27 febrero 2026

Lapili agranda su relato sororo y pone a bailar a las hadas en Miss Fatty Fairy: «Ya no reivindico, esto es lo que soy»

Lapili agranda su relato sororo y pone a bailar a las hadas en Miss Fatty Fairy: "Ya no reivindico, esto es lo que soy"
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CIUDAD REAL, 27 Feb. PORTALTIC –

Pilar Robles, Lapili, acaba de quitar los precintos a ‘Miss Fatty Fairy’, un segundo álbum redondo con el que no solo ha hecho evolucionar un característico sonido enraizado en lo afrocaribeño y el dancehall, sino que le ha servido para agrandar su relato de empoderamiento y grito feminista ante todo y ante todos.

En entrevista con Europa Press desde su casa familiar en Ciudad Real y apenas una semana después de alumbrar su segundo trabajo, asegura sobre la acogida del mismo que en sus primeros días de recorrido el recibimiento ha sido «muy positivo», compensando así un trayecto de «mucho dolor y sufrimiento hasta poder sacarlo».

El primer botón de muestra de ‘Miss Fatty Fairy’ sobre un escenario fue el pasado día 14 en Londres, donde según relata encontró «mucha energía con todas las canciones» y en el modo de conectar con el público, entre quien incluso se encontró «una persona sorda cantando con las manos». «Una energía muy bonita».

Los próximos pasos pasan por Francia, donde presentará su show en Marsella, Grenoble y París, tablas sobre las que quiere «testear» la reacción del público al nuevo material.

Lapili, desde su independencia, defiende un proceso de creación en el que lucha en todo momento por conseguir algo «concreto y pulido» y con este segundo álbum ha dado cabida a una evolución de su relato.

Si en ‘Piligrossa’, su primera entrega, el mensaje pasaba por empoderamiento y reivindicación, en este segundo pase se instala en la constatación de que ya ha derribado la puerta.

«El primero fue un viaje hasta mi niña interior, y en este álbum ya la he encontrado, ya no es una reivindicación, es una muestra de lo que soy, de lo que vivo», afirma la artista.

Un disco redondo que, como en su antecesor, se deja impregnar de reggae, música afrocaribeña y dancehall; y explorando estilos a los que da cabida como el kuduro o el afro house.

Una evolución que, en lo musical, le ha hecho llegar a un mundo más electro en el que reside su parte más mística en convivencia con la más terrenal. «Quiero seguir con esa evolución, para mí es muy importante».

Las hadas, un mundo que siempre le ha inspirado, se hacen hueco en este nuevo álbum como vehículo por el cual, admite, transporta su «espiritualidad» y su conexión consigo misma «a través de la naturaleza».

Es así como en su paleta de colores a la hora de crear este segundo trabajo combina su parte ‘Fatty’ con la ‘Fairy’ en un diálogo en el que mezcla su faceta «más terrenal, la del cuerpo, la del disfrute, la de bailar»; con un lenguaje «de más conexión a nivel mental y espiritual, de conexión con el entorno, de igualdad, de hermandad, de sororidad».

Un yin con «más fuerza desde la rudeza y la agresividad» que se abraza a un yan «más desde la ternura, más dulce». «Y todo se balancea y está unido».

LA HABITACIÓN DEL ORIGEN Y LA MATEMÁTICA DE LA CERRADURA

La ciudadrealeña atiende a la entrevista en el patio contiguo a la habitación donde su tío le descubrió la música que acabaría siendo su nicho.

Este familiar, quien le regaló su primer walkman, se erigió a la postre en mentor y druida musical. «Él escuchaba ‘hip hop’ americano y de repente esas melodías me impactaron. De allí, me llevó al segundo álbum de Sean Paul y pensé que me iba a explotar la cabeza», relata.

Fue la primera semilla de una liturgia familiar en la que su tío le seguía descubriendo música que no se escuchaba en la Ciudad Real de los primeros 2000.

Y así, creció entre Missy Elliot, Queen Latifah o los primeros trabajos de Rihanna, un punto de partida sobre el que construyó su universo musical y artístico que ahora defiende encima de un escenario.

