27 octubre 2021
Cuanto más aumenta la migración por desastres climáticos en India, más niñas son casadas
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BHUBANESWAR, India Cuando Mitali Padhi tenía 11 años, abrazó a sus amigos de la infancia para despedirse y sintió un dolor profundo viendo a su alrededor como las paredes de barro de su casa se habían derrumbado, destrozando sus escasas pertenencias. Todos estaban empantanados en el barro y el techo de paja yacía desecho a 100 metros de la casa, arrasado por la tormenta tropical Phailin.

La tormenta que asoló todo había tocado tierra con vientos de una velocidad de 219 kilómetros por hora cerca de la aldea de Mitali en el estado de Odisha, en la costa oriental de India , dejando a su paso a  3,7 millones de hogares destruidos.

Por más lamentable que fuera esta choza de barro, era el único lugar seguro que la niña había conocido, y era un lugar donde, desde su nacimiento, recibía el apoyo de toda la comunidad.

Los campos de arroz se habían convertido en estanques de agua de mar. El padre de Mitali, un jornalero agrícola, no tendría trabajo durante un año hasta que los monzones se llevaran la sal de las tierras de cultivo.

Su familia de cinco integrantes, sus padres y dos hermanos mayores, tomaron un préstamo local con altos intereses y emigraron al centro urbano más cercano, Bhubaneswar, la capital del estado y una de las ciudades más antiguas del país y con varios templos muy populares para el hiunduismo.

Todo esto ocurrió en 2013.

Cuando IPS conoció a Mitali Padhi, ella tenía 19 años y un bebé de tres meses en sus brazos. La frágil joven cuenta que lo está amamantando y que se siente extremadamente débil.

“Le conseguimos una bebida de proteínas, pero no le gusta”, interviene la madre de Mitali, Pravati Padhi, de 50 años.

Nos paramos entre dos filas paralelas de chozas de ladrillo y asbesto de una habitación que la familia Padhi construyó y a las que se mudó después del superciclón Fani en 2019. Este ciclón, descrito como el peor desde 1999, diezmó su choza de pequeñas paredes de barro cubiertas con láminas de plástico que se agazapó ilegalmente contra el muro del recinto de una universidad, desplazando a la familia por segunda vez en pocos años.

El padre de Mitali ahora maneja un tuk tuk, un mototaxi de tres ruedas, pero es “vago, malhumorado y sus ganancias son irregulares”, según su esposa.

Después de dejar su aldea en 2013, la carga de mantener a sus tres hijos recayó en ella, dice a IPS. Desde entonces, vende bocadillos picantes en el arcén de la carretera y gana unos 10 dólares por día.

Una vez instalados en la ciudad, Mitali, entonces de 11 años, pasó a ocuparse de hacer la comida de la familia. Luego del almuerzo, ayudaba a Pravati a extender los puri (pan) inflados y a freírlos crujientes mientras su madre preparaba el relleno de papa hervida y agua picante de los populares bocadillos.

En una pésima situación financiera una vez más después del ciclón de 2019, Pravati decidió casar a Mitali. Significaría una boca menos que alimentar “y el joven ganaba bien”.

“Estábamos consumiendo nuestros ahorros después de la tormenta. Mi hija ya era ‘madura’ (había alcanzado la pubertad), no estaba en la escuela, y cuando yo estaba fuera de casa vendiendo, y ella estaba sola, chicos jóvenes de nuestro pobre barrio intentaban charlar con ella, entrar a la casa”, dijo a IPS la madre, justificando el matrimonio de la adolescente.

Pronto Mitali quedó embarazada, con apenas 18 años.

“Me hubiera gustado aprender a coser, ganar dinero y casarme solo a los 22 años”, dice a IPS.

La familia es un ejemplo de personas cada vez más vulnerables afectadas por los desastres del cambio climático.

“A medida que los desastres climáticos aumentan en Odisha, hay sequía en la parte occidental, ciclones en la región costera e inundaciones en más de la mitad de sus 30 provincias”, dijo a IPS Ghasiram Panda, gerente de programas de la organización internacional de desarrollo ActionAid.

Detalló que “debido a la pobreza, debido a su fragilidad, existe preocupación por la seguridad (de las comunidades vulnerables). Estamos viendo una tendencia creciente de que las niñas se casan antes de los 18 años”.

Esto no solo sucede en las zonas rurales.

“En los barrios marginales de la ciudad de Bhubaneswar, poblados por migrantes rurales en busca de medios de subsistencia, los matrimonios infantiles (también) van en aumento”, dice Panda.

“Si bien las familias rurales emigran a las ciudades para mejorar sus ingresos, las niñas en particular no pueden acceder a la educación, les va mal en la escuela o la abandonan, y los padres piensan que el matrimonio es la mejor salida”, añade.

Umi Daniel, directora de Migración y Educación para el Asia del Sur de la organización internacional en defensa de la infancia Aide et Action,  dice que los niños se ven afectados negativamente porque “una cuarta parte de toda la población migrante (desde Odisha a los hornos de ladrillos) son niños”.

Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en India, los migrantes internos representaron aproximadamente el 20 por ciento de la fuerza laboral del país en 2017, lo que actualmente equivale a 100 millones de personas.

Una niña preadolescente que migró con su familia a las inmediaciones de un horno de ladrillos en el estado indio de Telangana, después de que la sequía azotara su provincia natal, Bolangir, en el estado de Odisha. En la imagen, cuida a su hermano mientras sus padres trabajan. Foto: Cortesía de Umi Daniel

En todo el mundo, aproximadamente uno de cada 45 niños está en movimiento. Casi 50 millones de niños y niñas han migrado a través de las fronteras o han sido desplazados de manera forzosa dentro de sus propios países, estimó el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en 2017.

