Descubren cuatro bacterias intestinales que transforman la grasa que engorda en grasa que quema calorías
MADRID, 6 Mar. (Europa Press) –
La mayor parte de la grasa corporal adulta consiste en grasa blanca, que almacena el exceso de calorías. En cambio, la grasa beige y la grasa parda queman energía para generar calor y ayudar a regular el metabolismo.
Los bebés nacen con cantidades significativas de grasa parda, pero estas reservas disminuyen con la edad. Durante años, los científicos han buscado formas seguras de convertir la grasa blanca en grasa beige (un proceso conocido como «beiging») como una posible estrategia para mejorar la salud metabólica.
MICROBIOS QUE ACTIVAN LA QUEMA DE GRASA
Científicos de City of Hope (Estados Unidos), una de las organizaciones de investigación y tratamiento del cáncer más reconocidas, en colaboración con el Broad Institute (Estados Unidos) y la Keio University (Japón) han descubierto cómo las bacterias intestinales específicas trabajan junto con la dieta para activar un interruptor metabólico, transformando la grasa blanca que almacena energía en grasa beige que quema calorías en ratones.
El estudio, publicado en ‘Nature’, demuestra que una dieta baja en proteínas activa un conjunto preciso de microbios intestinales que envían señales químicas por todo el cuerpo, incitando al tejido adiposo a quemar energía en lugar de almacenarla.
Los hallazgos revelan una vía biológica previamente desconocida que vincula la dieta, el microbioma intestinal y la salud metabólica, una vía que podría, con el tiempo, fundamentar nuevos tratamientos para la obesidad, la diabetes y enfermedades relacionadas.
«El tejido adiposo no es fijo, sino sorprendentemente adaptable», desarrolla la doctora Kenya Honda, coautora principal del estudio y profesora adjunta de City of Hope. «Descubrimos que ciertas bacterias intestinales pueden percibir lo que come el huésped y traducir esa información en señales que indican a las células grasas que quemen energía».
CUATRO BACTERIAS CLAVE PARA “QUEMAR GRASA”
En este estudio, los investigadores descubrieron que los ratones alimentados con una dieta baja en proteínas desarrollaban grandes cantidades de grasa beige solo si contaban con las bacterias intestinales adecuadas. Al administrar la misma dieta a ratones sin microbioma, el efecto quemagrasas desapareció. «Esto nos indicó que la dieta por sí sola no era suficiente», incide Honda. «El microbioma intestinal era esencial».
Los investigadores identificaron cuatro cepas bacterianas específicas necesarias para desencadenar el pardeamiento de la grasa. Al introducir estos microbios en ratones junto con una dieta baja en proteínas, los animales transformaron la grasa blanca en grasa beige, ganaron menos peso, mostraron un mejor control de la glucosa y presentaron niveles más bajos de colesterol.
En lugar de activar un solo interruptor en el tejido adiposo, las bacterias intestinales actuaron como un equipo de relevo. Enviaron una señal que alteró los ácidos biliares e impulsó a las células grasas a quemar calorías, y una segunda señal que provocó que el hígado liberara una hormona que estimula el metabolismo llamada FGF21. Cuando los científicos interrumpieron cualquiera de las dos señales, el efecto de quema de grasa desapareció, lo que revela que ambas señales deben funcionar juntas para que el proceso tenga éxito.
«Este trabajo subraya cómo el microbioma intestinal interpreta activamente lo que comemos y traduce esa información en señales a las que el cuerpo responde», agrega el coautor principal, el doctor Ramnik Xavier, miembro principal del Instituto Broad y profesor de medicina en la Facultad de Medicina de Harvard. «Esto abre la oportunidad de reflexionar sobre las interacciones entre microbios, metabolitos y enfermedades metabólicas, comprender los mecanismos y, potencialmente, traducirlos en intervenciones para la salud metabólica».
Los investigadores enfatizan que los hallazgos no deben aplicarse directamente a las personas. La dieta baja en proteínas utilizada en el estudio es inferior a la recomendada para humanos, y los intentos previos de mejorar el metabolismo administrando únicamente probióticos han fracasado en gran medida.
En cambio, el trabajo apunta a nuevos objetivos farmacológicos (las vías biológicas activadas por los microbios) en lugar de dietas extremas o suplementos bacterianos. «Este trabajo destaca el papel del microbioma intestinal como un factor activo en la toma de decisiones del organismo», finaliza Honda. «No solo responde a la dieta, sino que la interpreta».
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