Sergio Peris-Mencheta se sincera sobre las secuelas que sufre tras su trasplante de médula: «La enfermedad desapareció»
MADRID, 19 Mar. –
Emocionante entrevista de Sergio Peris-Mencheta, que ha visitado ‘La Revuelta’ de David Broncano para hablar de sus nuevos proyectos profesionales tras superar la leucemia que le fue diagnosticada en 2023 y de la que, como ha revelado, todavía sufre algunas «secuelas» a pesar de que «la enfermedad desapareció».
Además de promocionar su regreso al teatro con la obra ‘Constelaciones’ -dirigida y producida por él, y que podrá verse en el Teatro Valle-Inclán de Madrid hasta el próximo 29 de marzo-, el actor ha presentado su libro, ‘730 días. La enfermedad como espejo del tiempo’, donde narra todo el proceso de su lucha contra el cáncer, desde el durísimo diagnóstico hasta su recuperación, pasando por los meses que estuvo ingresado en un hospital de Los Ángeles, que ha escrito para ayudar a otros pacientes que estén pasando por lo mismo que él ha vivido en los últimos tres años.
«Yo estoy bien. La enfermedad ya desapareció. Tenía leucemia y mi hermano me hizo un trasplante», ha confesado emocionado. «Hubo un señor que viajó hasta Los Ángeles en avión con la médula porque yo tenía 5.000 plaquetas. Tenemos que tener 155.000 mínimo y no podía viajar, me podía pasar cualquier cosa. Me podía haber muerto en el avión», ha relatado, reconociendo que su «compatibilidad genética» con su hermano fue clave para poder superar su enfemerdad.
Sin embargo, no está siendo un proceso fácil, ya que aunque esté recuperado, su batalla no ha terminado: «Ahora estoy con los efectos secundarios del postrasplante. Cuando te trasplantan un órgano, el sistema inmune rechaza ese órgano. Cuando te trasplantan médula, es el sistema inmune, y este puede rechazar al resto del cuerpo».
«En mi caso hay suerte porque, como era de mi hermano y tenemos la sangre idéntica, como si fuésemos gemelos, solo me afecta al tejido conjuntivo», ha explicado, revelando que tiene éste inflamado y le dificulta para tareas tan sencillas y cotidianas como sentarse en una silla o ponerse unos calcetines.
«Cada vez voy a mejor, pero es una evolución… Estoy haciendo rehabilitación y lo noto menos. Es como si a una tortuga el caparazón se le pegara a su cuerpo. Hay cosas que no puedo hacer. Ahora me toca tranquilidad» ha afirmado con optimismo, dejando claro que no tiene prisa por retomar algunas de sus aficiones pasadas como montar a caballo o jugar al rugby.
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