23 septiembre 2021
Destino de los últimos indígenas piripkuras, en manos de agencia cooptada por el bolsonarismo
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Además, la agencia informó recientemente sobre una disminución considerable en las tasas de deforestación en la Amazonía, información que contradice a las principales agencias que monitorean el fenómeno.

En agosto de 2021, la Funai reportó una disminución de 23,3 % entre 2019 y 2020 en  la deforestación en la Amazonía Legal, como se denomina localmente al conjunto de estados federales que componen la cuenca amazónica brasileña.

Sin embargo, el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), unidad vinculada al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, registró un aumento de 34 % en la deforestación entre agosto de 2019 y julio de 2020. El Instituto para el Hombre y el Medio Ambiente (Imazon) señaló un aumento de 30 % en la deforestación en comparación con el año anterior.

Campaña de presión para la renovación de la ordenanza

Ante la gravedad de la situación y los posicionamientos recientes de la Funai, un colectivo de organizaciones indígenas e indigenistas, encabezado por la Coordinación de Organizaciones Indígenas de la Amazonía Brasileña (COIAB) y por el Observatorio de Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas Aislados y de Reciente Contacto (Opi), lanzó la campaña “Aislados o diezmados”.

La movilización intenta presionar por la renovación de la ordenanza de la TI Piripkura y otras cuatro TI que albergan a pueblos aislados cuyas ordenanzas expiran hasta enero de 2022: Jacareúba y Katawixi, en Amazonas, Piriti, en Roraima, y Ituna-Itatá, en el estado de Pará.

En 2020, la TI Piripkura fue la tierra indígena que alberga a los pueblos aislados que sufrió mayor deforestación, con un total de 2132 hectáreas despejadas, o el equivalente a más de 2000 campos de fútbol, ​​según la campaña, citando un informe técnico elaborado por la Operación Amazonia Nativa (OPAN) y por ISA.

La situación se agravó este 2021, cuando solo en marzo se arrasó ilegalmente un territorio de 518 hectáreas.

En los últimos años, la tierra ha sufrido un aumento en el número de invasiones de madereros y mineros ilegales, lo que demuestra la urgencia de proteger este territorio, según afirma Bígio.

“Todo el movimiento ha estado a favor de que se produzca esta renovación. Si incluso con la ordenanza su situación es así, ¿imagina sin la ordenanza?”, se pregunta el ex coordinador general de Indígenas Aislados y de Contacto Reciente en la Funai.

Fabrício Amorim, de Opi, cree que la amenaza va más allá de la renovación de la ordenanza de restricción de uso. Para él, es probable que la Funai renueve la protección, pero hay grandes posibilidades de que reduzca el tamaño del área protegida.

En 1985, Lobato ya argumentaba que, sin la demarcación y protección de las tierras habitadas por los piripkuras, los indígenas “estarán condenados a desaparecer”, extinción que ocurriría “por omisión o demora”.

La toma de control de las agencias gubernamentales establecidas para la protección de los indígenas de Brasil por las fuerzas bolsonaristas muestra que la preocupación de Lobato, expuesta en 1985, se lee hoy como una profecía.

“De lo que estamos seguros es que, sin duda, (la historia de los piripkura) es un viaje de amargura y sufrimiento y que, si no nos damos prisa, (ese pueblo) ya no podrá contarnos su historia, pues las heridas de la extinción avanzan inexorablemente en su dirección”, remarcó.

Este artículo se publicó originalmente en democraciaAbierta.

RV: EG

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