La fiebre por las tierras raras: España, un ‘yacimiento clave’ para la autonomía europea y con proyectos en Extremadura
MADRID 3 Abr. –
El constante desarrollo tecnológico ha desatado a nivel internacional una carrera por el control de los minerales esenciales para la producción de objetos como teléfonos o coches eléctricos. En plena pugna por el control de los recursos, la mirada de la UE está puesta en España, uno de los núcleos geológicos con potencial para impulsar su posición estratégica, y con proyectos en Extremadura.
España siempre ha albergado bajo su suelo materias primas fundamentales que han jugado un papel clave y que han llevado a la industria extractiva a facturar anualmente en torno a 3.500 millones de euros, según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO). Pero la prioridad ahora se ha fijado en la zona oeste, en el conocido como Macizo Varisco: una franja minera que atraviesa la península desde el norte de Galicia hasta el sur de Andalucía. En ella se esconden indicios de minerales con propiedades magnéticas y electrónicas únicas, aunque son poco abundantes.
«En la mayoría de los casos, esos minerales nos aportan un elemento químico concreto, pero se encuentran en muy bajas concentraciones en la superficie de nuestro planeta. Con lo cual, son difíciles de explorar y, en muchas ocasiones, de explotar», indica a los medios el profesor de Cristalografía, Mineralogía y Química Agrícola de la Universidad de Sevilla (US), Joaquín Delgado.
Estas características son las que han llevado a que haya en todo el mundo un limitado número de yacimientos explotables, los conocidos como tierras raras (REE, por sus siglas en inglés) y minerales críticos. «China controla el mercado de REE, de ahí el interés de otros países, como EEUU, en controlar los posibles recursos que pueda haber fuera de China», añade a Agencias la científica titular del IGME-CSIC, Susana Timón.
«Son herramientas geopolíticas; el que tiene el control, tiene la sartén por su mango», coincide Delgado. Esto lo sabe bien la Comisión Europea, ya que Europa depende de la extracción y producción de fuera de la UE. Por ejemplo, el 97% del magnesio que consume la UE proviene de China y el 98% del borato es de Turquía. Esto deja a la región en una delicada situación de desventaja ante posibles alteraciones o interrupciones del suministro.
De hecho, el Tribunal de Cuentas de la UE advirtió en febrero de que, pese a las medidas adoptadas para remediar este problema, los resultados siguen siendo insuficientes.
LOS 7 PROYECTOS EN ESPAÑA
En este contexto, España surge como punto de interés en esta fiebre por los minerales. El país cuenta en la actualidad con el 15% de las reservas mundiales de estroncio –localizadas en una mina a cielo abierto de Granada– y es su único productor a nivel europeo, aportando el 100% utilizado, según MITECO. Además, es el segundo mayor productor de cobre en Europa, con diversas explotaciones activas en estos momentos.
A eso se suma que en la Península Ibérica se han detectado 20 de las 34 materias primas definidas como fundamentales por Bruselas, y hasta 17 de ellas se clasifican como estratégicas –litio, cobalto, níquel, tungsteno o wolframio, entre otros– por ser cruciales para sectores como la transición ecológica, la industria de defensa o la aeroespacial.
Con este potencial, el Consejo de Ministros decidió aprobar el pasado mes de marzo el Programa Nacional de Exploración Minera (PNEM) 2026-2030, que contará con 182 millones de euros. «Tenemos abundantes recursos, materias primas fundamentales y estratégicas, pero queremos conocer cuántas más tenemos y si son extraíbles», aseguró la vicepresidenta tercera del Gobierno, Sara Aagesen, durante un Desayuno Informativo de Europa Press, en el que apuntó que el hidrógeno y los minerales podrían dibujar en 2050 «el 80% del valor del comercio internacional de la energía y otros productos relacionados».
