, occidental— de 2008-2009.

Estados Unidos ha utilizado ilegalmente más leyes y políticas como arma, especialmente mediante la imposición unilateral de sanciones y aranceles, sobre todo a regímenes disidentes.

A menudo, tales amenazas no son un fin en sí mismas, sino en realidad armas para reforzar la posición negociadora de Estados Unidos con el fin de conseguir acuerdos más ventajosos.

Según las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), los miembros están obligados a conceder el estatus de «nación más favorecida» a todos los demás países miembros.

Jomo Kwame Sundaram
El autor, Jomo Kwame Sundaram

El 2 de abril de 2025, el presidente Trump anunció unos supuestos «aranceles recíprocos», aparentemente en respuesta a los superávits comerciales de otros países con Estados Unidos.

Recurrir al mecanismo de solución de diferencias de la OMC es inútil, ya que Estados Unidos ha bloqueado el nombramiento de miembros del Órgano de Apelación desde la presidencia de Barck Obama (2009-2017).

Trump 2.0, como se llama a su segunda administración tras gobernar el país entre 2017 y 2021, también ha estado tratando de conseguir que traigan sus capitales a Estados Unidos inversores y gobiernos adinerados, principalmente de Europa, Japón y los Estados del Golfo ricos en petróleo.

La mayoría de esas inversiones se realizan en los mercados financieros, más que en la economía real. Esas inversiones de cartera han impulsado los precios de los activos, e incluso han creado burbujas.

La actitud intimidatoria de Trump es mal vista, pero no ha resultado muy eficaz frente a adversarios fuertes. En consecuencia, los aliados han sido los más afectados y los que más resentimiento han mostrado.

Agravamiento de la estanflación

Mientras tanto, gran parte de la economía mundial nunca se ha recuperado realmente de la desaceleración provocada por la Covid-19, mientras que las sanciones y los aranceles occidentales han elevado los costes de producción, agravando la inflación.

Las tendencias recientes también han agravado el estancamiento desde 2009. Muchos gobiernos y el Fondo Monetario Internacional (FMI) han empeorado la situación recortando el gasto cuando más se necesitaba.

Los efectos han variado, siendo en general peores en los países más pobres, donde el FMI limita las opciones de política y las Agencias de calificación crediticia elevan los costes de financiación.

Las subidas de las tasas de interés del presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Jerome Powell, aparentemente para hacer frente a la inflación, también revirtieron «la flexibilización cuantitativa», que había reducido los tipos de interés desde 2009.

La agresividad de Trump ha reducido la relación económica con Estados Unidos, acelerando inadvertidamente la desdolarización y socavando así el «privilegio exorbitante» del dólar.

Los bancos centrales de todo el mundo han respondido de forma previsible, negándose a adoptar medidas anticíclicas ante la desaceleración económica, alegando presiones inflacionistas.

¿Transaccional?

El enfoque transaccional de Trump ha supuesto acuerdos bilaterales, uno a uno, lo que beneficia aún más a la potencia dominante mundial.

Al implicar «juegos de suma cero» asimétricos y puntuales, estas transacciones garantizan que Estados Unidos salga ganando, necesariamente a expensas «del otro». El transaccionalismo también permite «la compra de influencia», o la corrupción.

La incertidumbre resultante reduce las inversiones, no solo en Estados Unidos, sino en todas partes, debido a la percepción de mayores riesgos, lo que agrava el estancamiento. Así, las políticas de Trump 2.0 han reducido la inversión y el crecimiento.

El mundo entero, incluido Estados Unidos, ha sufrido muchos «daños colaterales», pero la Casa Blanca parece contenta siempre que los demás pierdan más.

Soberanismo unipolar

Las transiciones hacia el soberanismo unipolar y, posteriormente, hacia un mundo multipolar han sido muy debatidas.

Hace tres décadas, la influyente revista del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos, Foreign Affairs, argumentó que el mundo unipolar de la posguerra fría era en realidad «soberanista».

La referencia del actual secretario general de la Otan, Mark Rutte, a Trump como «papá» sugiere que el momento soberanista no ha terminado del todo, como sugiere la movilización estadounidense  contra el presidente, bajo el lema «No Kings (no reyes)».

El «Estados Unidos primero» de Trump se opone claramente al multilateralismo, lo que genera preocupaciones más amplias. Ha retirado a Estados Unidos de muchos organismos multilaterales, aunque no de todos.

El 7 de enero, Estados Unidos se retiró de 66 organizaciones internacionales por considerarlas «inútiles, ineficaces o perjudiciales», abordando cuestiones que, en su opinión, eran «contrarias» a los intereses nacionales.

El uso continuado y selectivo que Trump hace de los organismos multilaterales le ha servido bien, permitiéndole conservar privilegios, como por ejemplo, la condición de miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU con derecho de veto.

¡La resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el alto el fuego en Gaza se utilizó para crear y legitimar su «Junta de la Paz», que ahora algunos promocionan como una alternativa a la ONU!

Trump no se retirará de la OMC, ya que su Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (Adpic) es clave para los billones (millones de millones) que las empresas tecnológicas estadounidenses obtienen de la propiedad intelectual transnacional.

El fin del poder blando

Algunas de las declaraciones del primer ministro canadiense Mark Carney, el 20 de enero en el Foro de Davos son reveladoras:

«Más recientemente, las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como arma y los aranceles como palanca. La infraestructura financiera como coacción. Las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar», dijo.

Y añadió: «No se puede vivir en la mentira del beneficio mutuo a través de la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación… Si no estamos en la mesa, estamos en el menú».

Además de ejercer una superioridad militar abrumadora, Trump 2.0 ha convertido cada vez más las normas, los acuerdos y las relaciones económicas en armas a su favor.

El abandono del «poder blando» —acelerado con la colaboración de Elon Musk— ha arrancado el guante de terciopelo de la «hegemonía» estadounidense, dejando al descubierto el puño de hierro que hay debajo.

La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) y otras Agencias y programas financiados por el gobierno estadounidense han sido cruciales para el poder blando, fomentando la ilusión de un dominio consentido.

Abandonar el poder blando bien podría aumentar los costes de lograr el «Estados Unidos primero», pero Trump no lo sabe o no le importa.

T: MF / ED: EG

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