La Reina Sofía, pilar de las tradiciones de la Casa Real en su emotiva cita anual con el Cristo de Medinaceli
MADRID, 6 Mar. –
La Reina Sofía ha vuelto a ejercer como guardiana de las tradiciones de la Casa Real acudiendo, un año más, al Cristo de Medinaceli el primer viernes de marzo, una cita de profunda raíz popular y con más de tres siglos de historia ligada a la monarquía española. Vestida de riguroso negro, con un discreto «alivio de luto» tras la reciente muerte de su hermana, Irene de Grecia, la madre de Felipe VI ha llegado a la basílica madrileña bajo la lluvia, arropada por los aplausos de los fieles que aguardaban desde primera hora para participar en el tradicional besapié.
Doña Sofía ha avanzado por la nave central entre muestras de cariño, se ha santiguado ante la talla, ha besado el pie derecho del Cristo y ha permanecido unos instantes en recogimiento, antes de retirarse a la sacristía para saludar a los religiosos y miembros de la cofradía. Aunque este acto no figura en la agenda oficial, se ha convertido en una cita casi obligada para la familia real, que en los últimos años se ha repartido esta representación entre el Rey Felipe VI, la propia reina emérita y la infanta Elena, consolidando así el vínculo de la Corona con una de las devociones más multitudinarias de la capital.
En esta ocasión, la presencia de la Reina Sofía adquiere un simbolismo especial: es su tercera aparición pública en pocos días y refuerza su imagen de pilar de continuidad, religiosidad y cercanía en un momento personal marcado por el duelo. Mientras miles de madrileños hacían cola en el exterior para cumplir con la tradición del primer viernes de marzo, la reina emérita volvía a demostrar, con gesto sereno y sonriente, que sigue siendo una de las figuras más queridas y respetadas de la escena institucional española.
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