El cambio horario provoca un ‘jet lag’ en los niños durante unos diez días
MADRID 28 Mar. –
El cambio horario que tendrá lugar la madrugada del sábado al domingo para dar paso al horario de verano generará un efecto parecido al ‘jet lag’ durante unos diez días en los niños, con síntomas como irritabilidad o somnolencia.
Niños y ancianos son los más sensibles a los cambios horarios y el cambio en las rutinas diarias que llevan aparejados, con efectos hasta que el cuerpo vuelve a recuperar sus rutinas con naturalidad.
La madrugada de este sábado entrará en vigor el horario de verano, más favorecer a nuestro reloj biológico al contar con más horas de luz, de modo que a las dos de la madrugada serán las tres, una hora menos que, no obstante, tiene su impacto en nuestros círculos circadianos.
«El ritmo circadiano tarda 3-4 días en adaptarse. Los niños pueden tardar más, sobre todo los niños más pequeños. Cuanto más pequeño, más inmadurez del reloj biológico central que controla el ritmo circadiano», ha explicado Milagros Merino Andreu, responsable de la Unidad de Trastornos Neurológicos del Sueño del Hospital Universitario La Paz de Madrid.
El sueño es clave para el crecimiento, el cerebro y el equilibrio emocional de niños pero se calcula que el 25 por ciento de la población infantil no tiene un sueño de calidad y que solo el 30 por ciento de los niños mayores de 11 años duerme el número adecuado de horas, según la Sociedad Española de Neurología (SEN).
Aunque sin efectos preocupantes, el cambio de hora altera sus rutinas, fundamentales en el caso de los bebés, lo que puede causar dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos o madrugadores, cambios de apetito, irritabilidad, cansancio y problemas de concentración.
«Les cuesta coger el sueño y un niño falto de sueño, más que somnoliento, está irritable, está inquieto, está inatento, y a veces está somnoliente, pero más raramente», ha explicado.
En cualquier caso, se trata de efectos leves y transitorios, hasta que se vuelve a retomar las rutinas habituales. La mejor solución, según remarca la especialista, son unos horarios muy regulares, sobre todo en cuanto a las horas de acostarse, de comer, de actividades sociales, para intentar minimizar estos problemas.
Entre otras indicaciones, se aconseja mantener rutinas relajantes antes de acostarse, como el baño o la lectura, fomentar que duerma de forma autónoma en su propia cama o no exigir un alto rendimiento en los primeros días de adaptación.
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