Para la materia prima con la que ha construido esta segunda edición de su particular proyecto, Lapili bebe de historias personales recogidas por escrito, una primera baldosa amarilla que surgió por casualidad.

«Cuando me mudé a Granada, había pasado cosas muy duras y decidí tatuarme todo ese dolor en forma de cerradura en el cuello. A los tres días, una profesora de Matemáticas me regaló una agenda con el mismo tipo de cerradura que me había tatuado, pero en vez de una cerradura, era la llave. Ahí entendí que la forma de atravesar todo ese dolor no era reprimiéndolo, sino escribiéndolo hasta un proceso de sanación», argumenta.

DE ESPIGA VERDE Y CAPULLO DE AMAPOLA

Pilar guarda el mejor de los recuerdos de su infancia en Ciudad Real, «de espigas verdes, de abrir capullos de amapola», hasta que la preadolescencia le hizo sentir no encajar. «Me vi muy perdida, pero la música y el baile me salvó de todo».

Ahora, pese a atesorar un altavoz a través del que llega a millones de personas, sigue sin sentirse entendida del todo. «Yo lo que he vivido es una aceptación de la masa. Cuando un grupo dice, ‘mira, eso está bien’, es más fácil. La gente siempre tiene miedo de dar su criterio verdadero por si es diferente a lo que piensa el de al lado».

Sus primeros pasos en el mundo del arte los dio de la mano del folclore de su tierra y aún así no termina de ser profeta en la misma. Rememora en este punto un concierto reciente en un pueblo de su propia provincia. «El peor de mi vida».

En una puesta en escena en la que derrocha sensualidad, sintió el acercamiento de «un montón de hombres» a los que parecía gustar el espectáculo, hasta que se dieron cuenta de que el discurso del mismo radicaba en «yo me estoy sexualizando porque quiero, porque estoy eligiendo vivir en mi sexualidad».

«Y todo eso no les hizo gracia. A ellos, lo que les gusta, es cuando no es consentido. Y esto no les hizo tanta gracia, y decidieron irse. Uno de los concierots más duros que hemos hecho nunca, pero ese es el activismo real».

LA EXTREMA DERECHA

La artista tiene también tiempo para volver a levantar la voz contra la presión habitual sobre los cuerpos femeninos que va al alza.

Lamenta en este punto que el momento actual pase por «un momento mucho más fuerte» en cuanto a comentarios hacia los cuerpos de las mujeres. «No es normal, no lo entiendo, la presión sobre lo físico y lo estético en las mujeres es una cosa que no acaba».

Tras esta reflexión, añade: «Estamos viviendo un incremento en las políticas de extrema derecha que hace que eso avance mucho más rápido», asevera.

MENTORÍA Y SORORIDAD A FUTURO

Pese a que Lapili se encuentra inmersa en la presentación en sociedad de su nuevo disco, tiene tiempo para pensar en el futuro. En lo inmediato, desvela a medias que en un corto espacio de tiempo para a presentar una colaboración con un artista internacional. «Es muy potente y estoy muy agradecida», asegura, sin poder confesar de quién se trata. «Es un artista que yo escucho desde que era pequeña», desliza.

En todo caso, sí tiene claro que sus próximos pasos no le limitarán exclusivamente a la música como disciplina artística, ya que le interesa «seguir tocando» otros palos y «avanzar cada día más».

En su cabeza se plantea poder actuar como mentora de nuevas generaciones. «Me gustaría mucho, en un futuro, poder ayudar a otras artistas y crear otras estructuras dentro de la propia industria musical que no estén regidas por la heteronorma».

Todo ello para enseñar el camino a futuras artistas de cara a aprender a «gestionar esta agresividad, esta violencia» que ella se encuentra «diariamente» y ante la que lucha por conseguir «otra estructura, otro equipo donde las cosas se gestionen de otra forma, desde la amabilidad, desde el entendimiento».

«Sí, me gustaría poder ayudar sobre todo a mujeres artistas que estén empezando y que tengan otros proyectos para que ellas puedan desarrollarse», remata.

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