Malaui, Mozambique y Tanzania lanzan proyecto para proteger su común río Ruvuma
DAR ES SALAAM, Tanzania – Al amanecer, el río Ruvuma fluye silenciosamente a través de un vasto humedal a lo largo de la frontera entre Tanzania y Mozambique. Sus aguas turbias parecen tranquilas, alteradas solo por troncos a la deriva y alguna que otra ondulación.
Pero los pescadores que reman en canoas de madera sobre sus aguas conocen el peligro que acecha bajo la superficie.
“Siempre hay que mantenerse alejado de la orilla”, dice Hamisi Mkude, pescador del pueblo de tanzano de Michenjele. “Nunca confíes en este río”, recomienda.
Durante generaciones, las comunidades que viven a lo largo de la cuenca del Ruvuma han aprendido a coexistir con los cocodrilos, cuya presencia define la vida en uno de los ríos más peligrosos de África oriental.
Los pescadores siguen reglas no escritas transmitidas de generación en generación: mantenerse alejados de la orilla, evitar las riberas fangosas marcadas por huellas de cocodrilos y nunca meterse en el agua.
“Esa distancia salva vidas”, cuenta Mkude a IPS por teléfono. “Los cocodrilos atacan desde la orilla”, alerta.
Dentro de las pequeñas embarcaciones de pesca, la disciplina es estricta. Los brazos y las piernas nunca deben colgar fuera del borde, y nadie se para en el filo de la canoa al recoger las redes.
Sin embargo, a pesar de los peligros, el río Ruvuma sigue siendo la fuente de vida de millones de personas que habitan su vasta cuenca.
Con una extensión de unos 155 000 kilómetros cuadrados, la cuenca del Ruvuma conecta las tierras altas del sur de Tanzania con el este de Malaui y el norte de Mozambique antes de desembocar en el océano Índico.
A lo largo de su recorrido de 800 kilómetros de longitud, el río alimenta bosques, humedales y llanuras de inundación fértiles que sostienen la agricultura, la pesca y el transporte.
Pero el ecosistema que sustenta a estas comunidades está cada vez más presionado por la deforestación, el uso insostenible de la tierra y el cambio climático.
Ahora, Tanzania, Mozambique y Malaui han lanzado una nueva iniciativa regional destinada a proteger los frágiles ecosistemas de la cuenca, que se lanzó durante un taller trinacional especial, celebrado el 4 de marzo en Dar es Salaam, la ciudad más poblada de Tanzania y su epicentro económico.
El proyecto trinacional recibió el nombre de “Fortalecimiento de la gestión integrada transfronteriza de la cuenca del río Ruvuma y sus zonas costeras desde la fuente hasta el mar”.
Un esfuerzo transfronterizo
Los tres países han presentado un proyecto para fortalecer la gestión ambiental en la cuenca del Ruvuma.
Las autoridades anunciaron la iniciativa durante un taller en Dar es Salaam, que reunió a responsables políticos, científicos y conservacionistas preocupados por el futuro de la cuenca.
El programa se implementará con 7,12 millones de dólares de financiación del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) y estará liderado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), junto con la Asociación Mundial para el Agua del África Austral y Wetlands International.
Aproximadamente 65 % de la cuenca se encuentra en Mozambique, 34 % en Tanzania y una pequeña parte en Malaui, lo que hace esencial la cooperación entre los tres países.
“Este taller de inicio marca un hito importante”, dijo Julie Mulonga, directora de Wetlands International África Oriental. “Representa la transición de la planificación a la implementación, cuando nuestra visión compartida empieza a traducirse en acciones coordinadas”, agregó.
La iniciativa busca mejorar la gestión de bosques, humedales y recursos hídricos desde las cabeceras de la cuenca hasta sus ecosistemas costeros.
Un río que sustenta a millones
El río Ruvuma nace en las tierras altas del sur de Tanzania y recorre más de 800 kilómetros hasta el océano Índico.
En su trayecto, sostiene una amplia variedad de ecosistemas, incluidos humedales, bosques, llanuras de inundación y estuarios, que se encuentran entre los paisajes con mayor diversidad biológica del sudeste de África.
Para las comunidades dispersas a lo largo de sus orillas, el río es central en la vida cotidiana.
Los agricultores dependen de sus aguas para regar cultivos como maíz, arroz y mandioca. Los pescadores dependen del río para sus capturas diarias. Las mujeres recogen agua para cocinar y lavar, mientras que los pastores llevan al ganado a beber.
