16 marzo 2026
Una escuela de Tanzania lanza un Club de Energía para promover la cocina limpia
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DODOMA – Una nube de vapor se eleva desde una olla gigante de aluminio mientras Maria Joseph, una cocinera tanzana de mediana edad con un gorro blanco y un delantal descolorido, planta los pies firmemente sobre el suelo de baldosas de la cocina. Con ambas manos agarrando una pala de madera, se sumerge profundamente en el montón de arroz, que amenaza con quemarse en el fondo.

Con un movimiento constante de las muñecas, levanta los granos en giros metódicos, llevando la capa inferior a la superior. El arroz se enrolla en suaves ondas, pero nunca se desborda. Gotas de sudor se acumulan en su frente mientras el vapor se enrosca en su rostro. No se inmuta. Hace círculos con la pala por el borde de la olla, raspando con cuidado, con la precisión de un bisturí.

Hace no mucho, esta misma cocina de la Escuela Secundaria Femenina Bunge en Dodoma, la capital de Tanzania, habría estado envuelta en humo. El aire le habría escocido los ojos y le habría arañado la garganta. A la hora del almuerzo, su voz sonaba áspera después de pasar horas sobre la leña crepitante.

“El humo era demasiado”, dice. “Y preparar la comida demoriaba mucho”, recuerda.

Su alivio cuenta una historia más amplia, que va más allá de las paredes de la cocina.

Defensa estudiantil

Como parte de su esfuerzo más amplio por promover energías limpias para cocinar, la Escuela Secundaria Femenina Bunge ha lanzado un Club de Energía y Cocina Limpia dirigido por estudiantes, colocando a las adolescentes en el centro de una transición nacional hacia el abandono de los combustibles contaminantes. La iniciativa vincula la experiencia vivida con la reforma política, en estrecha sintonía con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Al promover combustibles asequibles y más limpios, el club promueve el ODS 7 sobre Energía Asequible y Limpia. Al abordar la contaminación del aire en interiores que mata a miles de tanzanos cada año, apoya el ODS 3 sobre Salud y Bienestar. Al aliviar la carga desproporcionada que supone la recolección de leña y la exposición al humo en mujeres y niñas, refuerza el ODS 5 sobre Igualdad de Género.

La integración de la alfabetización energética en la vida escolar fortalece el ODS 4 sobre Educación de Calidad, mientras que la reducción de la dependencia del carbón vegetal contribuye al ODS 13 sobre Acción por el Clima y al ODS 15 sobre Vida de Ecosistemas Terrestres, al frenar la deforestación. Mediante la colaboración entre el gobierno, las escuelas y el sector privado, la iniciativa refleja el ODS 17 sobre Alianzas para el logro de los Objetivos.

Lo que distingue al club es que traslada el debate sobre la cocina limpia de las salas de juntas ministeriales a las manos de los adolescentes.

Las alumnas de la Escuela Secundaria Bunge Girls en Dodoma posan para una foto grupal durante el lanzamiento de su Club de Energía para Cocina Limpia, una iniciativa que coloca a las alumnas tanzanas a la vanguardia de la transición de África hacia el abandono de los combustibles contaminantes. El club, dirigido por estudiantes, vincula el aprendizaje en el aula con el impulso global para el acceso a la energía limpia, a medida que los gobiernos y los socios para el desarrollo intensifican sus esfuerzos para reducir la contaminación del aire en los hogares, que afecta a 2300 millones de personas en todo el mundo. Imagen: Kizito Makoye / IPS

Una costosa dependencia de la biomasa

El director Richard Msana recuerda la presión del antiguo sistema.

“Cuando usábamos leña, gastábamos 10,5 millones de chelines tanzanos (unos 4000 dólares) en tan solo tres meses. Era una carga pesada para la escuela”, afirma.

Desesperados por encontrar un alivio, la escuela cambió al carbón vegetal mejorado. El humo se redujo ligeramente, pero los costos se mantuvieron altos.

“Con el carbón vegetal mejorado, gastábamos unos 2 753 334 chelines tanzanos (unos 1000 dólares) al mes”, dice Msana, pero «seguía siendo caro”.

El punto de inflexión llegó con la iniciativa gubernamental de cocina limpia. Gracias a una colaboración público-privada apoyada por el Ministerio de Energía, la escuela consiguió un sistema de gas licuado de petróleo (GLP). Una tonelada de gas ahora dura dos meses.

«Con el gas, hemos reducido nuestros gastos mensuales de 2 753 334 a 1 355 300 chelines (unos 500 dólares)», afirma Msana. «Nos ha ahorrado mucho dinero. Además, esta energía es más respetuosa con los usuarios, especialmente con nuestros cocineros», agrega.

