22 marzo 2026

Ni sudokus ni crucigramas: El hábito diario que más protege tu cerebro

Ni sudokus ni crucigramas: El hábito diario que más protege tu cerebro
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   MADRID, 22 Mar. –

   Desde la infancia hasta la edad adulta, factores como la educación, el ejercicio o el control del peso influyen en la salud cerebral futura. Los expertos insisten en que la prevención comienza mucho antes de lo que pensamos y, más allá de los juegos mentales, la Ciencia apunta a un factor clave: el ejercicio físico. Su impacto en la generación de neuronas, en la memoria, y en la plasticidad cerebral lo convierte en uno de los mayores aliados contra el deterioro cognitivo.

   Cuenta el neurólogo David Pérez Martínez, con una trayectoria centrada en el estudio del deterioro cognitivo y la enfermedad de Alzheimer durante una entrevista con Agencias Salud Infosalus que el origen de las demencias a día de hoy sigue siendo desconocido por lo que al desconocer sus causas no puede haber herramientas para desarrollar terapias efectivas sobre las mismas.

   Considera que lo mismo pasó con las enfermedades infecciosas, de forma que hasta que no se conocieron los patógenos no se pudieron diseñar los antibióticos. “Parece que hay elementos como las proteínas que se acumulan en el cerebro, los factores genéticos, pero nos falta muchas piezas del puzle desde que empieza. Creemos, además, que la demencia puede empezar 20 o 30 años antes de los primeros síntomas. A esto se suma que esta larga evolución, a su vez, dificulta mucho el conocer el origen de los fenómenos neurodegenerativos, su investigación”, mantiene.

   A esto se le sumaría, según defiende el también director del Instituto Clínico de Neurociencias del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid y experto del Servicio de Neurología del Hospital Universitario La Luz, el que “la Medicina y la Neurología en general han tenido un error durante mucho tiempo de nihilismo diagnóstico y terapéutico”, de forma que si no había una pastilla que mejorase o curase una enfermedad, se pasaba sobre ésta de puntillas, y asegura que así ha pasado en las demencias, y en la enfermedad de Alzheimer en particular.

UN NUEVO CAMBIO DE PARADIGMA

   No obstante, sí celebra que ahora va a cambiar el abordaje especialmente en el caso del Alzheimer, porque hasta hace 5 años el diagnóstico simplemente se realizaba por los síntomas y descartando otras causas. “Era algo probabilístico, además, con tasas de error de alrededor del 30%; en cambio, en los últimos 5-10 años se han desarrollado una serie de biomarcadores moleculares que pueden detectarse en análisis de sangre para un diagnóstico con una especificidad de más del 95%, que permite conocer de forma más exacta qué sucede en el cerebro de estos pacientes”, apostilla este neurólogo.

   Destaca igualmente que hasta ahora los fármacos estaban destinados únicamente para los síntomas de la demencia, si bien desde hace un par de años se aprobó en Estados Unidos fármacos para la proteína amiloide que se acumula en el cerebro favoreciendo la enfermedad neurodegenerativa, retrasando esta nueva medicina la aparición de los síntomas severos y moderados. “Por eso estamos ante nueva etapa”, remarca el doctor Pérez Martínez.

   Eso sí, incide en que “desde siempre” hay intervenciones no farmacológicas que mejoran el pronóstico y por las que se pasa de lado, como la estimulación cognitiva, la dieta, el ejercicio físico, principalmente. “Todos estos elementos que pueden parecer baladí, pero que si se ponen sobre la mesa el pronóstico claramente mejora, pero también el soporte del cuidador”, agrega.

   De hecho, pone de relieve que “la evidencia científica sugiere que hasta un 40% de todos los casos de demencia podrían evitarse o retrasarse si se desarrollaran estrategias de prevención a lo largo de la vida”.

DESDE CUÁNDO DEBEMOS CUIDARNOS

¿Desde cuándo debemos cuidarnos en este sentido?, le preguntamos a este experto en el estudio del deterioro cognitivo y subraya que “desde siempre” porque se ha visto que hay elementos beneficiosos para la salud cerebral presente y futura ya desde la infancia, con la escolarización completa, o el hecho de no sufrir traumas emocionales importantes durante la niñez, o el que en la adolescencia se evite el aislamiento social y el consumo de tóxicos; pero también a lo largo de la vida el mantener una estimulación cognitiva adecuada, el evitar sobrepeso y la obesidad, el fomentar ejercicio físico, evitar el tabaco y el alcohol.

