2 marzo 2026

Obesidad en los padres antes del embarazo: así se triplica el riesgo de hígado graso en sus hijos a los 24 años

Obesidad en los padres antes del embarazo: así se triplica el riesgo de hígado graso en sus hijos a los 24 años
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   MADRID, 2 Mar. (Europa Press) –

   La enfermedad del hígado graso no alcohólico, recientemente rebautizada como enfermedad hepática esteatótica asociada a disfunción metabólica o MASLD por sus siglas en inglés, es la enfermedad hepática crónica más común en todo el mundo y afecta a aproximadamente el 15% de los niños y a más del 30% de los adultos, señalan los investigadores.

Investigaciones publicadas previamente han enfatizado el papel de la obesidad materna en el riesgo de MASLD de las generaciones futuras, pero no está claro qué papel podría tener la obesidad paterna y si el sobrepeso infantil también podría influir en este riesgo.

   Para averiguarlo, los investigadores evaluaron las asociaciones entre el peso de los padres (IMC) antes del embarazo y las probabilidades de desarrollar MASLD a la edad de 24 años en 1933 niños del Estudio longitudinal de padres e hijos de Avon (ALSPAC) del Reino Unido. La MASLD se definió como niveles elevados de grasa en el hígado y al menos un factor de riesgo cardiometabólico, como colesterol alto o glucosa alta en ayunas.

EL “LEGADO” DEL PESO: CUANDO LOS KILOS DE LOS PADRES SE HEREDAN EN EL HÍGADO DE LOS HIJOS

    El sobrepeso y la obesidad parental antes del embarazo están relacionados con un mayor riesgo de que la siguiente generación desarrolle enfermedad del hígado graso, un precursor potencial de la cirrosis y la insuficiencia hepática, tal y como según sugiere una investigación de la Universidad de Washington en St. Louis (Estados Unidos), publicada en la revista ‘Gut’.

Según este trabajo, si ambos padres tienen sobrepeso u obesidad antes de concebir, las probabilidades posteriores de que el niño desarrolle MASLD (enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica) a los 24 años son más de tres veces mayores, la mayoría de las cuales están influenciadas por el exceso de peso acumulado (IMC) durante la infancia, indican los hallazgos.

En el estudio ambos padres proporcionaron información sobre la altura, el peso, el IMC calculado y la circunferencia de la cintura, y completaron cuestionarios regulares sobre factores de salud y estilo de vida potencialmente influyentes durante el embarazo y después del parto.

Estos incluyeron información sobre la edad al momento del parto, el tabaquismo durante los primeros tres meses de embarazo, el consumo típico de alcohol semanal antes del embarazo, la situación laboral y el nivel educativo.

   Las mamás también informaron sus niveles de actividad física y si alguna vez les habían diagnosticado diabetes o presión arterial alta en el momento de inscripción en el estudio.

HAN SEGUIDO DURANTE 24 AÑOS EN CASI 2.000 FAMILIAS

La información sobre los niños incluyó factores de la vida temprana: sexo, modo de parto, edad gestacional y peso al nacer, exposición a antibióticos durante los primeros 6 meses de vida y duración de la lactancia materna. Asimismo, incluyó medidas repetidas del IMC y la circunferencia de la cintura cuando tenían entre 7 y 9 años, entre 10 y 12 años y entre 13 y 17 años, además del consumo de alcohol y tabaco cuando eran adultos jóvenes.

   A los 24 años, uno de cada 10 de estos niños (201) presentaba MASLD; los otros 1.732 tenían un hígado normal. Los niños con MASLD tenían mayor probabilidad de ser varones y de tener un IMC más alto. El sobrepeso y la obesidad materna y paterna se asociaron de forma independiente con mayores probabilidades de que sus hijos desarrollaran posteriormente MASLD, después de tener en cuenta factores potencialmente influyentes.

   Cada kg adicional de IMC materno aumentó las probabilidades de MASLD en un 10%, mientras que el aumento equivalente en el IMC paterno aumentó las probabilidades en un 9%. El sobrepeso o la obesidad en ambos padres se asoció con más de 3 veces la probabilidad de que su hijo desarrollara MASLD cuando fuera un adulto joven, en comparación con aquellos cuyos padres tenían un IMC normal antes del embarazo.

   Dos tercios (67%) de esta asociación estuvo influenciada por el exceso de IMC acumulado entre los 7 y los 17 años de edad. Un análisis más detallado, que tuvo en cuenta el consumo de azúcar de las madres y los niños, además de la predisposición genética a MASLD, arrojó resultados similares. Se trata de un estudio observacional y, como tal, no se pueden extraer conclusiones firmes sobre causa y efecto, además de que los investigadores reconocen varias limitaciones en sus hallazgos.

   Por ejemplo, los datos previos al embarazo de los padres fueron autoinformados y no hubo información sobre la MASLD de los padres, las condiciones subyacentes antes y durante el embarazo o los niveles de actividad física de sus hijos en la edad adulta temprana, todos los cuales podrían haber sido influyentes.

POR QUÉ IMPORTA ACTUAR ANTES DEL EMBARAZO Y DURANTE LA INFANCIA

   Aunque los factores detrás de las asociaciones observadas aún no se comprenden completamente, los investigadores concluyen que sus resultados «respaldan una influencia temprana de la obesidad biparental en la salud metabólica de la descendencia, lo que sugiere que los esfuerzos para mitigar el exceso de adiposidad de las madres y los padres antes de concebir pueden conferir beneficios longitudinales a los resultados metabólicos de su futura descendencia».

CL11