Los eventos relacionados con el clima y sus impactos ya están contribuyendo significativamente a estas cifras asombrosas, y son 14,7 millones de personas que enfrentan el desplazamiento interno debido a desastres relacionados con el clima solo en 2015.

El promedio anual desde 2008 está aumentando y ahora en 21,5 millones equivale a casi 2500 personas desplazadas cada día.

Debido al cambio climático, 27 de los 37 estados de la India son ahora propensos a los desastres.

Aproximadamente  68 por ciento de la tierra cultivada es vulnerable a la sequía, 58,6 por ciento de la superficie terrestre es propensa a terremotos, 12 por ciento a inundaciones, 5700 kilómetros de la costa son propensos a ciclones y 15 por ciento del área es susceptible a deslizamientos de tierra, según la Autoridad Nacional de Gestión de Desastres de India.

“Mitali es incluso una afortunada”, dijo a IPS Gitanjali Panda, un activista comunitario de un centro local para el desarrollo de la mujer y el niño.

Otra niña migrante interna, “se enamoró” y se fugó con un niño cuando tenía 15 años, recuerda  Panda. El enamoramiento se desvaneció en un año, y la familia la recuperó, pero la casó apresuradamente con otro hombre.

Panda visita con frecuencia el barrio pobre y dice que la joven, madre de un niño de cinco años a los 21, se había quejado de un dolor de estómago insoportable. Ella abortó a su segundo hijo. Luego, el médico diagnosticó un “útero agrietado”,  como consecuencia de una caída durante su primer embarazo a los 16 años.

Según la experiencia de Daniel, los niños son “entidades invisibles”, ni siquiera cuentan. Siempre se considera que la migración en India está dominada por los hombres. “El gobierno ni siquiera (reconoce) que las familias están migrando, y mucho menos formulan políticas migratorias a favor de los niños”, considera.

Daniel ha trabajado en la migración y los derechos del niño durante tres décadas, dirigiendo el Centro de Información y Recursos sobre Migración (MIRC, en inglés) de Aide et Action en Bhubaneswar.

Un adolescente toma un descanso del trabajo que realiza junto a su padre: la extracción de ladrillos del horno, que luego apila para ser transportados en el estado indio de Tamil Nadu. Foto: Cortesía de Umi Daniel

Las familias de desplazados internos viven en hileras de chozas provisionales junto a hornos de ladrillos en las áreas suburbanas donde se congregan. En estos habitáculos precarios, sin puertas y con solo un sari roto colgando en la puerta para mayor privacidad, los niños pueden ser golpeados y obligados a realizar trabajo forzoso, pero las niñas son “muchas veces más vulnerables”, dice Daniel.

Las niñas y mujeres enfrentan “amenazas desproporcionadas a su seguridad y los derechos humanos más básicos”, concuerda Ghasiram Panda de Action Aid. Son, con demasiada frecuencia, “las víctimas silenciosas de los desastres climáticos”.

Puede leer aquí la versión en inglés de este artículo.

Los gobiernos rara vez consideran sus necesidades y vulnerabilidades específicas, señala.

“Las violaciones son frecuentes”, dijo Daniel a IPS.

El MIRC tomó un caso en el que tres niñas menores de edad fueron violadas frente a sus padres en un horno de ladrillos por el dueño del horno, que se encontraba ebrio, y sus amigos. Eran de Karimnagar en el estado de Telangana, que es un destino de migrantes por desastres climáticos. MIRC tardó entre cinco y seis años en un tribunal de vía rápida para llevar ante la justicia a los culpables más ricos.

A medida que el desplazamiento climático y la migración interna aumentan con desastres naturales más intensos que impactan a los más pobres, Daniel dice que las organizaciones sociales sin fines de lucro están implementando soluciones, pero que “necesitan urgentemente el apoyo de parte de los gobiernos”.

Entre la desesperanza, hay historias de éxito.

Hace una década, el MIRC de Aide et Action comenzó a buscar voluntarios jóvenes de las provincias de origen de los migrantes de la India para ir a los lugares de destino y enseñar a los niños migrantes en su dialecto local en los propios puestos de los hornos.

Inicialmente, los propietarios de los hornos se negaron a permitir estos centros de aprendizaje informales.

“Ahora están aportando dinero ellos mismos porque ven que la producción de las mujeres aumenta cuando se atiende a sus hijos, desde adolescentes hasta bebés”, dice Daniel.

Un centro de aprendizaje en un puesto de hornos de ladrillos en el estado indio de Odisha, donde niños y adolescentes participan de manera creativa, mientras sus padres fabrican los ladrillos. Foto: Cortesía de Umi Daniel

Las escuelas gubernamentales a menudo permiten dos aulas para estas clases de enseñanza informal. Cuando los hijos de los migrantes regresan a casa durante los cuatro meses de siembra de arroz, de agosto a noviembre, pueden continuar sin problemas con sus estudios.

“En estos 10 años, pudimos llegar a 30 000 niños con esta instalación. Comenzamos con solo 250”, asegura Daniel.

Sin embargo, Ghasiram Panda plantea que se necesita hacer mucho más.

“Fortalecer el sistema gubernamental para que sea más sensible a los problemas de los niños, vinculando a los jóvenes (migrantes) para que se reintegren y utilicen plenamente los planes destinados a su beneficio, es el enfoque principal de ActionAid ahora”, sentencia.

Este artículo fue elaborado con el respaldo del Ministerio Federal de Cooperación y Desarrollo Económicos de Alemania.

 

T: MLM / ED: EG

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