El plan de EEUU para la ONU: agresivos recortes de personal y presupuesto y la IA para ahorrar costes

NACIONES UNIDAS – Estados Unidos ya presentó su propia visión de cómo debería ser la reforma de la Organización de las Naciones Unidas (ONU): drástica reducción de personal, recortes presupuestarios, eliminación de duplicidades en los mandatos, radical disminución de las operaciones de mantenimiento de la paz y el uso de la inteligencia artificial (IA) para la traducción y la interpretación en seis idiomas.
Como principal contribuyente al presupuesto de la ONU —y a pesar de tener casi 4000 millones de dólares en cuotas impagadas—, está utilizando su influencia financiera para ayudar a cambiar radicalmente el organismo mundial.
Estados Unidos afirma que quiere «hagamos grande a la ONU de nuevo (Munga)», una variación del eslogan tan repetido por el presidente Trump: «Hagamos grande a Estados Unidos de nuevo (Maga)».
Pero su plan, ¿funcionará? ¿Y es factible?
El embajador Mike Waltz, representante de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, en su intervención en una audiencia legislativa sobre la reforma de la ONU, dijo al concluir marzo: «Como afirmé en mi audiencia de confirmación, la ONU realmente necesita volver a lo que llamamos ‘lo básico’ y a su misión original, desde su fundación, es decir, volver a mantener la paz y la seguridad internacionales».
Añadió, que como dijo en aquella opotunidad en enero, «el presupuesto de la ONU se ha cuadruplicado en los últimos 25 años. Podría decirse que no hemos visto una cuadruplicación de la paz y la seguridad en todo el mundo acorde con esos dólares ganados con tanto esfuerzo».
«Por eso, estamos presionando. Estamos presionando para que racionalice su burocracia y elimine la duplicación. Hemos dejado claro que dejaremos de participar en algunos organismos de la ONU que socavan nuestra soberanía y no pueden reformarse», dijo el representante estadounidense.
A principios de este año, señaló, el presidente Donald Trump anunció «nuestra retirada de 66 organizaciones internacionales. Esa revisión sigue en curso. Y desde mi punto de vista, permítanme ser claro, Estados Unidos no financiará organizaciones que actúen en contra de nuestros intereses».
En cuanto a las remuneraciones y el personal de la ONU, puntualizó, «estamos liderando reformas de lo que a menudo son estándares exorbitantes de remuneración y prestaciones que reciben los más de 100 000 empleados de la ONU. La ONU paga 17 % más que los funcionarios públicos equivalentes de Estados Unidos, a pesar de que muchos de ellos se encuentran aquí mismo, en Nueva York».
«También cuentan con paquetes de prestaciones adicionales muy generosos que superan con creces lo que reciben nuestros excelentes funcionarios públicos, tanto aquí como en el extranjero. Y solo los gastos de personal suponen 70 % de su presupuesto ordinario; son estos aspectos los que estamos tratando de volver a ajustar», aseguró.
Por lo tanto, adujo, «debemos, y estamos trabajando para, volver a ajustar esos paquetes de remuneración y prestaciones a los estándares del sentido común. Parte de ello será la pensión. Hay más de 100 000 millones de dólares en gestión, en el fondo de pensiones de la ONU, con 16 %; no conozco a ningún empleador ni gobierno que contribuya con 16 % a su fondo de pensiones».
Y hay otras varias reformas, dijo.
«Por ejemplo, el número de intérpretes y traductores —seis por cada uno de los seis idiomas de la ONU aquí—: se puede utilizar la tecnología, se puede utilizar la inteligencia artificial, se puede utilizar la traducción a distancia, lo que ahorrará gran parte de los gastos de viaje y de conferencias», dijo Waltz.
Stephen Zunes, profesor de Política en la Universidad de San Francisco y director de Estudios sobre Medio Oriente, quien ha escrito extensamente sobre la política de las Naciones Unidas, dijo a IPS que la reforma propuesta por Washington no tiene que ver con la reducción de gastos ni con la responsabilidad fiscal, sino con la propia existencia de la ONU.
