Trabajar junto a una ventana y recibir luz natural: el sencillo gesto que mejora tu sueño y productividad
MADRID, 13 Mar. –
Puede parecer un detalle menor, pero trabajar cerca de una ventana podría tener efectos reales sobre la salud. Diversos estudios científicos han demostrado que las personas que reciben luz natural durante la jornada laboral duermen mejor, están más activas durante el día, e incluso pueden dormir hasta 46 minutos más por la noche.
La explicación está en cómo la luz regula el reloj biológico o ritmo circadiano, el sistema interno que controla el sueño, la energía, o la atención. Cuando pasamos el día bajo LA luz artificial, y la noche frente a pantallas, ese reloj pierde la referencia. Por eso, algo tan simple como tener una ventana cerca del escritorio puede ayudar a sincronizar el organismo, mejorar el descanso y, de paso, aumentar el bienestar y el rendimiento del trabajador.
Así nos lo explica durante una entrevista con Agencias Salud Infosalus Alfredo Rodríguez-Muñoz, que es catedrático de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid, así como experto en sueño, en bienestar, y en salud laboral. De hecho, defiende que «los empleados que trabajan con luz natural duermen mejor y viven más despiertos».
Menciona un estudio científico que constataba que quienes tenían ventana en la oficina recibían más luz durante el día, y hacían más actividad física, dormían 46 minutos más por la noche, además de informar de una mayor calidad de sueño y de mayor bienestar general.
REGULAS MEJOR TU RELOJ CIRCADIANO
«Una ventana puede mejorar el sueño porque puede ayudarte a tener un ciclo de luz-oscuridad que regula el sueño más normal, mejora el estado de ánimo, y si recibimos luz del sol sincroniza mejor el reloj biológico. El sueño está regulado por el ritmo circadiano, y si recibes luz durante el día favoreces que por la noche se genere melatonina y tengas un mejor sueño», asevera este especialista.
Según explica en ‘Dormir para vivir’ (Kailas), motivo por el que nos concede esta entrevista, el reloj circadiano, interno de cada persona y situado en lo profundo del cerebro, es necesario que no se desajuste porque si no aparecerán el cansancio, la irritabilidad, el insomnio, o incluso la enfermedad, tal y como precisa.
Dice que la luz es la «batuta principal» de este reloj interno que tenemos cada uno de nosotros, y que cuando los primeros fotones del amanecer alcanzan la retina se envía una señal a nuestro cerebro de que es de día, deteniendo la producción de melatonina, la hormona que anuncia la oscuridad, de forma que la temperatura corporal asciende, y el cuerpo se activa.
«Los ritmos circadianos, de unas 24 horas determinan nuestros ciclos de sueño y de vigilia, el hambre, la atención, o la temperatura corporal. (…) Para mantenerse ‘en hora’ necesita señales externas, como la luz, la más poderosa pero no la única», afirma Rodríguez-Muñoz.
Sostiene que cuando estas señales externas se alteran, por horarios nocturnos, horarios irregulares, o falta de exposición solar, el reloj interno pierde la referencia y se inicia la desincronía biológica, de manera que cada sistema trabaja por su cuenta.
El problema, según lamenta, es que muchas veces empezamos el día sin luz, y lo terminamos con exceso de ella, ya que pasamos las mañanas bajo el fluorescentes en la oficina, y las noches iluminadas por pantallas que engañan al cerebro ya que la luz azul de los dispositivos le hace creer que sigue siendo de día y retrasa la señal nocturna del sueño. «Una sola hora frente al móvil o al ordenador puede retrasar su liberación hasta 90 minutos», precisa este experto.
LA IMPORTANCIA DEL DESCANSO PARA EL BUEN TRABAJO
Pone sobre la mesa este catedrático de la UCM también que en 2016 un informe de RAND Europe estimó que la falta de sueño cuesta a los países desarrollados entre un 2-3% del PIB anual, «una pérdida invisible que se mide en errores, bajas, y productividad evaporada». «Y es que no hay que olvidar que la productividad sin descanso se desmorona igual que un edificio sin cimientos», alerta.
La investigación actual lo ha dejado claro y, tal y como defiende, «el descanso no es opuesto al trabajo, sino su mejor aliado», y «dormir bien potencia la atención sostenida, la creatividad, y la toma de decisiones bajo presión». Dice que es «la forma más barata» y con frecuencia, «la más ignorada», de optimizar el rendimiento cognitivo.
Dormir poco altera el juicio social, reduce la empatía, y distorsiona la percepción del tiempo, según continúa, subrayando también que un equipo de trabajo cansado no sólo rinde menos, sino que se irrita más, coopera peor, y convierte cualquier desacuerdo en una chispa.
CUANDO NO CERRAMOS LA SESIÓN
A su vez, este experto sostiene que hay trabajadores que se muestran siempre disponibles, que «nunca cierran la sesión», y que ha llegado un momento en esta sociedad que, a veces, ni siquiera fichamos al entrar al trabajo, sino que lo hacemos ya al despertarnos y al encender el móvil.
Pone de ejemplo que un trabajo científico en 2012 alertaba de que quienes responden a correos electrónicos fuera del horario laboral terminan el día más agotados, y menos implicados emocionalmente con su trabajo. «El cuerpo no entiende de correos urgentes, ni de proyectos globales. Necesita ritmo, secuencia, contraste. Sin ellos, el reloj circadiano pierde el norte. El cerebro, que está diseñado para moverse en ciclos, vive ahora en bucle. Lo que antes era alternancia, trabajo, y descanso, esfuerzo y recuperación ahora es una superposición de todos ellos y no ocurre ni lo uno, ni lo otro», advierte este experto en sueño y salud laboral y bienestar.
De esta manera nace lo que llama como ‘fatiga por continuidad’, fruto de la imposibilidad de poder cerrar el trabajo. «Dormimos mal porque nunca terminamos de dejar de trabajar mentalmente», aclara.
Por todo ello, tal y como defiende este especialista, «las organizaciones que realmente comprenden el valor del descanso no lo demuestran lanzando aplicaciones, ni midiendo pulsaciones, sino cuando dejan descansar a las personas de verdad».
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