Nuevo aeropuerto deja impacto socioambiental en campesinos salvadoreños
SAN SALVADOR – El aeropuerto del Pacífico, una obra de casi 400 millones de dólares cuya construcción ya comenzó en el este de El Salvador, ha conmocionado a las familias campesinas desalojadas, mientras el gobierno mantiene bloqueada toda la información sobre el proyecto, fiel a su estilo.
Hasta ahora, unas 200 familias han sido obligadas a dejar sus casas y parcelas debido a la obra en Flor de Mangle, Loma Larga, Condadillo, Nuevo Amanecer y Bendición de Dios, los asentamientos costeros del municipio de Conchagua, en el departamento de La Unión, que se encuentran en medio del proyecto.
El presidente Nayib Bukele colocó el 25 de febrero de 2025 la primera piedra del Aeropuerto Internacional del Pacífico, un proyecto que, según las autoridades, busca fortalecer la conexión del país con el mundo y dinamizar la economía del este salvadoreño, donde se ubica la costa del océano Pacífico.
La primera fase de la obra implica una inversión de 386 millones de dólares y la construcción de una pista de 2400 metros, un terminal de pasajeros de tres niveles y dos puertas de embarque.
“Todo esto ha sido una gran injusticia, lanzarnos afuera y destruir nuestros medios de vida no es algo que Dios apruebe”: Elmer Martínez.
Bukele aseguró que el aeropuerto cumplirá estándares internacionales y que el proyecto generará más de 10 000 empleos directos e indirectos, entre las pocas informaciones brindadas sobre la obra.
Actualmente se trabaja en tareas de terracería que implican mover con maquinaria pesada tierra y parte del bosque salado que rodea el proyecto.
La construcción ya ha trastocado la vida de las familias campesinas y de pescadores que residieron por largos años en el lugar.
Una de esas familias afectadas es la de Elmer Martínez, un campesino de 67 años que debió abandonar su casita en Flor de Mangle y la parcela donde sembraba diversos cultivos.
Martínez relató a IPS que él y su familia dejaron su vivienda el 14 de octubre de 2025 y se trasladaron a un terreno cercano al caserío Cordoncillo, donde las autoridades construyeron nuevas viviendas para reubicar a algunas de las familias afectadas por el proyecto aeroportuario.

La maquinaria ya anda derribando todo
Sobre la casa que dejó atrás, el campesino añadió: “Aún no la han destruido, pero ya no tardarán en tumbarla porque ya anda trabajando por ahí la máquina”, refiriéndose a las retroexcavadoras. La vivienda donde vivió varias décadas, junto a su esposa Tránsito Lazo, está ubicada dentro de la zona del proyecto.
Según Martínez, la compensación que recibió consistió en una vivienda nueva en un lote de unos 30 por 60 metros. El terreno, dice, es arcilloso y poco apto para cultivar.
En su propiedad anterior tenía tres parcelas de 100 por 100 metros cada una, donde sembraba maíz, frijoles y pepino, entre otros. “Todo eso que perdí no me lo van a pagar, salí perdiendo”, afirmó.
El campesino también aseguró que el proceso de reasentamiento ha dejado a varias familias en el limbo. De las cerca de 70 que vivían en Flor de Mangle, dijo, solo a la mitad les entregaron una vivienda nueva.
Las otras no recibieron ese beneficio debido a problemas con la documentación de sus tierras. Martínez sostiene que varias personas se quedaron hasta el final en el lugar, pero terminaron saliendo cuando la maquinaria comenzó a trabajar cerca de sus casas.
“Habían quedado dos personas allá, pero ya salieron el pasado sábado 7 de marzo. Ya no les reconocieron nada y tuvieron que salir porque ya estaba la maquinaria encima”, relató.
Cuando IPS visitó la zona en septiembre de 2023, varias familias de Flor de Mangle vivían aún allí, con la incertidumbre sobre su futuro.
Entre ellas estaba la del pescador Salatiel Bautista, quien relató entonces que la construcción del aeropuerto amenazaba el lugar donde él y sus hijos obtenían su sustento pescando en el río y recolectando moluscos y cangrejos en el manglar.
“Están destruyendo el lugar donde nos ganamos el sustento”, dijo entonces Bautista.
Martínez contó que Bautista murió hace unos meses, tras enfermarse en medio de la preocupación por no saber qué pasaría con su vivienda y la de su familia cuando avanzara el proyecto aeroportuario.