«Al igual que los recortes a importantes Agencias gubernamentales estadounidenses y programas nacionales, la administración Trump parece decidida a desmantelar el sistema en sí mismo», dijo.
Esto debe entenderse en el contexto de la retirada de organizaciones y tratados internacionales, la creación de la denominada «Junta de la Paz», la guerra con Irán y los drásticos aumentos del gasto militar anunciados por la Casa Blanca este mismo mes.
«Se trata de socavar las instituciones jurídicas internacionales y sustituirlas por un orden imperial respaldado por la fuerza militar bruta», consideró Zunes.
Richard Gowan, director del programa de Asuntos Globales e Instituciones del International Crisis Group, con sede en Bruselas, dijo a IPS que, en la primera mitad de 2025, la política de Estados Unidos hacia la ONU era bastante caótica, y los diplomáticos de otros países realmente no tenían ni idea de qué quería Washington de la organización mundial.
Nos guste o no, dijo, «Mike Waltz y su equipo han aportado cierta disciplina en el mensaje y están explicando sus objetivos respecto a la ONU con bastante claridad».
«La mayoría de los diplomáticos dicen que Waltz puede ser razonable en privado y que, en última instancia, él y su equipo quieren reformar la ONU en lugar de simplemente destruirla. Hay ocasiones en las que Waltz se desvive por criticar a la ONU y a funcionarios concretos de la organización en las redes sociales, pero creo que, en parte, lo hace para ganarse a la base republicana», analizó.
Waltz tiene claro que quiere una ONU más reducida, señaló Gowan, y hay que reconocer que este es un mensaje popular entre muchos Estados miembros de la ONU. Estados Unidos, incidió, no es el único que piensa que la burocracia de la organización se ha vuelto demasiado grande y necesita una drástica dieta financiera.
Trump, su secretario de Estado, Marco Rubio, y Waltz «son bastante coherentes al argumentar que la ONU debería centrarse en cuestiones de paz y seguridad», dijo Gowan.
Pero creo que la administración estadounidense, adujo, «no ha convencido realmente a la mayoría de los demás miembros de la ONU de que tiene un plan para que la organización vuelva a cumplir en materia de prevención de conflictos y diplomacia».
En cambio, a su juicio, Estados Unidos parece tener un enfoque muy selectivo e instrumentalista sobre cuándo y cómo utiliza a la ONU como socio en materia de seguridad. Por ejempo, quiere que la ONU ayude en Haití, pero que se aparte del camino en el Líbano.
En resumen, dijo, «no creo que haya realmente una visión coherente en juego aquí. Se trata de un enfoque muy ad hoc, caso por caso».
«El impulso de Trump a la Junta de la Paz como posible alternativa a la ONU también ha complicado la posición de Waltz. El hecho de que Trump esté dispuesto a coquetear con la Junta, aunque no sea una institución muy seria, hace más difícil creer que Washington realmente quiera que la ONU recupere credibilidad en materia de paz y seguridad», analizó Gowan.
Trump lanzó la Junta de la Paz en enero, como una iniciativa internacional propia, destinada a gestionar conflictos internacionales, comenzando por la reconstrucción de Gaza, el impulso de la paz en Medio Oriente. Su conformación sería privada, Trump la presidiría incluso cuando acabe su mandato acctuaría como commplemento cuando no alternativa de la ONU, a la que el gobernante crítica reiteradamente que carece de eficacia.
Mientras tanto, entre los extractos del testimonio del embajador Waltz se incluyen:
–»En cuanto a los recortes presupuestarios y de personal, la ONU debería hacer menos y hacerlo mejor. Centrémonos más y logremos realmente más resultados. El presupuesto ordinario de la ONU para 2026 se estimó en 3.50 millones de dólares. Estados Unidos financia aproximadamente una quinta parte de esa cantidad, con 820 millones de dólares solo en 2025.