   “Incluso estos elementos son beneficiosos con 70 años, e incluso en quienes tienen ya un diagnóstico de deterioro cognitivo porque mejora su pronóstico. Son herramientas que deberíamos fomentarlas siempre”, defiende el director del Instituto Clínico de Neurociencias del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid.

FOMENTAR EL EJERCICIO FÍSICO LO PRIMERO

   Entre otras estrategias para prevenir este deterioro apunta a las siguientes: dieta saludable, ejercicio físico, una adecuada higiene de sueño, y las relaciones sociales. Pero, ¿con cuál de todos se quedaría este especialista? “Si tuviera que elegir sólo un elemento, aunque lo importante es seguir una estrategia multimodal, sería el fomentar el ejercicio físico, y evitar el sedentarismo”, asegura.

   Y es que no hay que ‘matarse’ en el gimnasio o hacer una maratón para cuidar de nuestra salud cerebral, tal y como indica este experto, sino que lo idóneo es integrar el movimiento en nuestro día a día: “Sabemos que, simplemente, aumentando la tasa de ejercicio es bueno para nuestra salud cerebral. Participando de actividades del día a día en el hogar, como el sacar la basura, el barrer y el fregar el suelo, el poner la lavadora, esto ya protege”.

   Desde el punto de vista de los pasos, más de 10.000 al día según la OMS, reconoce este neurólogo del Hospital La Luz que ya a partir de los 3.000 es beneficioso. “Simplemente en tareas cotidianas intentar usar más el transporte público, y en el trabajo y en casa menos ascensor y más escaleras, fomentar los paseos por alguna causa, como ir a por el pan, son más que idóneos”, resalta el doctor Pérez.

   En el libro cuenta que el ejercicio físico tiene innumerables beneficios sobre el sistema nervioso, algunos como la neurogénesis, es decir que potencia la capacidad de generar nuevas neuronas, especialmente en el hipocampo, la región cerebral encargada de la memoria y del aprendizaje.

   Pero es que también el doctor Pérez menciona que la actividad física estimula la ‘angiogénesis’, o la formación de nuevos vasos sanguíneos en el cerebro, lo que mejora el suministro de oxígeno y de nutrientes a las neuronas y favorece su rendimiento. “También parece tener un efecto beneficioso sobre la plasticidad sináptica, o la capacidad del cerebro para adaptarse y reorganizar sus conexiones neuronales; (…) al tiempo que el ejercicio tiene un efecto antiinflamatorio, ya que regula la producción de citoquinas proinflamatorias, moléculas que descontroladas fomentan el deterioro cognitivo y diversas enfermedades neurológicas”, explica.

LA FÓRMULA PERFECTA

   Menciona el estudio FINGER donde se demostró que una combinación de ejercicio regular, dieta saludable, entrenamiento cognitivo, y manejo de los factores de riesgo vascular puede mejorar o mantener el funcionamiento cognitivo en personas mayores en riesgo de desarrollar demencia.

   “Un aspecto clave en la relación entre ejercicio físico y la salud cerebral es la existencia de un efecto dosis-respuesta, es decir, a mayor cantidad e intensidad de ejercicio, mayores son los beneficios cognitivos. También sirve lo contrario, como hemos comentado, es decir, pequeños esfuerzos son válidos y tienen su beneficio”, agrega este neurólogo.

   Defiende así que un “objetivo razonable” sería realizar una actividad física al menos 3-4 veces por semanas, con sesiones de 45 a 60 minutos y de una intensidad al menos moderada. Asimismo, resalta que el ejercicio físico también actúa como un escudo frente a factores de riesgo que contribuyen al deterioro cognitivo, como la hipertensión, la diabetes y la obesidad.

   En cuanto a otras estrategias preventivas del Alzheimer mantiene que el exceso de tóxicos como el alcohol o el tabaco, o la ingesta de ultraprocesados aumentan el riesgo de demencia, así como el uso grasas saturadas; mientras, afirma que otros elementos que protegen nuestra salud cerebral es el aceite de oliva virgen extra, las legumbres, los frutos secos, el pescado fresco azul, “de forma que donde hay más evidencia es dietas de perfil mediterráneo”, concluye.

CL11