Los ritmos estacionales marcan la vida en toda la cuenca.
Durante la temporada de lluvias, el río crece e inunda los humedales circundantes, que sirven como zonas de reproducción para peces y fauna. En los meses secos, la reducción de los cauces concentra las poblaciones de peces que sostienen las economías locales.
Pero estos ciclos naturales son cada vez más impredecibles.
“El paisaje del Ruvuma es tan ecológicamente importante como socialmente vital”, señaló Mulonga ante los participantes. “Sus humedales, bosques y tierras agrícolas sostienen a millones de personas en Tanzania, Malawi y Mozambique”, agregó.
“Estos ecosistemas regulan los recursos hídricos, sostienen la biodiversidad y sustentan los medios de vida y la seguridad alimentaria”, dijo.

Crecientes presiones ambientales
Expertos ambientales advierten que los ecosistemas de la cuenca están bajo una presión cada vez mayor.
En toda la región, los bosques están siendo talados para la agricultura y la producción de carbón vegetal. Laderas antes cubiertas de vegetación ahora quedan expuestas a la erosión, lo que arrastra sedimentos hacia los ríos y daña los hábitats acuáticos.
El crecimiento de la población incrementa la demanda de tierras, mientras que el cambio climático altera los patrones de lluvia.
“La degradación del suelo, la agricultura insostenible y la deforestación están ejerciendo una presión creciente sobre estos ecosistemas”, dijo Mulonga.
Los científicos advierten que, sin una acción coordinada, la cuenca podría perder funciones ecológicas vitales tanto para la biodiversidad como para los medios de vida humanos.
Un enfoque “de la fuente al mar”
La nueva iniciativa adopta lo que los expertos llaman un enfoque “de la fuente al mar”, que reconoce que las actividades ambientales aguas arriba pueden afectar a los ecosistemas aguas abajo.
Por ejemplo, la deforestación en las cabeceras puede aumentar la erosión del suelo y los sedimentos en los ríos, afectando la pesca y los hábitats costeros en otras partes de la cuenca.
Los responsables del proyecto señalan que el programa se centrará en mejorar la gestión de la tierra en zonas agrícolas, restaurar paisajes degradados y proteger los humedales.
“La cuenca del río Ruvuma es una fuente vital para millones de personas en Malawi, Mozambique y Tanzania”, dijo Andrew Hume, coordinador del área de aguas internacionales del FMAM, también conocido como GEF, su sigla en inglés.
“Este proyecto demuestra que la protección de la cuenca depende de una visión compartida y de esfuerzos transfronterizos colaborativos. Al apoyar esta iniciativa, el FMAM contribuye a integrar la gestión de la tierra, el agua dulce y los ecosistemas marinos en un modelo que trasciende las fronteras nacionales», dijo Hume.
Y acoró: «Este enfoque integral, de la fuente al mar, refleja nuestro compromiso con la protección de las aguas internacionales y orientará nuestras futuras inversiones en ecosistemas compartidos a medida que avancemos hacia el FMAM-9”.
El proyecto tiene como objetivo restaurar alrededor de 88 620 hectáreas de ecosistemas degradados y mejorar la gestión del paisaje en casi 280 000 hectáreas. Se espera que más de 50 000 personas se beneficien directamente de la iniciativa.
Representantes de organizaciones de conservación señalan que el proyecto podría demostrar cómo la gestión ambiental integrada puede funcionar a través de fronteras nacionales.
“El proyecto encarna una visión integrada de los recursos terrestres, de agua dulce y marinos”, dijo un representante de la IUCN. “Posiciona a la cuenca del Ruvuma como un modelo de gestión transfronteriza de recursos y desarrollo sostenible”, añadió.
Cooperación a través de fronteras
Debido a que el río atraviesa fronteras nacionales, la cooperación entre los tres países es fundamental.
Las decisiones tomadas aguas arriba pueden tener consecuencias aguas abajo.
Por ejemplo, cambios en el uso de la tierra en Tanzania pueden afectar los flujos de agua en Mozambique, mientras que la degradación ambiental en Malaui podría influir en los niveles de sedimentos en la parte baja de la cuenca.
Durante años, la limitada coordinación entre los países dificultó la gestión eficaz de la cuenca.
Pero las autoridades aseguran que eso está empezando a cambiar.
Los tres países han firmado acuerdos para fortalecer la colaboración a través del Desarrollo y Gestión Conjunta de la Cuenca del Ruvuma.
James Chitete, jefe de la delegación de Malaui, afirmó que el proyecto representa una oportunidad de responsabilidad compartida.
