La zarzuela, el gran espejo musical de Madrid, inicia su camino para ser Bien de Interés Cultural
MADRID, 5 Abr. (Agencias) –
La Comunidad de Madrid ha decidido dar un paso al frente para proteger la zarzuela con el inicio de expediente para su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Patrimonio Inmaterial, con el objetivo de garantizar la pervivencia de un género nacido en la capital y que ha retratado durante siglos la vida y las costumbres de los madrileños.
La resolución abre ahora un periodo de información pública y la solicitud de informes antes de su aprobación definitiva, según recoge el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM), consultado por Agencias.
Y es que la historia de la zarzuela es, en buena medida, la historia de Madrid. Nacida en el siglo XVII como espectáculo cortesano en el Palacio de la Zarzuela, pronto abandonó los salones reales para instalarse en los teatros de la ciudad y, desde allí, convertirse en una expresión popular capaz de conectar con todo tipo de públicos.
A lo largo del tiempo, el género fue absorbiendo la realidad social de cada época: incorporó los sonidos de la calle, los bailes de moda y los personajes más reconocibles del Madrid castizo. Serenos, chulapos, aguadoras o barquilleros pasaron a poblar sus libretos, mientras las verbenas, las corralas o las calles del centro se convertían en escenario.
EL GÉNERO CHICO, UN FENÓMENO DE MASAS
El gran salto de la zarzuela llegó en el siglo XIX, cuando el género resurgió con fuerza y se consolidó como alternativa frente a la ópera europea. De la mano de compositores como Barbieri y una nueva generación de autores, se desarrollaron formatos como la Zarzuela Grande y la Zarzuela Chica, adaptados a distintos públicos y espacios escénicos.
Pero fue el llamado Género Chico el que terminó por convertir la zarzuela en un fenómeno de masas. Obras breves, accesibles y cercanas que se representaban varias veces al día en los teatros por horas y que captaban, con humor y crítica, la esencia de la vida madrileña. En pocos años se crearon miles de títulos que llenaron los escenarios de la capital.
La zarzuela se convirtió así en un auténtico «canto a Madrid», donde la música y el teatro servían para contar lo que ocurría en la calle, desde los problemas políticos hasta las modas o el pulso cotidiano de la ciudad.
Destacan obras como ‘La verbena de la Paloma’ (Tomás Bretón), ‘El barberillo de Lavapiés’ (Francisco Asenjo Barbieri), ‘Luisa Fernanda’ (Federico Moreno Torroba), ‘Doña Francisquita’ (Amadeo Vives), ‘La Revoltosa’ (Ruperto Chapí), ‘Agua, azucarillos y aguardiente’ (Federico Chueca), o ‘La gran vía’ (Federico Chueca y Joaquín Valverde), entre muchas otras.
UN GÉNERO QUE SE REINVENTA PARA SOBREVIVIR
Tras décadas de esplendor, especialmente hasta mediados del siglo XX, la zarzuela entró en una etapa de declive. Sin embargo, lejos de desaparecer, ha demostrado una notable capacidad de adaptación, integrando nuevas formas musicales y manteniendo su presencia en los escenarios.
Hoy, compañías líricas, teatros y entidades culturales siguen programando zarzuela en la Comunidad de Madrid, mientras conservatorios y centros educativos contribuyen a su formación y difusión. Además, el patrimonio documental asociado (partituras, libretos, grabaciones o vestuario) se conserva en instituciones como la Biblioteca Nacional o la Real Biblioteca, lo que permite su estudio y recuperación.
No obstante, el género afronta importantes desafíos. La limitada presencia en las programaciones, el envejecimiento del público y la falta de visibilidad amenazan su continuidad como espectáculo vivo.
Ante esta situación, la Comunidad de Madrid apuesta por su protección como BIC y plantea medidas como la catalogación de fondos, el impulso a nuevas producciones, el apoyo a artistas y la difusión del género para atraer a nuevas generaciones.
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