La asociación naturalista Rosalía Alpina advierte de que «La Rioja pierde biodiversidad»
LOGROÑO, 13 Abr. (Agencias) –
La asociación naturalista Rosalía Alpina ha afirmado que «La Rioja pierde biodiversidad», ya que asegura que «zonas de hasta dos hectáreas que estaban evolucionando hacia un pequeño bosque han sido arrasadas con maquinaria pesada en Ocón», mientras que lamenta que «la Consejería sigue autorizando roturaciones para convertir estos enclaves en nuevos viñedos o campos de cereal».
Como dice la entidad en una nota, «en plena Rioja vitivinícola y cerealista, entre extensiones continuas de viñedo o de cereal, aún sobreviven pequeños reductos de biodiversidad: pequeños trozos de monte que, con el paso de los años, se han ido regenerando de forma natural, dando lugar a bosquetes de encinas, arbustos mediterráneos y fauna asociada».
Son espacios «modestos, pero de gran valor ecológico, especialmente en un territorio cada vez más homogéneo desde el punto de vista agrícola», sin embargo, «esta regeneración natural está siendo sistemáticamente destruida».
La Consejería de Medio Ambiente del Gobierno de La Rioja «continúa autorizando roturaciones para convertir estos enclaves en nuevos viñedos o campos de cereal, incluso cuando ya se han formado bosquetes jóvenes o cuando existen ribazos con árboles, encinas y arbustos que actúan como refugio para aves, reptiles, anfibios, insectos, arácnidos y pequeños mamíferos».
Citan en concreto un caso que se ha producido en el valle de Ocón, «donde se ha eliminado un monte de casi dos hectáreas, el más grande de los eliminados durante estos años».
Desde nuestra asociación, Rosalía Alpina, «denunciamos que esta política supone una grave pérdida de biodiversidad, especialmente preocupante en un contexto de cambio climático y de claro declive de los ecosistemas agrarios».
La eliminación «constante» de ribazos, lindes y pequeños bosquetes rompe corredores ecológicos, «empobrece el paisaje -precisamente aquel que el propio Gobierno dice proteger a través de la Ley del Paisaje- y acelera procesos de desertificación».
Además, «esta destrucción afecta directamente a la fauna silvestre y a la actividad cinegética, perjudicando a especies emblemáticas como la perdiz roja, la codorniz o la tórtola, también a la propia agricultura».
«Estos espacios albergan insectos y aves que actúan como depredadores naturales de plagas, ayudando a mantener el equilibrio ecológico de los cultivos. Su desaparición rompe estos procesos naturales y aumenta la dependencia de tratamientos químicos, con el consiguiente impacto ambiental y económico», recalcan.
Por eso, piden a la administración «que deje de conceder autorizaciones de forma sistemática, y que apueste por compatibilizar la actividad agraria con la conservación de los últimos reductos naturales que aún resisten entre los viñedos y cultivos de La Rioja».
A esta pérdida de biodiversidad «se suma una nueva y grave amenaza: la apertura de pistas forestales de gran impacto en algunos de los últimos encinares que aún sobreviven, especialmente en zonas sensibles de La Rioja Baja: Bergasillas, Enciso y Cornago».
Desde nuestra asociación quieren dejar claro que «no estamos en contra del aprovechamiento de leñas, una actividad tradicional que puede ser compatible con la conservación del monte cuando se realiza de forma cuidadosa y proporcionada».
«Lo que denunciamos es la desproporción entre el impacto generado y el beneficio obtenido, especialmente cuando estas pistas atraviesan los escasos encinares de la Rioja Baja. El problema no es solo paisajístico. En un territorio semiárido como La Rioja Baja, con precipitaciones escasas e irregulares y suelos poco profundos, estas actuaciones activan procesos de erosión difíciles o imposibles de revertir», argumentan.
Añaden que «la eliminación de la cubierta vegetal, la alteración del perfil del suelo y la creación de taludes desnudos favorecen la escorrentía y la pérdida de suelo fértil».
Además, «estas pistas fragmentan el hábitat, facilitan el acceso de vehículos a zonas antes tranquilas y aumentan la presión humana sobre espacios que funcionaban como refugio para la fauna, una vez abiertas, estas pistas rara vez se restauran adecuadamente, convirtiéndose en impactos permanentes que comprometen el futuro del encinar».
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