Por su parte, Bruselas lanzó en 2025 una lista con 47 proyectos centrados en la obtención de materias primas en Europa. De todos ellos, siete están en España. «El objetivo consiste en garantizar que en 2030 la extracción, procesado y reciclado cubran respectivamente el 10%, 40% y 25% de la demanda interior», afirma Timón.
Los proyectos seleccionados en España fueron El Moto (Ciudad Real), Doade (Orense), Las Navas y P6 Metals (Cáceres), Aguablanca (Badajoz), CirCular (Huelva) y Cobre las Cruces (Sevilla), si bien de momento solo están en fase de exploración. Según Delgado, estas iniciativas lo que persiguen es que haya «un acceso a la financiación más acelerada y que los permisos se den con prioridad». «No con más facilidad, porque eso sería peligroso», aclara. Pero el potencial va más allá de esta lista en zonas como Salamanca o Sierra Morena.
Sin embargo, no es tan sencillo como comenzar a extraer los recursos. Timón asegura que todos los proyectos seleccionados cumplen con los requisitos técnicos y económicos exigidos. Así, deben garantizar el suministro para la UE, ser «técnicamente viables en un plazo de tiempo razonable», mostrar «los volúmenes de producción previstos» y que su ejecución se haga «de forma sostenible». «También han de demostrar que su puesta en marcha mostrará beneficios transfronterizos», añade.
Por otro lado, está el reto de la sostenibilidad ambiental, una de las grandes preocupaciones para la ciudadanía, que ve con profundo recelo los proyectos por los efectos contaminantes asociados a la minería.
De hecho, muchos vecinos se han asociado para reclamar la protección del entorno natural. También han surgido iniciativas ciudadanas como el Observatorio Ibérico de la Minería, que recopila informes sobre aquellos enclaves donde se han registrado malas prácticas de instituciones y multinacionales, incidencias en el acceso público a la información de los proyectos o los riesgos ecológicos que conllevan.
RESTAURACIÓN DE ESPACIOS MINEROS Y RECICLAJE DE RRE
En este contexto, surgen proyectos centrados en el reciclaje de los materiales depositados en las 21.673 balsas y escombreras que hay en España, tanto activas como abandonadas, según el PNEM. «Son alternativas para reducir la dependencia de la explotación de los yacimientos», apunta Timón, que advierte de la complejidad técnica para hacerlo. «En algunas plantas piloto se logran separar estos elementos, pero los métodos necesitan ser rentables económicamente para su viabilidad a gran escala», expone.
Delgado es precisamente uno de los científicos dedicados a la recuperación de materiales. Codirige junto al también profesor de Cristalografía y Mineralogía, Antonio Romero Baena, un equipo de investigación de la US para la Restauración de Espacios Mineros Abandonados, con el que buscan mejorar la calidad de las aguas y el estado ambiental de las cuencas mineras afectadas por el drenaje ácido. Al mismo tiempo, hacen un estudio geoquímico detallado de las aguas para obtener metales bases.
«Podemos llegar a recuperar esos elementos químicos hacia un sólido», a partir del cual se pueden extraer RRE y otros materiales críticos, cuenta Delgado. El objetivo es, por tanto, «darles una segunda vida útil a esos elementos que buscamos en otras fuentes para poderlos extraer del drenaje de la mina y darles una utilidad a nivel industrial», detalla.
El proyecto, que aún está en fase preliminar para comprobar los procesos de fraccionamiento de los elementos químicos, está centrado en Río Tinto (Huelva), donde varias explotaciones están en estado de abandono: «La idea es colocar una planta experimental en Peña del Hierro, la mina más tradicional».
Para Delgado, es fundamental «crear un sistema en el que haya una sinergia hacia la sociedad». «Muchas veces la minería siempre se toma como un aspecto negativo», explica, destacando al mismo tiempo la importancia de esta actividad: «No podemos querer vivir en la sociedad del desarrollo sin tener recursos minerales, y los recursos minerales son limitados, no son renovables a corto plazo».
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