El Museo del Prado examina cómo la fotografía cambió la mirada del artista en el siglo XIX
MADRID, 13 Abr. –
El Museo del Prado ha presentado este lunes ‘El universo del artista ante la cámara‘, una exposición que explora cómo la llegada de la fotografía en el siglo XIX transformó la manera de representar, documentar y proyectar la identidad del artista y sus espacios de creación.
La muestra reúne retratos individuales y de grupo, vistas de los estudios de artistas, así como imágenes que documentan distintas fases del proceso creativo, ofreciendo un mapa visual del artista en su taller, o en escenarios alternativos de creación. El proyecto consolida la atención del Prado a la fotografía tras iniciativas recientes como ‘El Prado multiplicado. La fotografía como memoria compartida’.
‘El universo del artista ante la cámara’, que se podrá visitar hasta el 5 de julio de 2026, está integrada en el programa ‘Almacén abierto’, dedicado a presentar en la sala 60 fondos de las colecciones del siglo XIX mediante muestras de pequeño formato.
La muestra reúne obras de profesionales reconocidos junto a imágenes de autoría desconocida y posible carácter amateur, en su mayoría procedentes de archivos de artistas como Luis y Federico de Madrazo, Dióscoro Puebla, Rafael Rocafull, Cecilio Pla, Agustín Querol, Miguel Blay, Fernanda Francés o Manuel González Santos.
Ese conjunto permite adentrarse en el estudio como un espacio cargado de valor simbólico donde convergen la observación, la enseñanza y el intercambio, y también seguir al artista en otros escenarios de creación que se convierten en prolongaciones del taller, desde el célebre atelier de Mariano Fortuny en Roma hasta el evocador patio de las Doncellas del Real Alcázar de Sevilla.
El recorrido destaca, entre otras, la vista del estudio de Federico de Madrazo en Madrid (Alfonso Roswag, 1893), la documentación del modelado del frontón de la Biblioteca Nacional por Agustín Querol (atribuida al Conde de Polentinos, 1902) y la escena de Mariano Benlliure junto al escritor Federico García Sanchiz en el taller del escultor (Cristóbal Portillo, 1932).
En especial, se presta atención a la presencia femenina en estos ámbitos, con el retrato de María Luisa de la Riva en su estudio parisino, la pintora Fernanda Francés y las alumnas de Cecilio Pla, entre ellas Carolina del Castillo; y se detiene en fotografías que registran las etapas de creación de una misma obra, como la escultura dedicada a Mariano Moreno, encargada a Miguel Blay en 1909 y documentada a lo largo de 1910.
Asimismo, la exposición configura una cronología material que permite seguir la evolución de técnicas y soportes: de los papeles albuminados y los retratos en formato carte de visite o tarjeta París, a procesos como el platinotipo, el ferrotipo, el autocromo o las copias a la gelatina.
La diversidad de procedimientos no solo dialoga con la multiplicidad de autores y situaciones representadas, sino que también da cuenta de las transformaciones tecnológicas y estéticas que, desde mediados del siglo XIX hasta las primeras décadas del XX, redefinieron la manera en que los artistas construyeron y proyectaron su imagen y su universo creativo.
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