Dentro de la cocina renovada, se han limpiado las paredes manchadas de hollín. Las ollas hierven sobre llamas azules controladas en lugar de brasas crepitantes.

En esta renovada instalación, María levanta la tapa y libera otra bocanada de vapor.

“Disfruto cocinar con estas estufas modernas”, dice, “no emiten humo. Ya no me pican los ojos”.

Un objetivo nacional

Durante la ceremonia de lanzamiento del club, la viceministra de Energía, Salomé Makamba, expuso la ambición del gobierno.

“Nuestra meta es que para 2030, todos los hogares e instituciones utilicen energía limpia para cocinar”, afirmó. “El uso de energía limpia para cocinar ha aumentado del 6,9 % en 2021. Hoy, en 2025, hemos alcanzado 23,2 %”, agregó.

La iniciativa llega en el momento oportuno. En la Cumbre sobre Cocina Limpia de 2024 en África, los líderes mundiales se comprometieron a destinar una cifra récord de 2200 millones de dólares estadounidenses para acelerar la transición hacia el uso de combustibles contaminantes.

A nivel mundial, se estima que 2300 millones de personas aún cocinan con combustibles contaminantes, según la Agencia Internacional de la Energía. En el África subsahariana, la biomasa sigue siendo predominante, impulsando la deforestación, la contaminación del aire en interiores y el aumento de las emisiones de carbono.

En Tanzania, la brecha institucional sigue siendo profunda. De más de 30 000 grandes instituciones (escuelas, hospitales y prisiones que atienden a más de 100 personas a diario), solo 1136 utilizan sistemas de cocina limpia. El resto depende en gran medida de la biomasa.

De los libros de texto a las cocinas

En el patio de la escuela, los miembros del Club de Energía y Cocina Limpia se reúnen habitualmente. Con cuadernos y tazas medidoras, comprueban los tiempos de ebullición entre el carbón y el gas. Calculan los gastos de carbón en el hogar. Dibujan diagramas que muestran cómo se acumula el humo en cocinas mal ventiladas.

«Mis padres piensan que el gas es demasiado caro», dice Rehema Mallya, estudiante de quinto grado. «Pero cuando les muestras cuánto gastan en carbón cada semana, empiezan a pensar diferente».

Para Lilian Massawe, de 16 años, el asunto es personal.

“Si mi abuela tuviera una cocina mejor, no tosería todas las noches”, dice.

En Tanzania, la contaminación del aire en los hogares, relacionada con los métodos tradicionales de cocina, mata a unas 33 000 personas al año, según cifras gubernamentales. Las mujeres y los niños son los más afectados.

La recolección de leña expone a mujeres y niñas a riesgos de violencia. Los bebés atados a la espalda de sus madres inhalan gases tóxicos en cocinas mal ventiladas. Para muchas familias, el carbón vegetal no es una preferencia, sino una necesidad condicionada por la pobreza y la infraestructura limitada.

Financiando el cambio

Las autoridades afirman que la asequibilidad es clave. Mediante microcréditos y modelos de pago por uso, los hogares pueden adquirir cocinas mejoradas o sistemas de GLP sin tener que pagar el costo total por adelantado.

La transición también se considera una oportunidad económica, especialmente para las mujeres como distribuidoras y técnicas de tecnologías de cocina limpia.

«La transición a la cocina limpia no es solo un proyecto gubernamental», declaró Makamba tras la inauguración del club. «Requiere la participación de ciudadanos, escuelas, instituciones religiosas y líderes comunitarios», añadió.

Una generación avanza

De vuelta en el patio de la escuela, suena el timbre de la tarde, pero la conversación continúa.

«La energía no es solo electricidad», dice un estudiante, «se trata de la salud, los bosques, el clima y nuestras madres».

Los miembros del club están recopilando datos de sus hogares y planean presentar sus hallazgos a las autoridades locales. Para muchos, la misión es profundamente personal.

«Cuando le explico a mi madre por qué el humo es peligroso, me escucha de otra manera», dice Susanna Kibona, una de las promotoras de cocina limpia del club.

La transición de Tanzania a la cocina limpia no se trata simplemente de reemplazar las estufas. Se trata de transformar hábitos, redistribuir el conocimiento y ampliar la participación en las decisiones que definen la vida cotidiana.

En la Escuela Secundaria Femenina Bunge, las adolescentes se suman a un debate que antes estaba reservado para los responsables políticos. Vinculan el humo de la cocina con los compromisos climáticos y el gasto doméstico con la reforma nacional.

«Nos estamos preparando para ser mejores líderes mañana», afirma Mallya.

T: MLM / ED: EG

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