“El proyecto no se trata solo de la gestión del agua”, dijo. “Se trata de proteger los ecosistemas, mejorar los medios de vida y garantizar que nuestros recursos naturales beneficien a las generaciones presentes y futuras”, consideró.
Mejora del conocimiento y la gobernanza
Además de la restauración ambiental, la iniciativa también se centrará en fortalecer la gobernanza y la investigación científica.
Los expertos señalan que los datos sobre los flujos de agua y los cambios ambientales en la cuenca siguen siendo limitados.
El proyecto busca mejorar el monitoreo hidrológico y el intercambio de datos entre los tres países para ayudar a los responsables políticos a tomar decisiones informadas.
“El enfoque de la fuente al mar reconoce que la gestión de la tierra afecta la salud de los ríos y los ecosistemas costeros”, dijo el presidente del Desarrollo y Gestión Conjunta de la Cuenca del Ruvuma.
“Las decisiones tomadas en una parte de la cuenca pueden tener consecuencias a través de las fronteras”, añadió.
Las comunidades en el centro
Los expertos destacan que las comunidades locales deben desempeñar un papel central en la protección de la cuenca.
Agricultores, pescadores y pastores interactúan con el entorno todos los días, lo que los convierte en actores clave en los esfuerzos de conservación.
Por ello, el proyecto pone énfasis en la participación comunitaria y busca involucrar a mujeres y jóvenes en la toma de decisiones ambientales.
“La cuenca del río Ruvuma es un recurso y una oportunidad compartidos”, dijo Shamiso Kumbirai, de la Asociación Mundial para el Agua del África Austral. “Mediante la cooperación y una gobernanza inclusiva, este proyecto puede fortalecer la salud de los ecosistemas y la colaboración regional”, remarcó.
Protección de los humedales
Los humedales, a menudo ignorados en la planificación del desarrollo, reciben una atención especial dentro de la iniciativa.
Estos ecosistemas actúan como filtros naturales, reteniendo sedimentos y contaminantes antes de que lleguen a los ríos.
También almacenan agua durante la temporada de lluvias y la liberan gradualmente en los períodos secos, ayudando a regular el caudal de los ríos y a reducir el riesgo de inundaciones.
“Los humedales suelen estar subvalorados”, dijo Mulonga.
Sin embargo, agregó, «regulan los flujos de agua, reducen los riesgos de inundación y sostienen la biodiversidad. Son una infraestructura natural que mejora la resiliencia climática”.
Desafíos del cambio climático
La variabilidad climática ya está afectando a las comunidades a lo largo del río Ruvuma.
Los agricultores informan de cambios en los patrones de lluvia que alteran las temporadas de siembra, mientras que los pescadores señalan que las poblaciones de peces están cambiando a medida que fluctúan las temperaturas del agua.
Las inundaciones también se han vuelto más intensas en los últimos años, dañando viviendas y cultivos.
Para abordar estos desafíos, el proyecto promoverá soluciones basadas en la naturaleza como la restauración forestal, la agricultura sostenible y la conservación de humedales.
Los expertos señalan que fortalecer los ecosistemas puede ayudar a las comunidades a adaptarse al cambio climático mientras se protege la biodiversidad.
La vida a lo largo del río
De vuelta en el río Ruvuma, pescadores como Abdallah Hassan dicen comprender el delicado equilibrio entre los seres humanos y la naturaleza.
La disminución de las poblaciones de peces o la contaminación del agua amenazaría sus medios de vida.
“Hay que respetar el río”, dice Hassan. “Si lo respetas, te alimenta”, asegura.
A medida que concluye la reunión en Dar es Salaam, las autoridades expresan un optimismo cauteloso respecto de que la nueva iniciativa podría mejorar la cooperación y restaurar los ecosistemas degradados en toda la cuenca.
Los grupos de conservación señalan que el proyecto también podría convertirse en un modelo de gestión ambiental transfronteriza en África.
Para las comunidades que viven a lo largo del río, lo que está en juego es alto.
Al atardecer, los pescadores recogen sus redes mientras las linternas titilan sobre las aguas oscuras del Ruvuma.
Bajo la superficie, los cocodrilos se deslizan en silencio.
Durante generaciones, la supervivencia aquí ha dependido del conocimiento, la disciplina y la cooperación, principios que ahora las tres naciones esperan que guíen la protección del río que comparten.
Para pescadores como Mkude, la esperanza es simple: que el río Ruvuma perdure para las generaciones futuras.
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