–»Una vez más, creo que debemos reducir el tamaño de la ONU y garantizar que cada dólar de los contribuyentes se gaste de forma responsable, y gracias a los grandes esfuerzos de Estados Unidos, liderados por el embajador Bartos y su equipo en lo que llamamos la Quinta Comisión de la ONU, que aprueba su presupuesto, estamos trabajando para lograr un presupuesto para 2026 más austero y con mejores prioridades de cara al futuro.
–»En diciembre, lideramos a los Estados miembros para que adoptaran un recorte histórico de 15 %, equivalentes a 570 millones de dólares del presupuesto ordinario de la ONU. Eso eliminará casi 3000 puestos en la sede. Y en cuanto a nuestra contribución, reducirá nuestra cuota en 126 millones de dólares. Así que solo en los seis meses que llevamos aquí, veremos en el futuro un ahorro de 126 millones de dólares para el contribuyente estadounidense.
–»También hemos impulsado una reducción de 25 % en las tropas de mantenimiento de la paz, y hablaré en un momento sobre otras reformas en este ámbito que también nos ahorrarán decenas, si no cientos, de millones de dólares, al tiempo que permiten lo que aquí llamamos la repatriación, el envío a casa de las tropas de mantenimiento de la paz con bajo rendimiento.
–»Desde el punto de vista de la supervisión, más allá de los salarios y las prestaciones, la supervisión es esencial. Estamos liderando los esfuerzos para dotar de más poder a los organismos de supervisión con el fin de erradicar el despilfarro, el fraude, el abuso y la mala conducta».
En cuanto a la reforma del mantenimiento de la paz, dijo, «la administración estadounidense ha dejado claro que se centrará en el mandato fundamental de la paz y la seguridad, y estamos liderando los esfuerzos para reducir gradualmente algunas de estas misiones de mantenimiento de la paz ineficaces y costosas».
«Algunas de ellas llevan 30, 50 e incluso 80 años en activo. Así pues, una cosa es detener un conflicto, desplegar una fuerza internacional, poner fin a las hostilidades entre las dos partes o separarlas para crear el espacio necesario para una resolución política», precisó.
Y añadió: «Pero eso no puede convertirse en una excusa para no alcanzar una resolución política. Cuando se tiene una fuerza de mantenimiento de la paz, por ejemplo, en la República Democrática del Congo y en el Congo, con un coste de mil millones de dólares al año, que lleva allí 30 años, basta con hacer cuentas para ver cómo se produce una desviación del mandato».
«Así pues, lo que pretendemos hacer es, a medida que estas fuerzas de mantenimiento de la paz se someten a renovación, normalmente con periodicidad anual, vincularlas a un proceso político y aprovechar esa oportunidad para impulsar la eficiencia en ese sentido, de nuevo, bajo la dirección de nuestro equipo de reforma aquí, al que se dedica un embajador, alguien con rango de embajador», agregó.
Esto es solo un breve inciso, abundó, «el reembolso por el equipo que traen estas fuerzas de mantenimiento de la paz, a veces para entre 10 000 y 18 000 soldados. Es bastante significativo. A estos países se les reembolsaba tanto si usaban el equipo como si no».
Lo único que tenían que hacer era traerlo. Así que existía un incentivo evidente —y recibimos esta información desde el terreno— para no utilizar mucho el equipo, no desgastarlo demasiado, y los países seguirían recibiendo el mismo nivel de reembolso.
Y agregó en otros extractos de sus planteamientos:
«Acabamos de negociar nuevas normas, por primera vez en la historia, que establecen que el equipo debe utilizarse realmente para la fuerza de mantenimiento de la paz antes de recibir el reembolso. Este es el tipo de reformas de sentido común que creo que son bastante difíciles de rebatir, aunque recibimos mucha oposición, porque para muchos de estos países es una fuente de ingresos para sus ministerios de Defensa. Hemos conseguido llevar a cabo esas reformas.
«Solo por citar algunos ejemplos, mientras buscamos racionalizar estos mandatos, también estamos tratando de reducir algunos de ellos. En el caso de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en Líbano (FPNUL), hemos dejado claro que no ha alcanzado sus objetivos, no ha cumplido con su mandato y debería reducirse el próximo año.