Impacto al medio ambiente
El campesino también lamentó los cambios ambientales que, según afirma, ya se perciben en la zona. “El río La Chepa ya quedó soterrado… también han destruido como 10 nacimientos de agua”, aseguró.
“Se está destruyendo nuestra madre naturaleza, nuestros medios de vida”, agregó.
El ambientalista Ricardo Navarro, presidente del Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada, cuestionó la necesidad de construir una nueva terminal aérea en un país tan pequeño como El Salvador, de unos 20 000 kilómetros cuadrados y unos seis millones de habitantes.
A su juicio, el aeropuerto internacional existente en Comalapa, en el centro salvadoreño, ya cubre las necesidades del país.
Ese terminal aéreo es el aeropuerto internacional San Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, nombrado en honor al arzobispo salvadoreño asesinado por escuadrones de la muerte, en marzo de 1980, al comienzo de la guerra civil que vivió el país entre 1980 y 1992.
Entre el principal aeropuerto del país, que sirve a la capital salvadoreña, y el nuevo en construcción hay unos 170 kilómetros, que se recorren en dos horas y media en automóvil.
“No necesitamos otros aeropuertos, llegar a la zona oriental desde el aeropuerto actual significa un par de horas más, y eso para alguien que ya viene viajando varias horas no es nada”, sostuvo Navarro a IPS.
El ambientalista advirtió además sobre los posibles impactos en los ecosistemas costeros, donde manglares y fuentes de agua sostienen la pesca artesanal y otros medios de vida locales.
Además, cuestionó la falta de información pública sobre los impactos del proyecto. “Yo no he visto ningún reporte por parte de las autoridades”, dijo. “Yo me atrevería a pensar que quizás no hay un estudio de impacto ambiental”, agregó.

Nebulosa bukeleana
El economista Carlos Acevedo también cuestionó el hermetismo del gobierno en torno al proyecto aeroportuario y a otras tantas obras sobre las que tanto el gobierno como el propio Bukele, en el poder desde 2019, se niega a difundir información que es en sí misma pública.
Las instituciones gubernamentales niegan información pública en torno a proyectos de envergadura, incluso cuando alguna organización o medio de comunicación la solicita.
“Sabemos que es una práctica habitual del gobierno, negar información”, dijo a IPS Acevedo, presidente del Banco Central de Reserva de El Salvador entre 2009 y 2013.
“Es casi una consigna, no hay ningún proyecto, hasta donde sepamos, donde se haya difundido información o algún detalle”, agregó.
Según el economista, el argumento oficial de confidencialidad tendría validez de invocarse durante procesos de negociación, pero no después de adjudicados los contratos.
“Más bien la práctica internacional recomienda hacer lo contrario”, explicó. “Los países con una institucionalidad sólida anuncian qué empresa ganó el contrato y por qué monto”, consideró.
A juicio de Acevedo, esa transparencia permite verificar si el Estado eligió la mejor oferta y garantiza mecanismos de rendición de cuentas en proyectos de gran escala financiados con recursos públicos.
El economista también cuestionó la rentabilidad del aeropuerto. “Los aeropuertos secundarios, teniendo tan cerca al aeropuerto de Comalapa, requieren un flujo de pasajeros muy alto para ser rentables”, señaló.
Según información oficial, el proyecto aeroportuario está concebido para desarrollarse en varias etapas de expansión en las próximas décadas y aunque el propio Bukele mencionó cifras de pasajeros y otros detalles, durante la colocación de la primera piedra, en febrero de 2025, los estudios propiamente no son públicos.
De acuerdo a esos datos oficiales, el Aeropuerto del Pacífico podría llegar a movilizar hasta cinco millones de pasajeros al año y registrar unas 40 000 operaciones de vuelo anuales.
Para entonces, la terminal contaría con una pista de 3000 metros y un total de 18 puertas de embarque, de acuerdo con la información divulgada por las autoridades.
Bukele calculó que en el primer año de operaciones habrá unos 300 000 pasajeros y eso se traducirá en ingresos para la zona oriental de 300 millones de dólares en ese periodo.
El aeropuerto está previsto que arranque sus operaciones en el segundo semestre de 2027 y, según el mandatario, beneficiará a 1,2 millones de personas que viven en el este del país.
El gobierno busca impulsar el turismo internacional en la franja costera del país, donde se ubica el nuevo terminal, ahora que la draconiana política de Bukele contra las pandillas delictivas ha hecho caer en picado la delincuencia interna.
Mientras tanto, el campesino Martínez no termina de asimilar su nueva realidad, luego de ser removido de su casa original.
“Todo esto ha sido una gran injusticia, lanzarnos afuera y destruir nuestros medios de vida no es algo que Dios apruebe”, subrayó.
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