«Estamos llevando a cabo una revisión estratégica de la fuerza de mantenimiento de la paz en el Sáhara Occidental, que lleva allí 50 años.
«Estamos estableciendo criterios de referencia para la fuerza de mantenimiento de la paz que se encuentra en Sudán del Sur. Acabamos de supervisar el cierre ordenado de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas para Iraq (Unami), lo que reducirá los costes en 87 millones de dólares al año.
«Acabamos de presionar para que se cierre la misión política especial en Yemen, lo que supondrá un ahorro de 25 millones de dólares al año. Hemos racionalizado las misiones en Colombia y Haití, con un ahorro aproximado de 20 millones de dólares al año. Así que, una vez más, estas misiones de mantenimiento de la paz que resuelven problemas no existen indefinidamente.
«En cuanto al sistema humanitario, a título personal, como alguien que ha prestado servicio en África y Medio Oriente, no sabría decirles cuántas veces me he acercado a un pequeño ministerio en un país de África o del sur de Asia y he visto que había más vehículos de la ONU en el aparcamiento que los que tenía todo el ministerio, procedentes de 16, 17 o 18 Europa Press diferentes, a menudo con misiones que se solapaban, todas con buenas intenciones, todas tratando de ayudar.
«Pero ahora hemos retirado gran parte de nuestra financiación, lo que obligará a estas Agencias a compartir los mismos almacenes, la misma aviación y las mismas flotas de vehículos, y a eliminar gran parte de esa duplicación de gastos en sus oficinas administrativas.
«Así pues, de cara al futuro, estas reformas han supuesto avances significativos. Nos queda un largo camino por recorrer —como seguramente oiremos hoy— para crear una ONU más centrada, ágil y eficaz. Apenas estamos empezando.
«Aprovechamos este impulso de cara al próximo año con cambios que se deberían haber hecho hace tiempo, como el sistema de remuneración y el plan de pensiones de la ONU, la racionalización de estas misiones de mantenimiento de la paz y el fin del despilfarro que socava la eficacia.»
Waltz aseguró a continuación que su plan es trabajar con los dirigentes de la ONU «para alinear nuestra agenda de reformas con la del secretario general», en referencia a la propuesta de António Guterres, de la reforma del organismo mundial, lanzado el año pasado al cumplir su 80 aniversario y conocida como ONU80.
Este año se elegirá un nuevo secretario general, que iniciará su mandato en enero de 2027, «y ya estamos manteniendo conversaciones con los candidatos sobre lo que pretenden mantener y continuar, o qué novedades pretenden introducir, pero la reforma es nuestra máxima prioridad en nuestras reuniones con algunos de estos candidatos», remarcó el embajador estadounidense.
«Por lo tanto, este es un momento crítico, con las transiciones en la alta dirección que se avecinan a lo largo del próximo año. Necesitamos tener un mensaje claro. Daremos prioridad a los estadounidenses cualificados», planteó Waltz.
Luego, pasó a hacerse eco de las propias palabras de Trump durante su discurso en la Asamblea General de la ONU en septiembre
Como dijo entonces el presidente, afirmó, «la ONU tiene un potencial enorme. El encargo que me ha hecho es ayudar a que se materialice ese potencial. Estamos decididos a hacer que la ONU esté a la altura de esa promesa, a hacer que la ONU vuelva a ser grande —si se me permite decirlo, nuestro nuevo acrónimo, Munga».
«La ONU es el único lugar donde todo el mundo puede hablar. Si mañana nos marcháramos —algo que ni el presidente ni yo defendemos—, se reinventaría en otro lugar. Presionaré con fuerza y de forma continua para que se mantenga aquí, en Estados Unidos, donde debe estar, acotó.
Para concluir, Waltz, añadió: «Y espero mantener un diálogo abierto con su comisión. Le agradezco, señor presidente, la legislación que ha impulsado. Añade flechas adicionales a nuestra aljaba para ayudar a que la ONU vuelva a ser grande».
T: MF / ED: EG
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